Jurídico 


¿Por qué cuesta tanto echar a los okupas de una propiedad?

A raíz del post del mes pasado alguno de vosotros me planteó la pregunta que encabeza el presente post. Voy a tratar de dar una respuesta desde un punto de vista teórico, si bien advirtiendo que después, en la práctica, las cosas pueden resultar mucho más complicadas.
Para comprender bien qué es lo que ocurre cuando nos enfrentamos a cuestiones de esta índole es preciso que tengamos bien claro los conceptos de posesión y propiedad.

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La posesión es un poder de hecho, cuyo régimen jurídico se recoge en los artículos 430 y siguientes del Código Civil. El primero de dichos preceptos dispone “La posesión es la tenencia de una cosa el disfrute de un derecho por una persona”. De manera que simple y llanamente la posesión es el ejercicio de un poder de hecho (la tenencia) sobre algo (una cosa). Existen muchas clases de posesión, la civil, la civilísima, la posesión en concepto de dueño, en el de distinto del dueño… No interesa entrar en la explicación de cada uno de ellos en el presente post. Lo que interesa tener claro, en relación a la posesión, es que ésta nunca puede adquirirse violentamente mientras exista un poseedor que se oponga a ello. Así lo recoge el artículo 441 del CC, que añade que “aquél que se crea con acción o derecho para privar a otro de la tenencia de una cosa, siempre que el tenedor resista la entrega, deberá solicitar el auxilio de la autoridad competente”.
De esta manera, y aquí entra el concepto de Propiedad, encontramos que una persona, aunque sea la dueña de un inmueble, no puede adquirir la posesión del mismo, mientras exista otro poseedor sobre dicho inmueble. En este punto hay que tener presente que la Propiedad es un derecho que entraña una serie de facultades, entre ella la posesión de una cosa, pero también la posibilidad de desprenderse de la misma. En algunos casos mediante un contrato, como el de arrendamiento, o en otros tolerando el uso de un bien pero sin que se deje de reconocer el derecho de propiedad del dueño sobre la cosa, entonces se habla del precario.
Ciertamente, lo que más nos interesa para responder a la cuestión que titula este post, es tener presente que la ley arbitra un sistema que tiene por objeto evitar una pugna constante entre aquellos que se crean con derecho a la posesión de una cosa, debiendo ser la autoridad judicial la que dilucide quién es que tiene derecho a dicha posesión. Obviamente, salvo que el propietario haya constituido un derecho que permita a un tercero disfrutar de la posesión, el propietario siempre vencerá en esa contienda, recogiéndose por el derecho diversas acciones que tienen por objeto la recuperación inmediata de la posesión.
En la práctica, por desgracia, los requisitos establecidos para la recuperación inmediata de la posesión pueden no darse, como por ejemplo la inscripción del derecho de propiedad en el Registro de la Propiedad, tal y como exige el artículo 41 de la Ley Hipotecaria. En otros casos, en defecto de inscripción, es esencial aportar los títulos del dominio, a los efectos de ejercitar la acción reivindicatoria, que es la que permite al propietario exigir la restitución de la posesión a aquél que la posee indebidamente (art. 348.2 CC).

En definitiva lo que hay que tener claro es que para obtener las máximas garantías es conveniente ejercer el derecho de propiedad de forma, vamos a decir, responsable, procurando que nuestro derecho esté inscrito en el Registro de la Propiedad, que para nada es caro, si pensamos en las ventajas que este proporciona cuando se plantean problemas de esta índole.

Vía| La función social del derecho de Propiedad. (Qué aprendemos hoy)
Imagen| Sickiatra Social

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