Cultura y Sociedad 


¿Por qué los medios informan tan mal sobre África?

Un mensaje sobre África que publiqué hace unos días en twitter, como desahogo tras leer un reportaje poco, para no decir nada, acertado sobre una ciudad africana que conozco bien, me ha llevado a escribir esta reflexión. El tuit decía lo siguiente: “cada 60 segundos en África…  pasa un minuto”.

¿Por qué los medios informan tan mal sobre África?

Algún que otro miembro de esa red social quiso saber qué es lo que quería decir con aquello. Pues, aunque se pueda explicar de muchas maneras, ese tuit quiere llamar la atención sobre el hecho de que África es un continente como los demás, que tiene sus cosas buenas, regulares y malas. Y como en todas partes, en África cada 60 segundos pasa un minuto. Desgraciadamente se carga tintas  tanto sobre las cosas menos buenas (las guerras, las epidemias, la hambruna…) que parece que no es lo mismo.

¿No será que la manera de informar y las crónicas sobre el continente llevan a pensar que 60 segundos en África son dos horas?

África en los medios de comunicación es un tema muy discutido académicamente y políticamente. Porque se trata de un ejemplo de poder, desigualdad y prejuicios; un relato de curiosidad cultural sobre un pueblo del que se supone que no tiene voz. Durante años, para no decir siglos, la historia de África ha sido contada, no por africanos sino por extranjeros, a todo el mundo, a menudo sin sensibilidad, sin tener en cuenta el contexto, y de una manera superficial. Debido a esto, lo que abunda en los medios son guerras, enfermedades, pobreza, desesperación… y, sobre todo, estereotipos. Un relato sobre un continente sin esperanza, países fracasados y un escenario de violentos traspasos de poder.

El galardonado escritor keniata Binyavanga Wainaina explicaba esa mala imagen en su sátira “Cómo escribir sobre África”:

«En su texto, hable de África como si fuera un país… No se entretenga con descripciones precisas. África es grande: cincuenta y cuatro países, 900 millones de habitantes que están demasiado ocupados pasando hambre, muriéndose, guerreando y emigrando para leer su libro…».

Desde luego, en África no todo es conflicto. Sin embargo, cualquier extranjero o africano que lee la cobertura que realizan muchos medios extranjeros sobre el continente se queda con una imagen deprimente.

La pregunta que todos nos hacemos es la de saber por qué se informa tan mal y peyorativamente sobre África. Quizás  estas pistas nos pueden aclarar algo:

En primer lugar, una escasa cobertura periodística: el número muy reducido de periodistas que los medios occidentales destinan al continente explica, en parte, la mala información que circula sobre África en la prensa. ¡Cincuenta y cuatro países y más de treinta millones de kilómetros cuadrados para muy pocos periodistas! Los corresponsales han de apañarse como puedan para cubrir grandes espacios geográficos, generalmente mal comunicados, con todas las dificultades que eso acarrea. No quiero citar casos concretos; pero con sede por ejemplo en Rabat, un corresponsal ha de cubrir todo el norte de África; o desde Dakar ocuparse de toda África occidental; o, peor aún, casos de un único corresponsal para toda África desde Johannesburgo… Con tan pocos efectivos, ¿cómo se puede pretender cubrir regiones tan dispares y mal comunicadas? De ahí que abunden crónicas sin sentido, llenas de lugares comunes y tópicos.

En segundo lugar, las barreras lingüísticas. A parte de que el continente cuenta con más de tres mil lenguas autóctonas, que sería importante tener en cuenta, África parece estar dividida en dos grandes bloques principales tomando como referencia al inglés y al francés. La calidad de las informaciones parece depender también de esta división. Reportajes sobre África francófona realizados por periodistas anglófonos, en general, suelen tener peor calidad que los realizados por los francófonos. Y viceversa. Hay medios que parecen obviar este importante obstáculo y producen engendros periodísticos sobre el continente.  

En tercer lugar, el poder de las organizaciones no gubernamentales: estas organizaciones, que realizan una labor importante en África, condicionan, sin embargo, en muchos casos, la labor de los periodistas. Intentan que éstos recojan aquello que favorezca su labor y les genere fondos en los países occidentales. Así que las ONG’s, que conocen bien el terreno, orientan la labor de los periodistas que llegan para unos días o unas horas de reportaje y se constituyen, además, en la fuente para sus estadísticas, reportajes… A lo mejor sin quererlo, estas ONG’s limitan fuertemente la labor de los periodistas y les llevan a escribir crónicas humanitarias que generan compasión.

Finalmente, el poco cumplimiento de la deontología periodística cuando se trata de África. Basta con comparar como los periodistas tratan un mismo tema en Europa y en África. Mientras que en Europa se respeta todos los derechos del niño y de la persona en relación con la prensa, en África esos derechos parecen inexistentes. ¡Cuantas imágenes de niños africanos que, con seguridad, degradan la misma condición humana circulan en los medios sin miramiento! Por otra parte, la verificación de las fuentes y el rigor de lo que se publica parecen secundarios.

Por tanto, la escasez de efectivos, las barreras lingüísticas, la “coacción” de muchas ONG’s y el no respeto de la deontología periodística son a, nuestro entender, caldo de cultivo para una información poco rigurosa sobre el continente africano.

¿Cómo superar esta situación? No es fácil dar una respuesta simple a una situación compleja y secular. Pero integrar o contratar a periodistas y corresponsales locales podría constituir un buen punto de partida para superar éstos problemas que hemos enunciado. En África existen muchos medios locales que podrían colaborar con medios extranjeros y, juntos, darían una imagen más acertada del continente, más allá de meros estereotipos. Pasar del “llegar-fotografiar-marcharse” sin entender nada, a “llegar-observar-colaborar” para luego realizar buenos reportajes.

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