Reflexiones 


Por el que vino a salvar mi tarde de domingo

Todos tenemos un amigo que nos parece “hiperactivo”; al que siempre que llamamos lo pillamos intentando algo nuevo, solo o acompañado; que si le preguntamos qué hará el fin de semana nos contestará, probablemente, algo muy distinto a lo que todo el mundo contestaría. Porque a ese amigo no le basta con irse al cine, a cenar con su pareja o de escapada en la naturaleza; para él estas cosas son sinónimo de plan de última hora cuando todo lo demás falla. 

Y cuando ves un cartel por la calle de algún evento un poco fuera de lo normal, ese amigo es la clase de gente que asiste. No importa que nadie en su círculo quiera acompañarle, porque su curiosidad siempre será mayor que el miedo a tener que socializar con extraños para lograr lo que está buscando: un montón de diversión y nuevas experiencias. Y seguramente, con el paso de tiempo, tu amigo se convierta también en una de esas personas que organizan este tipo de eventos, a los que nunca pensaste que se les dedicaría un lugar importante en las agendas culturales.

Este personaje propone con frecuencia planes que casi todos declinan, pero no se cansa ni se desanima. Y las excusas que otros le dan, lejos de molestarle, significan para él que, en realidad, no están interesados. Porque él es una de esas personas que si quiere hacer algo, lo hace, sin importar la falta de tiempo o de recursos. Para él es una cuestión de prioridades y sabe que no cualquiera es capaz de dejarlo todo de lado por una idea que llevaba meses rondándole la cabeza.

Es curioso que, por el contrario, todos acudamos a él cuando no tenemos un plan; esperando que su entusiasmo e imaginación salven nuestra tarde de domingo. En el momento en que encontramos su nombre en la agenda telefónica nos damos cuenta, sonriendo, de que no estaría nada mal dar un paseo a caballo, fabricar nuestra propia cerveza o hacer una película en stop motion con figuras Lego. Y es que resulta que este tipo de amigos siempre son los más polifacéticos, porque sus ganas de experimentar les llevan a probarlo todo y disfrutar de actividades muy variopintas.

Seguramente al leer esto has pensado en una persona o varias. Yo he empezado a valorarlas este año más que nunca, sobre todo porque al trabajar muchas horas necesitaba a menudo una desconexión total, tanto geográfica como mental. ¿No es fantástico rodearte de gente que te anime a salir de la rutina de vez en cuando? ¿Y por qué no empezar a aprender de ellas?

Imagen | Figuras Lego

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