Neurociencia 


¿Por qué mi familiar ya no es el que era? Claves para detectar el deterioro cognitivo

Imagen1

Es muy frecuente que encontremos noticias del tipo “la mayoría de las demencias en estadio inicial están sin diagnosticar” o “en la mayoría de las ocasiones se tardan años en acudir a un especialista”.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿si se trata de uno de los problemas más comunes de nuestra época y uno de las que más dinero nos hacen gastar tanto a nivel público como privado, por qué tardamos tanto en obtener el diagnóstico?

La clave está en que tenemos la creencia de que deterioro es sinónimo de pérdida de memoria y esto no tiene por qué ser así. Cuando preguntamos a alguien qué pistas le han llevado a sospechar que su familiar necesitaba someterse a una evaluación las respuestas que solemos obtener son: pérdida de objetos, desorientación espacial, dificultad para encontrar la palabra adecuada…. Sin embargo, todos estos cambios se centran en un solo aspecto: las capacidades cognitivas que la persona está perdiendo.

Pero el deterioro va mucho más allá. Cuando observamos que nuestro familiar está empezando a mostrar cambios debemos prestar atención a cinco áreas diferentes: cognitiva, funcional, ocio y relaciones sociales, problemas emocionales y problemas conductuales.

Entre los ejemplos más típicos que podemos describir se encuentran: falta de motivación, tanto a la hora de realizar actividades como de relacionarse con los demás (incluso falta de interés en el propio aseo y arreglo personal), estado de ánimo triste o cambiante, nerviosismo, aparición de rigidez mental y/u obsesiones, cambios de personalidad, alteraciones de los patrones de sueño, imposibilidad de prever las consecuencias de nuestros actos o de afrontar los problemas y, sobre todo, la llamada anosognosia (no reconocimiento de los propios déficit).

Lo que ocurre es que todos estos signos no son únicos del proceso de deterioro pudiendo ser comunes a otras circunstancias, por ejemplo: problemas de pareja, ansiedad, depresión… a los que normalmente solemos recurrir con más asiduidad. Por ello, no es difícil encontrarse con una persona que ha sido diagnosticada y tratada de depresión durante muchos años antes de que se descubra el deterioro.

Mi recomendación es acudir a un especialista aunque tengamos solo una leve sospecha, ya que como se suele decir: “más vale prevenir que curar” y en estos casos un diagnóstico temprano y un tratamiento precoz son las mejores armas para frenar este proceso.

Vía| Sociedad Española de Neurología http://www.sen.es/pdf/saladeprensa/np2006/NP_Congreso_Alzheimer_20-10-06-2.PDF

Imagen| https://raysan2012.wordpress.com/category/artículos/

RELACIONADOS