Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Pictorialismo: el arte de enmascarar la fotografía

Cuando hay una exposición sobre el Pictorialismo en un museo, sabes que son fotografías lo que ahí se exponen, pero algo no cuadra. Te acercas a las obras y no parecen fotografías, ves efectos más propios de la pintura y eso te hace ir a leer la cartela con desconcierto; sí son fotos, pero no lo parecen.

En eso consiste básicamente el Pictorialismo, el cual se considera la primera corriente artística dentro del mundo de la fotografía, pero que, paradójicamente, busca su inspiración y sus intenciones estéticas fuera del mundo de la fotografía.

Este movimiento tiene sus orígenes en la década de los sesenta del siglo XIX, aunque adquirió su máxima repercusión a partir de los ochenta y prolongándose hasta la I Guerra Mundial (1914- 1918), cuando ya dejó paso a otras corrientes más modernas. Básicamente consiste en emparentar a la fotografía con la pintura, tratando los mismos temas y recurriendo a la misma estética, dejando la parte propiamente técnica de la fotografía en un segundo lugar. Para conseguir sus objetivos desenfocaban la imagen, añadían multitud de filtros, marcas, suciedades… creando imágenes únicas en las que la intervención humana en el proceso de revelado era fundamental. Los resultados eran imágenes únicas e irrepetibles, llegando incluso a destruir los negativos para no sacar más copias; dichas obras se enmarcaban como si de un cuadro se tratase y se colgaban en los salones de la pujante burguesía decimonónica.

Algunos de los temas más recurrentes serán los paisajes en días de lluvia o con niebla; las alegorías cargadas de un fuerte contenido moral o escenas mitológicas. Las mujeres tienen un papel fundamental, apareciendo modelos que en sus posturas, en sus gestos y en su aspecto se identifican con las tomadas por los pintores contemporáneos a estos fotógrafos.

Algunos de los personajes más relevantes de este movimiento fueron Julia Margaret Cameron o Henry Peach Robinson, que crearan bellas imágenes en las que la fotografía sirve de medio para crear obras que la niegan y que pretenden trascender del mero mecanicismo de este nuevo invento. Muchos serán los que consideren este movimiento fuera de las corrientes de la fotografía, ya que en sus planteamientos de base se alejan de los fundamentos de la misma.

Se llegaron a crear incluso grupos de fotógrafos que se adscribieron a esta corriente, como el Camera Club de Viena en 1891 o la Linked Ring Brotherhood de Londres al año siguiente, que organiza exposiciones con obras de fotógrafos de toda Europa y EE.UU., pues esta estética se había extendido rápidamente por el panorama internacional. El ya mencionado Peach Robinson incluso llegó a publicar obras donde se recogían los presupuestos teóricos de dicho movimiento, dándole al mismo visos de gran corriente pictórica de vanguardia, al dotar a los pictorialistas de una guía y un corpus ideológico fundamentales; esto lo podemos ver en obras como Pictorial Effect in Photography (1869) o Picture- making by Photography (1884).

El movimiento dio sus últimos estertores cuando, ya en el siglo XX, en la fotografía primaba más lo directo, lo impactante, lo que se convirtiera en noticia, que llegara al espectador y que lo moviera socialmente, pero lejos de ese diletantismo ya pasado de moda de los grandes caballeros del XIX.

Vía| Pictorialism, Encyclopaedia Britannica.

Más información| Historia de la Fotografía, Marie- Loup Sougez. Cuadernos Arte Cátedra (2011).

En QAH| Caso Kodak: cuando el reinventarse no es suficiente

Imagen| Dos niñas con flores, She never told her love, Ángel

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