Historia 


¿Por qué lanzó Inglaterra a los perros del mar?

A lo largo de la Edad Moderna, quedó patente el hecho de que aquel estado que controlase el mar, se convertiría en la potencia hegemónica. El mundo se configuró desde la llegada de Colón a América, entorno a un sistema-mundo conectado por los océanos. Sobre estos no solo circularían las personas, sino los elementos que mantuvieron los mecanismos económicos y políticos de las potencias más importantes del siglo XVI, XVII y XVIII. Sin embargo, esos mecanismos no fueron siempre una puerta abierta para todo el mundo, y el caso americano es el más claro, ya que la Monarquía Hispánica procuró durante más de 200 años, mantener lo más cerrado posible el comercio de sus colonias ante los intereses extranjeros. Esto provocaría respuestas desde los primeros momentos del siglo XVI, y de una de esas respuestas tempranas surgieron en el último tercio los perros del mar, fruto de la política naval de Isabel I.

Isabel I de Inglaterra

Isabel I de Inglaterra

Los perros del mar suponen la representación más destacable del corso inglés del siglo XVI, planteando alrededor de 30 años de quebraderos de cabeza para Felipe II y la Corona hispánica, que veía como sus redes comerciales con América eran constantemente atacadas y burladas por estos corsarios isabelinos. Pero hay que entender, que el surgimiento de estas políticas por parte de la Reina anglicana, gira entorno a la política de mare clausum que la Monarquía Hispánica implementó desde los primeros momentos de la colonización. Estas políticas cerrarán los puertos americanos al comercio con extranjeros, además de centralizar lo referente a estos y sus rutas en Sevilla. Esta política hizo de Sevilla la puerta de Europa a América, estableciéndose en la ciudad y en buena parte de las costas andaluzas, una serie de redes de interés comercial protagonizadas por comerciantes ingleses, franceses y de todas partes de Europa, que acudían a la Península para acceder a los productos y la plata que se le negaba en las propias colonias. A medida que avanzó el siglo XVI, las restricciones de cara al acceso foráneo al mercado indiano se hicieron más fuertes, surgiendo como medida inmediata el contrabando y el corso como mecanismo de acceso a los productos americanos.

Sevilla en el siglo XVI

Sevilla en el siglo XVI

Inglaterra se mantuvo como un agente pasivo durante los dos primeros tercios del XVI, procurándose el acceso a la plata y los productos americanos a través, principalmente, de Sevilla. Esto se debió a las condiciones sociopolíticas de la Inglaterra del momento, la cual desde la muerte de Enrique VIII sufrió una crisis política respecto a la sucesión. Esta crisis llevó a María Tudor al trono inglés, comenzando una fuerte represión social con respecto al anglicanismo surgido a principios del XVI. Esa inestabilidad social no permitió el establecimiento de políticas claras en materia naval y expansiva, teniendo que esperar a la llegada de Isabel I en 1558 para comenzar a marcar las características de un estado que anhelaba convertirse en potencia.

La sociedad inglesa, con un fuerte componente comercial y tradicionalmente marítima, esperó que el matrimonio de María Tudor con Felipe II les abriera las puertas a los negocios americanos, algo que no ocurriría. Isabel I dio estabilidad social, pero con la plena instauración del anglicanismo y la asunción de este como seña de identidad inglesa, terminó de sentenciar las posibilidades de acceder al mercado indiano, sentenciando además las relaciones entre la Monarquía Hispánica y la inglesa. Esta situación, junto a las restrictivas medidas impuestas por Felipe II, provocaron que hacia la década de los 60, comenzasen a salir de los puertos ingleses barcos armados con dos claras funciones: contrabando y corso. Si bien es cierto que los ingleses no habían tenido una amplia participación en esos asuntos durante la primera mitad de siglo, la nueva situación global, con una Francia encerrada en sus propios problemas internos, dio la oportunidad a Inglaterra de tomar cartas en el asunto y acceder por la fuerza a la economía americana.

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Navío inglés del XVI-XVII comerciando en un puerto

Isabel I, consciente de que Inglaterra no era capaz de asumir aún las empresas colonizadoras, vio con buenos ojos el desarrollo de este tipo de acciones, las cuales repercutían de forma beneficiosa en la economía inglesa y por lo tanto en la propia Corona. El contrabando inglés triunfó en la medida en que muchas regiones de la América española vieron mayor beneficio en el comercio ilícito que en someter sus producciones a las inclemencias de un viaje transatlántico hacia Sevilla, a merced de unas condiciones monetarias preestablecidas y poco beneficiosas para muchos comerciantes. Esto explica el éxito de los contrabandistas en algunas colonias como La Española, cuya banda norte se caracterizó por su volumen de comercio con extranjeros durante el XVI y parte del XVII.

Además del contrabando, el corso se convirtió en la herramienta estrella de Isabel I, la cual comenzó a incentivar una política naval de amparo a estas actividades, las cuales se unieron al corso en su mecánica: lo asaltado en las rutas podía ser recirculado a través del contrabando para reportar mayores beneficios. John Hawkins, Francis Drake, Cavendish o Raleigh son los nombres de algunos de los más importantes perros del mar que se beneficiaron del desarrollo de esas políticas, iniciando durante la década de los 70 y 80 del siglo XVI grandes campañas de asalto a las rutas y posesiones españolas en América. Estas campañas se percibirían en Inglaterra como iniciativas empresariales, en las cuales la participación de la sociedad mercantil fue clave, a través de compañías comerciales o financiación individual de algunos armadores, percibiendo una parte de los beneficios obtenidos por los perros del mar a los que ofrecían su logística. La participación de la Corona también fue importante, pero en general no muy significativa, ciñéndose al apoyo legal mediante patentes.

Francis Drake, máximo representante del corso isabelino

Francis Drake, máximo representante del corso isabelino

Los perros del mar consiguieron alcanzar su principal objetivo: mermar las capacidades económicas españolas accediendo a sus rutas y redes americanas para beneficio inglés (tanto individual como colectivo). Sortearon las medidas restrictivas de Felipe II y los embargos a comerciantes ingleses, como el de 1585, el cual ocasionaría graves pérdidas para el comercio de productos ultramarinos que entraban a Sevilla desde América. Sin embargo, la política naval isabelina de incentivar el corso y el contrabando para acceder a dicho circuito comercial, funcionó con creces, garantizándose además una fuerza naval que en caso de necesidad se prestara a la defensa de Inglaterra y sus intereses, tal como ocurrió en 1588 y 1589. Los corsarios se convirtieron en grandes figuras sociales, ganando riqueza y estatus, e Inglaterra sentó las bases mediante estas medidas tomadas por la Reina Virgen, de lo que serían las futuras políticas de expansión que darían a luz al Imperio Británico.

Por lo tanto, las políticas de restricción económica de la Monarquía Hispánica serían principalmente la causa del desarrollo del corso y el contrabando francés y sobre todo inglés, culminando en el último tercio del siglo XVI en la aparición de los perros del mar que tantos beneficios dieron a la Inglaterra de Isabel I. Se vieron beneficiados por las constantes carencias defensivas de la América española y causarían un grave perjuicio en las tensas relaciones Isabel-Felipe, siendo también una de las causas de la Guerra anglo-española de 1585-1604 y las acciones que en ella se vivieron.

Vía | LUCENA SALMORAL, M., Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros, Madrid, Síntesis, 2005

STEIN, S.J. y STEIN, B.H., Plata, comercio y Guerra. España y América en la formación de la Europa Moderna, Barcelona, Crítica, 2002

WILLIAMS, N., The Sea Dogs: privateers, plunder and piracy in the Elizabethan age, New York, MacMillan co., 1975

Imagen |  Isabel I, Sevilla en el siglo XVI, Navío inglés comerciando, Francis Drake

En QAH|  El hombre y el mar en tiempos de Felipe II; Las relaciones diplomáticas entre la Monarquía Hispánica e Inglaterra en la época de Felipe II; Francisco de Cuéllar, el náufrago que sobrevivió al desastre de la “Armada Invencible” y lo contó; ¿Qué provocó la creación de la Armada Invencible?

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