Historia 


Platónicas latomías

Quizá todo empezó durante la Guerra del Peloponeso. La imperialista ciudad del Partenón, como si no tuviese bastante con pelear contra Esparta, surcó los mares hasta Sicilia para sitiar Siracusa. La campaña fue un completo desastre y unos 7.000 atenienses y sus aliados fueron hechos prisioneros y condenados a trabajos forzados en las canteraslatomie, en italiano- de la pólis vencedora. Allí, a decir de Tucídides (VII, 86-7; VIII, 1), pagaron su soberbia dejándose las manos y la vida a golpe de martillo. Encerrados en las profundidades, expuestos al calor abrasador o al frío, conviviendo con los cadáveres, hediendo de sus propias heces y orines, alimentados con un solo cuartillo de agua y dos de grano al día, fueron muriendo. Tras unos meses, pocos supervivientes tuvieron ‘la suerte’ de ser vendidos como esclavos fuera de dicho cubil. Según Plutarco (Nicias, 29, 2), algunos se ‘salvaron’ por su cultura al ser capaces de recitar versos de Eurípides (ahí queda eso). Pero muy pocos regresaron a casa trayendo la noticia de la derrota, sin paliativos. La tragedia, tras un momento de incredulidad, se adueñó de Atenas. La gente la pagó con los adivinos de esperanzas y los oradores que les habían embaucado con aquella aventura (que ellos mismos votaron). Se llegó a formar un nuevo Consejo político, con el viejo Sófocles como miembro, pero el parche fue insuficiente y poco después la democracia radical fue abolida.

Latomia del Paradiso. Neápolis (Á .C. P. Aguayo, 2 de marzo de 2011)

El gran yacimiento arqueológico que representa la ciudad de Siracusa cuenta con varias latomías. La más famosa, sita al Sur de las Epípolas, es conocida como ‘del Paraíso’, por el vergel subtropical que hoy aflora en este lugar de sufrimiento que fue alabado por Cicerón (Verrinas, II, 5, 68; V, 27) debido a su imposibilidad de fuga. A la derecha de la imagen, puede observarse un pilar de 30 m que actúa como testigo de la cota desbastada a pico (se calcula que, durante la época clásica y helenística, de todas las canteras de la pólis fueron extraídos 4.700.000 m³ de piedra calcárea destinados a la edilicia). Aunque no se sabe a ciencia cierta, F. Coarelli y M. Torelli postulan que, quizá, los atenienses penaron en la llamada latomía ‘de los Capuchinos’.

Por aquel entonces, en el 413 a. E., Aristocles de Atenas contaba unos 14 años. A pesar de su juventud y de vivir en una ciudad asediada y con ciertas escaseces, lucía el cuerpo de un robusto atleta, tanto es así que la gente empezó a conocerle por su apodo, ‘Ancho de hombros’, que en griego antiguo se dice Platón.

El ‘padre del pensamiento occidental’ fue discípulo de Sócrates. Tras ver cómo su maestro era condenado a muerte por la ignorancia de una muchedumbre ignorante e irreflexiva, comenzó a poner por escrito sus pensamientos políticos con la esperanza de que algún día podría materializarlos. Deseaba reformar su ciudad con un verdadero gobierno sólo de los mejores, mas sus intentos fueron vanos y a los 40 años se hizo a la mar para intentar llevar a la práctica sus teorías en otro lugar. Paradojas de las Moiras, el sabio haría su experimento político en la Ciudad-Estado que humilló a su patria décadas atrás: Siracusa.

Allí, por intercesión del consejero Dion, accedió a las fauces de uno de los mayores ‘ogros’ de la historia antigua, el generalísimo Dionisio I. Aquel tirano -en el sentido despectivo del término-, un neurótico obsesionado con el poder, pronto se reveló como diametralmente opuesto a lo que Platón tenía por su ideal de un gobernador virtuoso. Cuando nuestro grave filósofo, poco dado a zalamerías, comenzó a hablar en plata sobre la fuerza y la justicia de los dirigentes autocráticos se forjó su propia condena. El dictador siciliano le despachó en una embarcación de Esparta -‘enemistada’ de nuevo con Atenas- y, según Diógenes Laercio (III, 19), fue llevado hasta Egina donde se le redujo a esclavitud. Si un amigo del sabio no hubiese pasado justo por allí para reconocerle y pagar su libertad, hoy por hoy el mundo sería diferente.

Platón volvió a casa en el 387 a. E. y en aquel mismo año fundó la “primera universidad europea”: su Academia. Aquel lugar, presidido por la inscripción ‘No entre aquí quien no sepa geometría’, fue concebido con la idea de formar filósofos en la virtud a fin de crear una aristocracia intelectual que llevara el timón de los futuros estados.

Dos décadas después, en el 367 a. E., Dionisio I llamó a Platón a fin de intentar limpiar la mala reputación que él mismo se había creado entre los griegos, en parte gracias a las filípicas anti-tiránicas propagadas desde la Academia. Pero cuando el pensador, picado en su orgullo por el anterior fracaso de su retórica, finalmente accedió desplazándose hasta Sicilia, el ‘rey’ había muerto y en su trono yacía el necio borracho de su hijo, del que Plutarco (Dion, VII) nos informa que su mayor logro fue una orgía de tres meses. Lógicamente, el intento de hacer de él un regidor sabio duró poco. El nuevo déspota, ignorante y mal aconsejado por vacuos aduladores, desterró de su corte la cordura que representaba Dion ¡y mandó encarcelar a nuestro filósofo por su peligrosa influencia! Mas la guerra se cernía sobre Siracusa y se vio obligado a liberarlo, rogándole que no le difamara como había hecho con su padre.

Formando parte de la latomía del Paradiso, el Orecchio di Dionisio es su ‘caverna’ artificial más singular. La acuñación de su actual nombre es debida, ni más ni menos, que a Caravaggio, quien en 1608 visitó Siracusa y señaló el parecido que tenía esta cantera con un pabellón auditivo. El arqueólogo Vicenzo Mirabella, que guio al pintor en su tour arqueológico, debió contarle la leyenda del paranoico tirano de Siracusa, quien supuestamente se escondía en una cubículo superior -que existe- para escuchar las conversaciones de sus presos políticos al temer constantemente una conspiración para derrocarle. Lo cierto es que la gruta cuenta con una calidad acústica impresionante y el eco que producen sus paredes estremece, si uno piensa en cinceles, latigazos y gritos de dolor (o en la reverberación de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial)…pero de ahí a que fuera utilizada como una suerte de tornavoz para los ‘efectos especiales’ del cercano teatro, hay mucho trecho. El artista no fue el único ilustre visitante de las canteras de Siracusa, en ellas -se supone- que Pablo predicó la palabra de Jesús y se sabe que Churchill pintó acuarelas. Sin embargo, la estancia Filóxeno de Citera nos parece la más memorable. Según Diodoro (XV, 6) y Eliano (Varia Historia, XII, 44) este poeta también cató el maco siracusano al no saber apreciar las veleidades poéticas de Dionisio I. Tras unos días de cautiverio reflexivo, el tirano le dio una segunda oportunidad de evaluación; mas cuando el preso liberado no oyó mejora lírica, exclamó: “¡Devolvedme a la cárcel!“

Formando parte de la latomía del Paradiso, el Orecchio di Dionisio es su ‘caverna’ artificial más singular. La acuñación de su actual nombre es debida, ni más ni menos, que a Caravaggio, quien en 1608 visitó Siracusa y señaló el parecido que tenía esta cantera con un pabellón auditivo. El arqueólogo Vicenzo Mirabella, que guio al pintor en su tour arqueológico, debió contarle la leyenda del paranoico tirano de Siracusa, quien supuestamente se escondía en una cubículo superior -que existe- para escuchar las conversaciones de sus presos políticos al temer constantemente una conspiración para derrocarle. Lo cierto es que la gruta cuenta con una calidad acústica impresionante y el eco que producen sus paredes estremece, si uno piensa en cinceles, latigazos y gritos de dolor (o en la reverberación de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial)…pero de ahí a que fuera utilizada como una suerte de tornavoz para los ‘efectos especiales’ del cercano teatro, hay mucho trecho. El artista no fue el único ilustre visitante de las canteras de Siracusa, en ellas -se supone- que Pablo predicó la palabra de Jesús y se sabe que Churchill pintó acuarelas. Sin embargo, la estancia Filóxeno de Citera nos parece la más memorable. Según Diodoro (XV, 6) y Eliano (Varia Historia, XII, 44) este poeta también cató el maco siracusano al no saber apreciar las veleidades poéticas de Dionisio I. Tras unos días de cautiverio reflexivo, el tirano le dio una segunda oportunidad de evaluación; mas cuando el preso liberado no oyó mejora lírica, exclamó: “¡Devolvedme a la cárcel!“

Dion y Platón volvieron a la Academia con el firme propósito de hacer del primero el gobernante ideal. No obstante, en el 361 a. E., el sabio haría todavía un tercer viaje a Siracusa, invitado por el propio Dionisio II y quizá ‘escoltado’ por un singular guardia de corps, el jovencito Aristóteles. En un intento de lavar su denostada imagen, el tirano intentó reconducir su vida por cauces más correctos, pero de nuevo fracasó en su relación con Platón (sobre todo debido a la mala prensa que vertían sobre él la reata de envidiosos aduladores de su corte). Según Plutarco (Dion, XX), cuando el filósofo abandonó por última vez la isla, aún tuvo que soportar el patético espectáculo de ver a un dictador suplicándole que no le condenase públicamente, a lo que el influyente pensador, con un par -teniendo en cuenta que jugaba en campo contrario-, respondió: No permita Dios que en la Academia estemos tan faltos de asuntos que tratar que nos quede tiempo para hacer memoria de ti (Ya he hecho mía esta frase).

Pues bien…se dice, porque no hay pruebas, que durante alguna de sus dos primeras visitas a Siracusa, Platón pergeñó la alegoría de la caverna que figura en su obra más importante, la República (VII, 514a ss). Sabemos que en la segunda estancia estuvo encarcelado, aunque no dónde, y es plausible que en la primera el soberbio Dionisio I le ‘enseñara’ un poquito, como lección, las latomías -aquellas cavas que servían como cárcel de estado- donde los arrogantes atenienses habían muerto por miles. En la actualidad esas horribles ergástulas aún son tremendamente sugestivas, si tiene la suerte de visitarlas sin cientos de turistas. Cuando uno penetra en ellas, conforme avanza hacia la oscuridad, su sombra se proyecta gigantesca sobre las paredes, cuajadas de marcas de escoplo que se antojan desesperados arañazos de los cautivos. Realmente fueron una morada-prisión de encadenados. Sólo hacía una falta una mente reflexiva como la de Platón para trascender de lo obvio y sacar del horror una Idea brillante. Mientras el resto de cautivos languidecía, él, dotado de una Luz especial, vería en aquella oscuridad su famosa caverna. Y aún nos dejaría esta frase como epítome de su experiencia en el cautiverio: “Padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida” (VII, 516e).

La tentativa de llevar a la práctica su ideal político fue un rotundo fracaso, por triplicado. Que un gobernante sea sabio y reflexivo aún nos parece una verdadera utopía. Con el semblante tan bien descrito por Emilio Lledó a propósito de un retrato suyo “desde el que nos miran unos ojos muy abiertos de tanto estar fuera de la caverna, y una boca entristecida”, nuestro filósofo murió hacia el 347 a. E.

Ahora estamos a punto de rematarlo. Los clásicos son eternos porque su aggiornamento siempre es viable. En España, esa “gran nación” llena de “españoles muy españoles y mucho españoles”, nos desayunamos impávidos el titular “Platón, expulsado de clase”. Con la implementación de LOMCE (cabe señalar que las últimas tres letras corresponden a “Mejora de la Calidad Educativa”) la Historia de la Filosofía, que empieza con nuestro protagonista, dejará de ser obligatoria. Eso sí, la religión puntuará en el expediente. Tengan fe ciega en los dogmas, no reflexionen, les irá mejor.

Copia romana de un supuesto retrato de Platón fechado hacia el 340-330 a. E. (Munich, Staatliche Antikensammlungen und Glyptothek, nº inv. Gl 548)

Copia romana de un supuesto retrato de Platón fechado hacia el 340-330 a. E. (Munich, Staatliche Antikensammlungen und Glyptothek, nº inv. Gl 548)

Nuestros dirigentes, amparados -paradójicamente- en las leyes de la Democracia, se cierran en banda a una argumentada dialéctica platónica. Pero todavía son más lamentables cuando se dirigen al pueblo a través de una pantalla de plasma o ejercen su oficio a gritos convirtiendo la política en el Sálvame del “y tú más”. Rodeados de presuntos ‘comités de sabios’, los aconsejados barones no quieren que nosotros tengamos filia por la Sabiduría, sino que seamos gilipollas. Que permanezcamos sumisos en la caverna contentándonos con las lóbregas sombras que ellos mismos representan, privándonos del acceso a la luz del Ideal de lo que deberían ser. Quieren eliminar la filosofía porque es peligrosa, ya que nos enseña a pensar por nosotros mismos, con independencia. Nos proporciona conciencia y pensamiento crítico con el que cuestionar el poder y sus leyes coercitivas, algo que no es que podamos, sino que más bien debemos hacer. A diario.

Platón, para su República, lo tenía muy claro: “que ni los hombres sin educación ni experiencia de la verdad puedan gobernar adecuadamente alguna vez el Estado” (VII, 519b-c).

Yo ya he firmado la petición para que la Filosofía no desaparezca de nuestras ‘academias’ ¿y usted?

A Pilar González Pastor y Fátima Gordo García,

por devolverme a la caverna…

Vía| Cautiverio ateniense en Sicilia, vid. FIELDS, N., DENNIS, P., Siracusa, desastre ateniense, Barcelona, Osprey – RBA, 2009 (2008). Págs. 78-79, 86; TUCÍDIDES, Guerra del Peloponeso. Volumen IV (Traducción y notas de Juan José Torres Esbarranch), Barcelona, Gredos – RBA, 2007 (1982). Págs. 160-165. Latomie de Siracusa, vid. CASSATARO, L., Siracusa. Guida al parco archeologico, Siracusa, Morrone, 2006. Págs. 50-63; COARELLI, F., TORELLI, M., Guide archeoloiche Laterza di Sicilia, Bari, Laterza, 80’. Págs. 258-261; GUIDO, M., Guida archeologica della Sicilia, Palermo, Sellerio, 2000 (1967). Págs. 192-193; JANNELLI, L., LONGO, F., SMITH, M. E., The Greeks in Sicily, San Giovanni Lupatoto, Arsenale, 2005 (2004). Pág. 62. Platón y sus viajes a Siracusa, vid. LLEDÓ ÍÑIGO, E., “Sobre la biografía de Platón”, en PLATÓN, Diálogos. Volumen I (Traducción y notas de J. Calonge Ruiz, E. Lledó Íñigo y C. García Gual), Barcelona, Gredos – RBA, 2007 (1982). Págs. 120-128; SCOTT, M., Un siglo decisivo. Del declive de Atenas al auge de Alejandro Magno, Barcelona, Ediciones B, 2009. Págs. 131-138. República de Platón, vid. PLATÓN, Diálogos. Volumen IV (Introducción, traducción y notas de Conrado Eggers Lan), Barcelona, Gredos – RBA, 2007 (1982).

Más información| Algunas novelas históricas contienen referencias de sucesos y personajes citados en el artículo. Expedición ateniense a Sicilia, vid. PRESSFIELD, S., Vientos de guerra, Barcelona, DeBolsillo, 2003 (2000); RENAULT, M., El último vino, Barcelona, Caralt, 1986 (1956). Platón y Dionisio I, vid. MASSIMO MANFREDI, V., El tirano, Barcelona, Grijalbo, 2004 (2003). Platón y Dionisio II, vid. RENAULT, M., La máscara de Apolo, Barcelona – Buenos Aires, Edhasa, 2004 (1966). Siracusa en general -a parte de las anteriores-, vid. BRADSHAW, G., El contador de arena, Barcelona, Planeta DeAgostini, 2007 (2000).

Imágenes| Retrato de Platón. El resto de fotografías han sido realizadas por el autor.

En QAH| El mito de la caverna: los dos mundos de Platón; La educación política (II): ¿Qué podemos aprender de la República platónica?; Platón y su teoría de las ideas

 

 

 

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