Patrimonio 


La pintura mural hispanoamericana

En Ciudad de México, el convento franciscano fundado por fray Pedro de Gante a inicios del siglo XVI actuó como foco de irradiación religiosa en el virreinato de Nueva España junto al centro de estudios de San José de los Naturales. Aquí se formaron los primeros pintores indígenas, los cuales contribuyeron a gestar el nuevo gusto, estilo y técnica pictórica colonial como instrumento al servicio de la nueva fe. Poco tiempo después, estos artistas crearon la decoración de los principales templos y conventos evangelizadores en Nueva España, y paralelamente en el virreinato del Sur, siguiendo el modelo italianizante del momento.

De entre todos los soportes pictóricos, la pintura mural fue la más representativa de los pueblos prehispánicos de la zona mesoamericana, pero también del área andina. Su carácter era principalmente narrativo con temas históricos, rituales y religiosos, bélicos, cosmogónicos y relativos a la vida cotidiana. Los murales de Teotihuacán, Cacaxtla o Bonampak que han llegado hasta nuestros días se reservaban principalmente a los espacios interiores, al igual que la pintura mural posterior a la conquista. Para la decoración mural a partir de esa fecha se utilizó la técnica de pintura al fresco, al temple o mixta.

“La adoración de la cruz” del convento de Huejotzingo, Puebla, México.

Los pintores se ajustaban a un programa iconográfico elegido por los religiosos según modelos de grabados europeos. Al contrario que en época prehispánica, los colores utilizados en este tipo de decoración eran bicromos, en negro y blanco, o de tonalidades suaves, en el caso de la policromía. Esta pintura estaba destinada casi de manera exclusiva a espacios religiosos como los conventos de Cuernavaca, Tochimilco, Acolman o Huejotzingo. En este último caso, se conserva La adoración de la Cruz con los doce primeros frailes que llegaron a Nueva España en 1524 para evangelizar el territorio junto a la decoración de grutescos bicromos que se repiten por todo el espacio.

También nos encontramos con series de pinturas murales como los de Tepeaca que describen la vida de San Francisco sobre amplios fondos de paisajes, mientras que los de Tlalmanalco y Tochimilco han perdido gran parte de sus colores originales. En el Estado de Morelos se conserva la decoración del convento de Tetela del Volcán con figuras de santas y apóstoles según el canon renacentista.

Pintura mural del convento de San Juan Bautista de Tetela del Volcán, Morelos, México.

Igualmente los conventos agustinos se decoraban con pinturas murales como es el caso de las tres series de Acolman, cada una de ellas pintada por un maestro diferente. La pintura mural de los agustinos es más tardía, si bien se han podido encontrar restos de pinturas escondidas tras capas de cal o retablos. En su claustro grande destaca La Crucifixión y en el claustro chico El Juicio Final, con ciertas referencias goticistas que devienen de estampas como las de Martin Schongauer.

“El Juicio Final” y “La Crucifixión” en el claustro del Convento de San Agustín en Acolman, Valle de México.

Pero sin duda, el conjunto más espectacular en el virreinato de Nueva España se encuentra en el gran convento agustino de Actopan. El cenobio se encuentra decorado con grutescos y casetones, mientras que en los muros de la escalera monumental, vemos escenas con frailes de la Orden y pasajes de la vida de San Agustín y San Nicolás de Tolentino en la parte superior.

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Escalera del convento de San Nicolás de Tolentino en Actopán, Hidalgo, México.

La mayor parte de esta pintura es religiosa, pero también existe pintura mural de carácter profano, aunque es menos frecuente y pueden aparecer igualmente en iglesias como la agustina de Ixmiquilpan que representa la lucha entre los guerreros águila y los guerreros tigre junto a personajes de la mitología azteca.

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Detalle de la pintura mural de Ixmiquilpan, Hidalgo, México.

En la segunda mitad de siglo XVI, la pintura sobre lienzo y tabla ganará terreno a la pintura mural en Nueva España. Sin embargo, en torno a 1600 y hasta bien entrado el siglo XIX, en el virreinato del Sur, correspondiente a la región andina, el arte mural floreció en un estilo manierista y barroco. La técnica utilizada era en su mayoría el temple, pero también se utilizaban lienzos que se adherían a los muros.

Muchos de los artistas alternaban el caballete con la pintura mural como fue el caso de Mateo Pérez de Alesio en Lima, y probablemente también, Angelino Medoro, ya que su discípulo Luis Riaño fue el más destacado de los pintores murales en este virreinato.

Los frecuentes terremotos y las consecuentes reformas han hecho que apenas quede decoración mural de época manierista. La pintura mural cuzqueña del siglo XVI de carácter geométrico y figurativo podemos apreciarla en Checacupe. Se trata de templos con suntuosos interiores decorados con murales y artesonados moriscos como los de San Jerónimo, Huasac y Chinchero. Por otro lado, destacan las pinturas murales de Andahuaylillas, conocida como “la Capilla Sixtina de América”. El templo se encuentra completamente decorado y en su programa intervino el humanista don Juan Pérez de Bocanegra. El artista Luis Riaño trabajó en este templo con un programa de carácter evangelizador para la población indígena de la región con el tema de La Anunciación y El Camino al Cielo y al Infierno. En la portada del bautisterio encontramos en latín, castellano, quechua, aimara y puquina las fórmulas rituales del sacramento del Bautismo.

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Iglesia de San Pedro de Andahuaylillas, Apurímac, Perú.

En la ciudad de Cuzco existió gran abundancia de pintura mural. A partir de 1630 y hasta 1640 el repertorio manierista perduró en frisos y zócalos con ornamentaciones más dinámicas y coloristas. En el barroco conviven el estilo textil y el figurativo. El primero, se relaciona con pinturas ilusionistas de apariencia textil con algunas figuras de santos y escenas religiosas como en los templos de Cay- Cay y Huasac, pero de entre todas ellas destaca la capilla de Canincunca, relacionada con Andahuaylillas por sus temas y colores.

En el estilo figurativo se prefieren las figuras y escenas religiosas entre 1700 y 1780, cuando tiene lugar el estilo “mestizo” con la recuperación de elementos manieristas como roleos o columnas salomónicas. En el convento de La Merced en su escalera monumental aparecen las escenas de La Huida a Egipto, El Cortejo de los Reyes Magos y El Nacimiento de Jesús, al igual que en la celda del padre Salamanca.

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Pintura mural de la celda del padre Salamanca en el Convento de La Merced, Cuzco, Perú.

Los edificios civiles también contenían murales en forma de frisos con vegetación y adornos manieristas sobre fondos negros o azules como aparecen en la casa del marqués de Valleumbroso, de Buenavista, o en otras viviendas principales de la ciudad.

El último periodo va de 1780 a 1830 mezclando escenas de la vida cotidiana de carácter popular, noble y religioso. La pintura de Tadeo Escalante se caracteriza por la utilización de colores puros en escenas de tendencia miniaturista, corrección anatómica y despreocupación por la perspectiva. La iglesia de Huaro es su principal obra. Llama la atención la decoración del sotocoro con la representación de El Juicio Final, el infierno y la gloria, entre virtudes, santos y escenas del Antiguo Testamento, en un estilo de reminiscencia medievalista.

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“Juicio Final” de Tadeo Escalante en la iglesia de Huaro, Cuzco, Perú.

Las obras de Acomayo de Tadeo Escalante de 1830 suponen el final de la pintura mural cuzqueña. Durante el siglo XIX el arte mural tendrá un sesgo popular tras el periodo de grandeza manierista, y posteriormente, barroca tanto en el actual México como en Perú.

Vía| Bernales Ballesteros, Jorge. Historia del arte hispanoamericano. Vol. 2. Madrid: Alhambra, 1987. Kuon Arce, Elizabeth. Pintura mural en el sur andino. Lima: Banco de Crédito del Perú, 1993.

Más información| Arias Anglés, Enrique. Relaciones artísticas entre España y América. Madrid: CSIC, 1990.

Imagen| Convento Huejotzingo, Convento de San Juan Bautista de Tetela del Volcán, Claustro del Convento de San Agustín, Convento de San Nicolás de Tolentino, Pintura de Ixmiquilpan, interior de San Pedro de AndahuyllasLa Inmaculada de San Pedro de Andahuyllas, Celda del padre Salamanca en el convento de La Merced y Juicio Final de la iglesia de Huaro.

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