Economía y Empresa, Uncategorized 


¿Por qué el BCE está comprando masivamente Deuda Pública?

Mario Draghi

Mario Draghi

A partir del lunes 9 de marzo de 2015, el Banco Central Europeo acomete una masiva compra de títulos, especialmente Deuda Pública, por valor de 60.000 millones de euros al mes durante año y medio. Se trata de una medida de política monetaria no convencional conocida como Expansión Cuantitativa: incrementar la liquidez retirando títulos del mercado a cambio de nuevo dinero. ¿Por qué resulta novedosa esta medida? ¿Cuál es su justificación y riesgos?

La política monetaria convencional, la de siempre, actúa sobre los tipos de interés a corto plazo (un día, una semana) y a través del sistema bancario, que se encarga de distribuir la liquidez al resto de los agentes. Bajando el tipo de interés a corto y dotando de mayor liquidez a los bancos, el BCE lograba la reducción de los tipos a más largo plazo, un crecimiento del crédito y un incremento de la inversión y el consumo. Pero esta vía quedó prácticamente inservible porque a) los tipos de interés a corto tocan ya el valor cero, sin margen para ulteriores bajadas (la famosa trampa de la liquidez) y b) el canal bancario se encuentra bastante obstruido por la pobre solvencia de algunas entidades financieras que, aún recibiendo más liquidez, no conceden créditos. Y se cierne la amenaza de la deflación.

La expansión cuantitativa pretende reducir directamente los tipos de interés a largo (comprimiendo su diferencial con los de corto) adquiriendo masivamente títulos con maduración entre 2 y 30 años. Y hacerlo en el mercado secundario, suministrando el dinero directamente: evitando el colapsado canal bancario. El objetivo es fomentar la inversión, facilitar la financiación de los endeudados Estados, combatir la deflación e impulsar una depreciación adicional del euro para impulsar las exportaciones.

Se trata de un arma muy potente que también entraña riesgos y dificultades.  Al ser relativamente nueva, difícil de calibrar, su correcto uso y efectos son menos conocidos: no pueden descartarse efectos perversos. La enorme liquidez beneficia principalmente a los grandes agentes (Estado, fondos de inversión, grandes empresas), que se financian directamente en el mercado, no a las pequeñas empresas o a los particulares, que siguen dependiendo del colapsado crédito bancario. La caída del interés a largo merma la rentabilidad de los ahorradores mientras la compresión artificial de los diferenciales de tipos puede distorsionar la asignación de la inversión, conduciendo el capital a usos poco productivos. Y la enorme liquidez podría sentar las bases de ulteriores inflaciones y burbujas.

Resulta muy controvertida la monetización de la deuda pública de los Estados, una forma de cubrir el gasto público con emisión de nuevo dinero. Una práctica que quedó proscrita por sus peligrosos efectos. Las hiperinflaciones del pasado tuvieron su origen en unos gobiernos proclives al déficit y unos bancos centrales dependientes del poder político, inclinados a proveer financiación creando más dinero. Para evitarlas, surgieron los nuevos bancos centrales independientes, con una conducta basada en reglas y muy reacios a tolerar inflaciones. Sostienen los defensores de las nuevas medidas que la regla de no monetizar el déficit es importante, pero puede transgredirse en casos de emergencia, echando mano de todos los recursos disponibles. Pero ¿quién determina lo que es emergencia y lo que no? La polémica está servida.

Vía | Alan Blinder

Imagen | Mario Draghi

En QAH | ¿Políticas de Demanda o Políticas de Oferta? (VII)

RELACIONADOS