Economía y Empresa 


¿Políticas de demanda o políticas de oferta? El dilema de cómo salir de la crisis (IV)

El 15 de agosto de 1971 el presidente Nixon anuncia la devaluación del dólar y, por tanto, la cancelación de la paridad fija de esta moneda con el oro. La economía estadounidense se veía amenazada por una inflación elevada, un déficit público galopante y una creciente tasa de desempleo, por lo que no era creíble que el valor de la en relación al oro se mantuviera sin fluctuaciones.

Con este gesto caía uno de los pilares que aguantaban el sistema de Bretton Woods, el contexto ideal del paradigma keynesiano. Así mismo, y como se analizó en el anterior artículo, la crisis del petróleo de 1973 y sus consecuencias representaron un choque macroeconómico que desestabilizó a la mayoría de economías del globo.

La Escuela de Chicago

A partir de entonces, el mundo entró en una nueva fase de libre fluctuación de los tipos de cambio debido a la libre circulación de los flujos de capital, estrictamente controlados durante el período Bretton Woods. Este contexto encajó con la doctrina económica que promulgaba la Escuela de Chicago, liderada por Milton Friedman y George Stigler.

Milton Friedman (1912-2006), fundador de la Escuela de Chicago y precusor de la teoría monetarista, recibió el Premio Nobel de Economía en 1976.

Los fundamentos principales de esta Escuela se podrían sintetizar en tres: individuo como ser racional cuya acciones buscan optimizar sus recursos escasos; el libre mercado, no intervenido, converge en resultados Pareto-eficientes y, por tanto, óptimos; los cambios en la cantidad de dinero de una economía alteran las variables reales (renta, empleo) a corto plazo: el llamado monetarismo.

Richard Nixon, Margaret Thatcher y Ronald Reagan fueron las principales figuras políticas que aplicaron por primera vez estos postulados. Se abandonó, pues, la aportación keynesiana según la cual la demanda agregada era la principal causante de los cambios en los niveles de renta y empleo, y se fijó la vista en la política monetaria activa, la estabilidad macroeconómica mediante la disciplina presupuestaria y las políticas de oferta.

Estas últimas se centran en la mejora de la productividad mediante la maximización de los beneficios empresariales y la minimización de los costes de producción, así como la mejora en la eficiencia de los procesos de producción.

Los gobiernos de Thatcher y Reagan redujeron drásticamente el gasto público, recortando las prestaciones sociales y privatizando gran parte de los monopolios estatales. Así mismo, desballestaron la antigua industria no competitiva y debilitaron el poder sindical, generando así un gran rechazo social. No obstante, estas políticas posibilitaron el auge del sector servicios, especialmente del sector financiero desregularizado, que se benefició de la libre circulación de capitales. El impulso de este sector posibilitó un período de crecimiento económico a nivel mundial durante la década de los noventa.

Estas políticas se generalizaron a partir del Consenso de Washington (1990), un programa de medidas acordado por las principales instituciones económicas internacionales, centrado en conseguir estabilidad macroeconómica a partir de la disciplina presupuestaria, el control del gasto y del déficit público, reformas tributarias, la privatización de las empresas públicas y la liberalización del comercio mundial de bienes, servicios y capitales.

En el próximo artículo de la serie analizaremos la influencia de estas políticas en la generación de las diferentes crisis cambiarias y financieras entre finales de la década de los noventa y el inicio de la crisis actual.

 

Vía | Materia Biz

Imagen | The New York Times

Más información| The New York Times

En QAH | ¿Qué es la velocidad de circulación del dinero? (II), ¿Políticas de demanda o políticas de oferta? (I), ¿Políticas de demanda o políticas de oferta? (II) , Políticas de demanda o políticas de oferta? (III)

RELACIONADOS