Economía y Empresa 


Político de empresa: el empleo del futuro

Antes de que el humanismo empresarial fuera atropellado por el rodillo de la economía cuantitativa, las escuelas de negocios, con Harvard Business School como mascarón de proa, situaban en el centro de sus programas la asignatura “Política de Empresa”. Ya el nombre era toda una declaración de intenciones: la vida en la empresa –asumían- es política. En consecuencia, no bastarían los modelos econométricos, las regresiones y los diagramas de Gantt para comprender el complejo funcionamiento de las empresas y sus relaciones con el entorno; haría falta también introducir inputs culturales que cubriesen los flancos a los que la técnica y el método científico no llegan.

De ahí que el profesor Antonio Valero acuñase el título “políticos de empresa” para referirse a quienes, desde la cúspide, se esmeran en dar sentido a los números a través de las ideas. Pero la política no es sólo el estudio del poder. Más bien se trata de una reflexión sobre la vida en la polis, donde la empresa aparece como una institución fundamental capaz de “convertir la realización de un bien en una función” (Cruz Prados). La empresa viene, de esta forma, a institucionalizar unos valores sociales, ¿pero cuáles? El de la producción es evidente, pero también algunos otros: la autorrealización mediante el trabajo, la generación de riqueza y empleo, la orientación hacia el progreso, la solidaridad inter e intrageneracional, etc.

La Política de Empresa da cumplimiento práctico y organizado a la aristotélica fusión entre idealidad y efectividad. Entre las instituciones políticas se da una relación de descarga mutua. Por ejemplo, la empresa descarga a los particulares de la responsabilidad de proveerse individualmente de todos los bienes que necesitan. Del mismo modo, la empresa se atribuye el desempeño de funciones que, en otras circunstancias, habría de realizar el Estado conforme al principio de subsidiariedad. Algo parecido puede predicarse respecto de la institución familiar. En definitiva, se hace necesaria una coordinación entre la empresa y el resto de instituciones con el bien común como fin último. A esta misión están llamados los políticos de empresa.

La disciplina que nos ocupa trataría de ofrecer ayuda a los directivos en sus tareas de gobierno. Como sugiere el profesor Lucas Tomás, “utilizando una analogía, podría decirse que el político de empresa es una especie de médico internista que se hace cargo de la situación, escucha y explora con calma, diagnostica con precisión y elige la solución más oportuna a aplicar a la realidad específica que tiene entre manos, con conciencia de las repercusiones de las mismas, del tiempo preciso para la realización y del sentido de orientación del proceso en su conjunto”. Por eso, no creo equivocarme cuando afirmo que el de político de empresa es el oficio del futuro. Un empleo bien remunerado cuyo principal requisito es pensar out of the box.

Via | Instituto Internacional San Telmo

Más información | Instituto Empresa y Humanismo (UNAV)

Imagen | Instituto de Comunicación Política

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