Economía y Empresa 


¿Políticas de demanda o políticas de oferta? El dilema de cómo salir de la crisis (III)

En los anteriores artículos de esta serie (I y II) hemos analizado las dos doctrinas económicas más importantes del siglo XX, el keynesianismo y la escuela austríaca. La primera influyó decisivamente en la construcción del mundo después de la Segunda Guerra Mundial, hasta que la crisis de 1973 cuestionó seriamente sus fundamentos y dio paso al auge de las políticas de oferta, que avanzaron con paso firme bajo el paraguas ideológico del neoliberalismo.

¿Cuáles fueron las causas del descrédito de las políticas keynesianas?

Durante el período 1945-1973, las reglas del juego económico estuvieron determinadas por tres factores: control del estado sobre los flujos de capital internacionales, política económica independiente (cada estado decidía su política monetaria y fiscal) y tipo de cambio fijo. Les monedas nacionales mantenían una equivalencia fija con el dólar, que era la moneda de referencia. A su vez, el dólar mantenía una paridad fija con el oro: 1 onza de oro puro equivalía a 35$. La estabilidad financiera y dos décadas seguidas sin choques macroeconómicos convirtieron este período en la Edad Dorada del Capitalismo, en que se alcanzaron tasas de crecimiento económico sin precedentes.

El “American Way of Life” es el icono de la Edad Dorada del Capitalismo, cuando se forjó el mito del progreso infinito.

Siguiendo los postulados keynesianos, el papel del sector público se incrementó considerablemente respecto a las décadas anteriores: surgió el estado del bienestar tal y como lo entendemos, florecieron los monopolios estatales y se consolidó la seguridad laboral (amparada por sindicatos y otros agentes sociales). Todo ello favoreció el auge de la clase media, el incremento de la renta per cápita y el consumo en todas las sociedades del mundo, con pocas excepciones.

El fin de esta era de bonanza concluyó con la Guerra del Yom Kippur y la subsecuente crisis del petróleo de 1973. El incremento de los precios de los carburantes disparó los costes de producción, lo que derivó en una subida general de los precios: inflación. Por otro lado, desde mediados de los sesenta, el crecimiento de las economías se había estancado, por lo que la creación de ocupación también había dejado de crecer. En los países donde los salarios habían sido indexados a la inflación, como Bélgica, Francia, Italia o el Reino Unido, los costes salariales aumentaron considerablemente.

La consecuencia directa fue el aumento del desempleo. En este contexto, los dos choques del petróleo de 1973 y 1979 tuvieron consecuencias nefastas sobre las economías, derivando en un curioso fenómeno llamado estanflación (recesión económica + inflación).

Las teorías keynesianas, centradas en el estímulo de la demanda, se encontraron delante de una paradoja jamás vista. Si se quería estimular el consumo para incrementar la demanda agregada y mitigar el desempleo, se debían bajar los tipos de interés. Sin embargo, una política monetaria laxa de este tipo disparaba la inflación. La solución a la crisis pasaba, pues, por la oferta y no por la demanda; por incrementar la productividad y la competitividad de las empresas, reduciendo costes de producción y costes laborales.

En el próximo artículo analizaremos como se aplicaron las políticas de oferta durante las décadas posteriores a la crisis del petróleo; políticas que, de hecho, se remontan hasta nuestros días y constituyen un factor explicativo clave para comprender la crisis económica actual.

Vía | Nouriel Roubini (Project Syndicate)

Imagen | The National

Más información| Historia Siglo 20

En QAH | La curva de Philips: relación entre desempleo e inflación, ¿Políticas de demanda o políticas de oferta? (I), ¿Políticas de demanda o políticas de oferta?(II)

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