Salud y Deporte 


Plantillas: ¿solucionarán mi problema?

“He ido al podólogo y me ha recomendado que use plantillas, ¿se me solucionará el problema?” La bibliografía y la práctica clínica responden.

Es importante en primer lugar saber cuáles son los objetivos que buscamos con el uso de plantillas. Una plantilla puede ir destinada a provocar una modificación permanente en la anatomía y/o biomecánica del paciente. Por ello, podemos decir que llegado un momento determinado de su evolución, éste puede prescindir del uso de sus soportes plantares (que es la forma más profesional de llamarlas).

Sin embargo, para determinados casos las plantillas van a corregir la postura del pie siempre y cuando se lleven puestas. Va a ir destinado a frenar o disminuir el avance de un proceso de deformación o prevenir la aparición de patologías asociadas a las características del paciente, como pueden ser las plantillas de descarga, donde se libera de presión a una zona concreta del pie. Por tanto, si el paciente deja de utilizarlas, todo lo que se ha mencionado puede revertir o empeorar un diagnóstico.

Aunque respetando las distancias, podemos asemejar sus funciones a las del uso de gafas, de manera que podemos corregir algunas patologías pero en cuestión de ver, solo veo bien cuando me las pongo. Este suele ser un buen ejemplo para explicarle al paciente cómo funciona.

Por desgracia, el primer caso podemos atribuírselo a una población muy concreta como es la edad infantil (y depende de hasta qué edad) o a plantillas diseñadas para una patología que puede quedar resuelta en un periodo corto de tiempo, una fractura o un proceso inflamatorio agudo entre otros. Una vez resuelto el problema, generalmente  no “quitamos” las plantillas, sino que debemos realizar una nueva con otros elementos que busquen acabar con el factor que las condicionó, o bien buscar una solución alternativa con el mismo objetivo.

Con esto se quiere decir que, dependiendo del problema, una plantilla puede ser o no la solución definitiva.

En cuanto a la bibliografía, podemos encontrar artículos que defienden la eficacia de las plantillas, comparando las plantillas estándar (prefabricadas y no personalizadas) con las realizadas por el podólogo, comparando las presiones del pie con y sin plantilla obteniéndose resultados significativos y, por tanto, apoyando su uso. A pesar de ello, muchos artículos cuestionan que en el caso de valorar la efectividad de una plantilla, la cantidad de variables que hay que tener en cuenta puede poner en tela de juicio su defensa. Éstas variables son el tipo de plantilla, los materiales usados, las herramientas de medida de presión plantar con y sin las plantillas puestas, e incluso la diferencia inter-profesional, ya que no existe un tratamiento específico para cada patología, sino que es el propio profesional el que, basándose en sus estudios propios y en la práctica clínica puede elegir si poner elementos o no ponerlos e incluso usar diferentes materiales para su confección.

La necesidad de un tratamiento coadyuvante en determinadas patologías, ya sea por parte del propio paciente mediante la realización de ejercicios, como por parte de un profesional como es el fisioterapeuta se hace necesaria en determinadas situaciones, ya que además van a potenciar la efectividad de la plantilla. La realización de un vendaje funcional o el uso de un calzado específico son también medidas que contribuyen con este fin.

Con esto concluimos que la plantilla no va a dar solución a todos nuestros problemas, pero el podólogo será el responsable de elegir qué tratamiento será el más adecuado para una patología concreta. Si le ha dado diagnóstico y recomendado un tratamiento debe confiar en su consejo, basado en la profesionalidad y evidencia científica para su dolencia/alteración.

Vía| “Effects of foot orthoses: How important is the practitioner? Thierry L. Chevalier *, Nachiappan Chockalingam”, “Custom-made foot orthoses for the treatment of foot pain (Review) Hawke F, Burns J, Radford JA, du Toit V”, “The effect of customised and sham foot orthoses on plantar pressures. Chris J McCormick , Daniel R Bonanno and Karl B Landorf”

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