Historia 


¿Por qué Atenas?

Desde pequeños hemos tenido una imagen idealizada de la antigua Grecia. Muchos de sus elementos pueblan nuestra sociedad actual. Son nuestras raíces. El pensamiento griego, sus quehaceres diarios, pasados por el filtro imperial de Roma y posteriormente del Cristianismo nos han llegado con mucha fuerza. Alejandro Magno expandió el Mundo griego hacia Oriente, mientras que Roma hizo lo propio hacia Occidente. En muchas épocas de la historia se ha girado la mirada hacia el pequeño rincón de los Balcanes. Tampoco olvidamos el ensalzamiento realizado en el Renacimiento y el siglo XIX.

Enfocando más nuestra mirada, dicha idealización se produce en un punto aún más diminuto de la tortuosa geografía balcánica. Nos referimos a la ciudad de Atenas. Es la polis por excelencia. Sin embargo, ¿debemos pensar en Atenas cómo núcleo prístino y aventajado de la Hélade o la tradición y el azar han jugado un papel fundamental? Cicerón siempre fue deslumbrado por Atenas.

Tetradracma ateniense, del siglo V a.C

Tetradracma ateniense, del siglo V a.C

La imagen de la Atenas ejemplar se inicia en pleno siglo V a.C. En sus decenios centrales se desarrollaron de manera extraordinaria el teatro, la oratoria o la historia. Además se terminó la Acrópolis, símbolo máximo de la ostentación ateniense. El Partenón y sus alrededores eleva a Atenas por encima de las otras polis.

Continuamos la explicación de la supremacía ateniense sobre los otros sitios de la Hélade apoyándonos en la documentación. La tradición aristotélica compiló 158 constituciones para determinar el mejor régimen político de la época y precisamente nos ha llegado solo una. ¿Adivinan cuál? La de Atenas. Las carencias de la documentación son enormes. Así mismo, Atenas conserva un ejército de inscripciones epigráficas, referentes a su vida pública. Tal cantidad de restos nos ilumina un punto brillante un mundo lleno de opacidad documental.

En literatura ocurre algo similar. Nos ha llegado poco menos de un 20% de las obras escritas griegas. Casualmente, los grandes trágicos atenienses en primera posición. Ninguna otra ciudad tiene tantas obras de referencia que la evocan. Sin ir más lejos, las once obras de Aristófanes configuran una valiosa imagen de la vida cotidiana de Atenas.

Hablando de filosofía clásica debemos pasear obligatoriamente por las calles atenienses. Las figuras de Sócrates, Platón y Aristóteles se asocian indisolublemente a Atenas. La ciudad no sería lo mismo sin ellos y ellos tampoco serían lo mismo sin la ciudad. Los tres nombres universales se cuajan en Atenas. Sus filosofías son resultado de un grupo cercano que sin duda estuvo en las calles de la famosa polis.

Platón y Aristóteles en la Escuela de Atenas de Rafael(1512)

Platón y Aristóteles en la Escuela de Atenas de Rafael (1512)

Atenas es famosa por todo lo mencionado anteriormente pero hay una palabra que preside nuestro pensamiento al recordar la ciudad del Ática: democracia. Durante el Absolutismo Moderno (S. XVII-XIX) no hubo un buen recuerdo de las discusiones políticas acaecidas en el ágora ateniense. No obstante, la Ilustración, las revoluciones burguesas y el Romanticismo la realzaron como nunca antes. La mitificación de la democracia ateniense llega a tal punto que en Estados Unidos se celebró el 2500 aniversario de dicho sistema político.

Es más que sabido la poca semejanza entre la democracia de Pericles y la desarrollada en muchas partes del mundo a partir de los sucesos de 1789. Algunos estudios han arrojado unos resultados harto sorprendentes. Verbigracia, si uno de nosotros viajara a la Atenas del siglo V a.C quedaría alarmado de lo restringida que era su democracia. También se apreciaría el fanatismo y patriotismo de dicho régimen.

La multiculturalidad actual sería insoportable para los cerrados ciudadanos de la polis. Atenas produjo aquello que solicitaban sus particulares necesidades en una época muy alejada a la actual. La respuesta fue dada por una minoría privilegiada (mujeres, extranjeros y esclavos estaban totalmente excluidos del sistema). Por favor, paralelismos los mínimos. La Revolución Francesa debe más a la Revolución parlamentaria inglesa (S. XVII) que a los griegos.

Atenas tuvo unos recursos extraordinarios para financiar su sistema político. El control ejercido sobre sus exuberantes minas de plata (Laurión) fue muy importante. La hegemonía de su cerámica (desplazando la de la comercial Corinto) y su mayor cantidad de población tuvieron igualmente un peso decisivo.

Vista de la acrópolis

Vista de la acrópolis

El poderío de Esparta chocó antes con Argos que con Atenas, especialmente por el control del Peloponeso. Otro aspecto importante es la irrelevancia de Atenas y Esparta cuando potencias foráneas invaden la Hélade. Filipo II y Roma no se dejaron hacer sombra por nadie. Sin excepciones. Cuando cayó Atenas solamente quedó en el imaginario colectivo y en muchos casos sigue viviendo de ello. El azar la colocó en una cúspide muy discutida por algunos.

En el Mundo Antiguo, cada momento histórico ha gozado de una capital esplendorosa en muchos sentidos del término. Roma, Babilonia, Alejandría o Cartago en su debida época resplandecieron más que la Atenas del siglo V a.C, aunque eso no deja en una mala posición una ciudad que tuvo su particular sitio en la historia.

Vía | GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J, Los griegos. Un legado universal, Alianza, Madrid, 2003.

Imagen| Tetradacma ateniense; Platón y Aristóteles; Acrópolis

En QAH| Cuando los catalanes conquistaron Atenas

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