Especial II Guerra Mundial, Historia 


Pío XII y el III Reich

Pío XII, el hombre que ocupó el solio pontificio durante la II Guerra Mundial, ha sido tratado por la historiografía desde una perspectiva fuertemente polarizada, puesto que mientras unos autores han defendido un papel activo del Papa en defensa de los judíos, otros se han posicionado entre los que argumentan, que Pío XII mantuvo una actitud bastante permisiva respecto al III Reich.

Hay que señalar, que desde la apertura de los archivos del Vaticano, así como de documentación de Estado (documentación de embajadas, telegramas de diplomáticos, y demás fuentes), la posición crítica con Pío XII ha ido ganando terreno, ya que dichos documentos evidencian una actitud suave con la política alemana.

La actitud de Pío XII se puede juzgar favorable hacia la Alemania nazi, a vistas de sus cartas a Hitler, sus entrevistas con Bergen (embajador de Alemania ante la Santa Sede), o el nombramiento de Maglione como secretario de Estado, acusado por los franceses de tener sentimientos favorables hacia Alemania.

Hitler junto al Papa Pío XII

Hitler junto al Papa Pío XII

Si Pío XII muestra una actitud favorable hacia Alemania, todo lo contrario va mostrar hacia la Unión Soviética, puesto que su hostilidad hacia ésta, y hacia el bolchevismo, había determinado numerosas decisiones políticas, incluso cuando aún era secretario de Estado, hostilidad que tendría una influencia decisiva en la política de Pío XII durante la guerra.

1. Las victorias del Reich

En el contexto de la agresión a Polonia por parte de Alemania, Pío XII permaneció callado, incluso ante la presión de los embajadores franceses y británicos en el Vaticano. La explicación a este silencio lo podemos encontrar en un telegrama de Bergen, donde dice que el Papa le había dado a entender, que si Alemania atacaba a Polonia, el Vaticano no se pronunciaría contra el Reich: “La negativa del Papa a tomar partido contra Alemania coincide por completo con las promesas que me ha transmitido sobre este punto.”

Este silencio del Vaticano sobre la actitud del Reich frente a Polonia, quizás se pueda explicar por el temor a un cisma eventual del catolicismo alemán, aparte del deseo de evitar represalias del régimen contra los fieles católicos, y de conseguir un restablecimiento de la paz.

Este enmudecimiento no se puede achacar al desconocimiento del pontífice ante estos sucesos, puesto que era plenamente consciente de los sufrimientos que los alemanes ocasionaron al pueblo y la Iglesia en Polonia. Además Angelo Martini, jesuita, añade que tampoco que se puede achacar el silencio del Papa al aislamiento de la Santa Sede, porque reconoce que al Vaticano llegaron noticias con una importante exactitud que contaban lo que estaba sucediendo en el Este de Europa. Por el contrario, los diplomáticos acreditados de la Santa Sede estaban sorprendidos por la mala red informativa del Vaticano, de lo poco que éste sabía.

La única alusión de Pío XII hacia el ataque a Polonia la encontramos en la encíclica Summi Pontificatus, del 20 de octubre de 1939, donde expresó su compasión por el país polaco, aunque evitando condenar la acción del Reich. El Papa mostrará idéntica postura ante la invasión de Bélgica, Holanda y Luxemburgo, aunque si bien envió un mensaje a los soberanos de dichos países, estos serian unos mensajes que “no contienen ni una palabra de protesta. El Papa sólo tenía la intención de expresar a los pueblos y jefes de Estado su tristeza por el hecho de que se vieran envueltos en la guerra contra su voluntad.”

Curas católicos realizando el saludo nazi

Curas católicos realizando el saludo nazi

Pero si “el Papa, que supo expresar su dolor ante los sufrimientos de Polonia, expresa esta vez su emoción a los belgas, holandeses y luxemburgueses. ¿Por qué callará cuando se trate de los judíos?” Puede ser quizás que “¿el soberano pontífice sólo condenó abiertamente la violencia y la agresión cuando las víctimas son católicas?

Parece claro que, desde el inicio de la guerra hasta el comienzo del verano de 1940, el deseo de Pío XII fue evitar una separación de los católicos alemanes de Roma. A partir de finales de junio de 1940 será un nuevo elemento lo que condicionará al Papa: la amenaza soviética.

2. La “solución final”

En enero de 1942 los alemanes decidieron la «la solución final» del problema judío, es decir el exterminio de todos los judíos residentes en las regiones sometidas a su dominio, destinada a 11 millones de judíos. El 30 de enero de 1942, Hitler pronunció un discurso muy duro en el que declaró: “¡Los judíos serán liquidados para, por lo menos, mil años!”.

Es ya en entre finales de julio y agosto de 1942 cuando se empiezan a conocer en Occidente las primeras noticias de la auténtica solución final, llevadas a Suiza por algunos judíos alemanes, los cuales se las confiaron a los responsables de las organizaciones judías  y al gobierno americano.

Hay que esperar al 17 de diciembre de 1942 para que las naciones aliadas condenaran oficialmente el exterminio de los judíos. De nuevo el gobierno de Estados Unidos intentó que la Santa Sede adoptase una posición clara, obteniendo por respuesta que “la Santa Sede no  podía denunciar atrocidades específicas, pero que a menudo había condenado las atrocidades en general.

A la explicación sobre el silencio de la Santa Sede que ofrece el cardenal Maglione (la imposibilidad del Papa de denunciar atrocidades específicas), hay que añadir la que ofrece el Santo Padre en su alocución de la Navidad de 1942, donde decía que denunciaría las atrocidades alemanas si pudiese hacer lo mismo con las atrocidades bolcheviques.

Pío XII muestra una actitud de plena oposición hacia el bolchevismo

Pío XII muestra una actitud de plena oposición hacia el bolchevismo

Podemos decir que Pío XII queriendo evitar el increíble sufrimiento a millones de judíos, tomó una actitud de reserva, puesto que “no podía denunciar situaciones concretas porque esto dañaría a quienes había que ayudar, […] lograba hacer mucho a favor de las víctimas en el ámbito práctico y que no quería bloquear esta posibilidad de ayuda”. Es decir, se presenta como un personaje que se mueve dentro de la ambigüedad, muestra interés en que Alemania se erija como estandarte de la lucha contra el bolchevismo, a la misma vez que muestra pequeños atisbos de querer ayudar a los judíos perseguidos por el régimen nazi.

 

En colaboración con | La Historia Heredada

Vía | BENZ, Wolfgang, El Tercer Reich. 101 preguntas fundamentales, Madrid, Alianza, 2009; FRIEDLÄNDER, Saul, Pío XII y el III Reich, Barcelona, Ediciones Península, 2007; KERSHAW, Ian, La dictadura nazi. Problemas y perspectivas de interpretación, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores S. A., 2004; MORADIELLOS, Enrique, La historia contemporánea en sus documentos, Barcelona, RBA Libros, 2011; MORO, Renato, La Iglesia y el exterminio de los judíos, Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2004.

Imagen| Hitler y Pío XII; Curas católicos; Cartel

En QAH| Especial 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial

 

 

 

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