Neurociencia, Salud y Deporte 


Plasticidad cerebral: Cuando nuestros cerebros se reinventan

Neuroplasticidad En estas líneas que os presento a continuación, hablaré sobre el todavía inexplorado mundo de la plasticidad cerebral. Trataremos de entender los conceptos básicos de la neuroplasticidad y ahondaremos en los diferentes tipos que se han estudiado. En este artículo, contaremos algunos de los casos más curiosos que se han producido a lo largo de las décadas y que han sido registrados por neurólogos, psiquiatras, psicólogos y neurocientíficos.

Hoy en día, sabemos que la plasticidad cerebral es la capacidad que tiene el cerebro de regenerarse, anatómica y funcionalmente, como consecuencia de estimulaciones ambientales. El cerebro, un órgano de un peso aproximado de 1,4 kg, está constituido por aproximadamente 100 000 millones de células que llamamos neuronas, tantas como estrellas tiene una galaxia. El primero que dio nombre a estas células fue un español, Ramón y Cajal, que obtuvo el premio nobel de medicina e inició “la doctrina de la neurona”, teoría aún sostenida, en la que las neuronas son la estructura básica y funcional del sistema nervioso.  Estas células son las indicadas para conectarse entre sí, a través de la sinapsis, formando una red neuronal que implica que, cuando se activa, no solo se conecta una neurona con otra sino muchas otras también. Cuando la red se rompe o se deteriora, la neuroplasticidad es lo que permite al cerebro la regeneración de estas conexiones y formación de otras nuevas.

Según los trabajos de Grafman hay cuatro clases de plasticidad

Según los trabajos de Grafman hay cuatro clases de plasticidad

También se sabe que hay diferentes tipos de plasticidad cerebral. Según los trabajos de Grafman se han identificado cuatro clases. La primera es  “la expansión de mapas”, las diferentes áreas cerebrales compiten entre sí por conseguir aquellas neuronas que se sitúan en los bordes fronterizos y que no están especializadas, de forma que cuanto más utilicemos un área determinada más posibilidades de que se produzca esta expansión. La segunda es la “reasignación sensorial”, cuando uno de los sentidos esta bloqueado, otro u otros reciben sus estímulos. Esto es similar a cuando uno de los compañeros de la oficina se va de vacaciones, los demás compañeros se encargan de su trabajo hasta que vuelve. La tercera clase es la “mascarada compensatoria”, lo que se ha llamado coloquialmente estrategias alternativas, y es que el cerebro tiene varias formas de acometer una actividad, si una de ellas ya no funciona tratará de utilizar otra. La cuarta y última clase es la “apropiación de la región espejo”. Tenemos dos hemisferios y aunque cada uno está más especializado en distintas tareas, cuando una parte cerebral falla, su región espejo del otro hemisferio se adapta para desempeñar sus funciones de la mejor manera posible.

Esto que se sabe hoy en día no ha sido tan sencillo. Hace unos cientos de años,  la idea extendida era que, una vez superada la infancia, el cerebro entraba en un periodo de declive constante, por el cual, las neuronas iban muriendo y no se podía realizar nada para reemplazarlas. Tampoco el cerebro era capaz de cambiar su estructura, ni de encontrar una nueva manera de funcionar si una parte de él resultaba dañada. La sensación de que no se podía hacer nada, para tratar los daños producidos en el cerebro, provocaba una sensación de desesperanza y abandono a las personas que habían sufrido algún tipo de daño cerebral.

Sin embargo, poco a poco fueron surgiendo figuras del mundo científico que con sus descubrimientos o experiencia clínica asentaron las bases de la plasticidad cerebral y fueron configurando un puzzle del que todavía nos faltan muchas piezas. Al principio eran relatos científicos de experiencia clínica, en el cual los médicos, asombrados por las evidencias científicas, lo escribían en sus diarios o lo exponían en los congresos preguntándose, a si mismos y al resto, si había algo más que simple nihilismo neurológico. Posteriormente, con el avance de los diagnósticos clínicos a través de aparatos de neuroimagen (Rayos X, TAC o RMf) destapamos lo que estaba ocurriendo dentro del cerebro.  Ejemplos de esto, los encontramos en personas que, a causa de su lesión cerebral, habían cambiado su estructura cerebral u otras que por un defecto de desarrollo neural habían nacido sin una parte del cerebro y el resto de estructuras había asumido su control…

investigaciones

Las investigaciones en Neurociencia nos han aportado luz sobre los actuales conocimientos sobre el cerebro

Paralelamente, en el campo de las investigaciones se abría un nuevo horizonte a la neurociencia. Uno de los autores más destacados fue Álvaro Pascual-Leone, que investigó la reasignación sensorial. Esto lo llevo a cabo mediante ensayos clínicos en los que tapaba los ojos a jóvenes videntes para que su lóbulo occipital, encargado de la visión, se activara con el tacto de las letras en braille, tras haberles enseñado durante las semanas de deprivación visual. Otro trabajo que evidencia lo anterior fue él realizado por Eleanor Maguire en el que descubrió que los hipocampos de los taxistas de Londres eran más grandes que los de la población general por el hecho de tener que memorizar todas las calles y recorridos de la capital inglesa. A estos se le suman muchas investigaciones que apoyan este hecho y que han llevado a desarrollar programas de recuperación funcional,  beneficiando a muchas personas que han conseguido mejorar su calidad de vida.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que, gracias a los avances en neurociencia y en concreto en el campo de la plasticidad cerebral, sabemos que el cerebro no es una máquina inmutable sino que cambia de estructura, puede reorganizarse y es capaz de hacerlo durante casi toda la vida de la persona. Debido a ello, podemos conseguir rehabilitar a cientos de personas que han sufrido daño cerebral,  mejorar su calidad de vida y las de las personas de su alrededor.  Y es que la plasticidad está en todos y afecta a todos los ámbitos de nuestra vida.

“El cerebro se cambia a si mismo” Norman Doidge

“Neuroplasticity and Rehabilitation” Sarah A. Raskin

 

 

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