Reflexiones 


Por qué nos resulta raro volver a casa

Hace más o menos dos años que vivo en el extranjero. Aunque tengo la tremenda suerte de volver a casa a menudo, la mayor parte del tiempo me la paso lejos de mi familia.

No paro de hablarles a mis nuevos amigos sobre lo impresionantes que son los paisajes gallegos o lo agradable que es la vida en España gracias a nuestro clima y nuestra cultura; todas las semanas tengo un par de citas en Skype a las que no falto y cada vez que compro un billete de avión cuento los días para volver a pasar un poco de tiempo con los míos.

Foto tomada en Wicklow (Irlanda)

Está claro que ningún lugar del mundo es comparable al lugar donde hemos crecido y cuando llevas un tiempo fuera tienes la sensación de que al volver todo es siempre más fácil. Quizás por eso mi madre me preguntó hace poco: “Con todo lo que te quejas, ¿por qué sigues todavía allí?”. Después de pensar un rato, le expliqué que cuando hablaba con ellos irremediablemente les contaba la parte negativa, buscando el consuelo y apoyo que en ese otro lugar no tengo. Pero,por supuesto, que no volvería a casa sólo porque las cosas se pusieran un poco feas. 

Es decir, que a pesar de todo lo difícil que pueda resultar salir adelante en un entorno desconocido, nunca me he cansado de seguir intentándolo; la sed de aventuras y nuevas experiencias siempre es mayor que las ganas de estar tranquila y asegurada. ¿No es alucinante la velocidad a la que aprendemos cuando tenemos que sacarnos las castañas del fuego continuamente?

A juzgar por conversaciones que he ido manteniendo con otra gente –entre ellos, muchos españoles- diría que la vida de expatriado es un poco adictiva. Cualquier oficina se parece a la ONU, con gente de tantos lugares distintos; cualquier fin de semana es ideal para salir a explorar lo que hay alrededor, porque después del viernes, eres un turista más; las visitas que recibes son excelentes excusas para festejar en cualquier época del año; las viviendas compartidas te permiten prolongar un estilo de vida propio de estudiante; cada día aprendes algo nuevo o conoces a una persona interesante y, por supuesto, tu vida social y cultural se va enriqueciendo poco a poco gracias a todas las influencias a las que estás expuesto.

Creo y comprendo perfectamente que después de esto uno se sienta raro al volver al hogar del que un día se marchó. Sin duda, la vida es más sencilla y llevadera pero, en mi opinión, no es ni la mitad de emocionante cuando eres joven. Espero encontrar el perfecto equilibrio algún día, porque adoro mi tierra y a mi familia. No dudéis en contarme vuestro punto de vista en los comentarios, será interesante leer las opiniones de los que también estáis fuera.

Imagen | Archivo propio

Vía| Texto cedido por la autora

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