Cultura y Sociedad, Patrimonio 


¿Podemos considerar la publicidad dentro del arte?

Cartel para publicitar el Mouliln Rouge de París, de Toulouse-Lautrec

Cartel para publicitar el Mouliln Rouge de París, de Toulouse-Lautrec

El arte es algo que el hombre es incapaz de definir, ya que entran en juego las distintas interpretaciones que se pueden dar del mismo, o los valores culturales de cada época, que varían con el tiempo produciendo también cambios en la mentalidad de la población, impidiéndonos globalizar una definición de arte. Según Panofsky, el único aspecto que tienen en común todos los elementos artísticos es su significación estética, ya que están realizados para ser vistos. Así, toda obra de arte necesariamente tendrá que ser experimentada estéticamente.

Aquí es donde puede surgir una idea, ¿podemos incluir la publicidad como un arte? Las respuestas pueden ser bastante contradictorias. Atendiéndonos al principio de Panofsky, la respuesta sería afirmativa. Pero la publicidad tiene un gran problema para tener una consideración artística, y es su fin comercial; no tiene como máxima la experiencia estética del espectador, sino la de vender un producto.

Sin embargo, existen motivos publicitarios que en la historia del arte sí se han considerado como artísticos, debido a que aunque tratan de vender un producto o un lugar, pueden perfectamente tomarse sin las pretensiones comerciales y pasar como una obra artística. El mayor exponente de estos ejemplos lo tenemos sin duda en los carteles comerciales de finales del siglo XIX. A partir del invento de la litografía a finales del siglo XVIII, y sobre todo la cromolitografía, será más fácil reproducir las obras de arte, y también hará que se desarrolle el cartel como forma de expresión, en la que grandes artistas como Jules Chéret o Toulouse Lautrec centraron su estudio consiguiendo formas de expresión propias. Hoy en día el lugar propio de estos carteles es el museo, y no el espacio urbano.

Cartel promocional de la marca Absolut, de Keith Haring

Cartel promocional de la marca Absolut, de Keith Haring

La línea entre arte y publicidad es muy pequeña. En la actualidad seguimos encontrando ejemplos de campañas publicitarias que tienen grandes componentes artísticos, como los anuncios de la marca Absolut, que utilizó precisamente artistas de la talla de Keith Haring o Andy Warhol para promocionarse. E incluso la situación se revierte cuando es el arte el que se utiliza de un modo propagandístico. Uno de los ejemplos más importantes que podemos citar aquí es el icono en que se convirtió el Guernica de Picasso, que en su día fue la mejor campaña publicitaria en contra de las barbaries de la Guerra Civil española.

Pero no podemos olvidarnos de un aspecto importante al tratar la publicidad,  el tiempo, o mejor dicho, la historia. Cuando un anuncio se realiza, se piensa para la sociedad de un momento concreto, para vender un producto en un momento determinado. Fuera de esta situación, la obra queda totalmente descontextualizada, y su contenido comercial se pierde, y la imagen que tenemos del anuncio puede cambiar sustancialmente.  Los anuncios de los carteles del siglo XIX no servirían para la sociedad actual. Así, vemos que con el paso del tiempo, un anuncio pierde su función y deja de ser un reclamo de consumo, convirtiendo la propia imagen en icónica. Esta es otra de las razones que nos hacen ver que el arte y la publicidad van de la mano, y que una separación radical de ellos no es posible en la sociedad actual.

 

 

Vía| PÉREZ GAULI, J.C. (1998), La publicidad como arte y el arte como publicidad, Arte, Indiviuo y Sociedad, 10, 181-194

Imagen| Cartel Toulouse-Lautrec, Cartel Keith Haring

Vídeo| Youtube: Publicidad y arte

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