Especial II Guerra Mundial, Historia 


Petróleo para el dios de la guerra

Karl Haushofer.

Karl Haushofer.

El bloqueo naval británico durante la Primera Guerra Mundial creo en Alemania la sensación de haber sido la causa principal de la derrota de las Potencias Centrales al haber destruido el espíritu de resistencia de la sociedad civil, conformando el caldo de cultivo de la llamada puñalada por la espalda a los combatientes del frente.
Dejando aparte el análisis de diversos estudiosos que consideran la necesidad de que los aliados hubieran continuado su ofensiva en 1918 de manera que al ejército imperial alemán no le quedara la más mínima duda de sus derrota militar, la lectura en Alemania que el periodo de entreguerras realizó del bloqueo y sus consecuencias, fue la necesidad de la autarquía, la independencia económica del exterior.
Eso se tradujo, a nivel teórico, en la aparición de una corriente geoestratégica en Múnich liderada por Karl Haushofer, en la que se preconizaba la consecución de un bloque central euroasiático autosuficiente que resultara independiente de las potencias o bloques marítimos. El bloque germánico nacería de la desaparición de las fronteras estatales actuales para acomodarlas a la realidad cultural, y racial, de los distintos pueblos europeos.
Uno de los alumnos destacados de Haushofer fue Rudolf Hess, mano derecha de Adolf Hitler, secretario del NSDAP y sucesor del Führer en primera instancia. A través de Hess accedería al propio Hitler.
El compendio de su pensamiento ha pasado a la Historia con el concepto de Lebensraum (Espacio Vital).
A nivel práctico, se potenció algo que ya había surgido durante la guerra: la fabricación sintética de materias primas. Al negarse a las potencias centrales el acceso al suministro de productos básicos, la industria química desarrolló métodos de producción alternativos.

Sede central del consorcio IG Farben en Frankfurt.

Sede central del consorcio IG Farben en Frankfurt.

Uno de los procesos que más se potenció, fue el de la hidrogenación del carbón para producir petróleo sintético. Durante el periodo de entreguerras, el interés del ejército y una política arancelaria eminentemente proteccionista, hicieron que la fabricación de crudo se incrementara paulatinamente. De ello se benefició principalmente el trust de la industria química creado el día de Navidad de 1925: la IG Farben. Con empresas tan emblemáticas como BASF, BAYER o AGFA, entre otras.
Pese a esa protección, las necesidades mínimas no se llegaron a cubrir. Además, la necesidad de recursos, sobre todo la de mano de obra especializada, de la industria sintética obligaron a buscar soluciones de otro tipo a la problemática de la falta de materias primas.
Hasta ese momento, se había descuidado la búsqueda de la racionalización de recursos y el incremento de la extracción de crudo en los pozos a los que tenía acceso el Reich: sobre todo los austríacos tras el Anschluss. Y ello pese a haberse creado en Spandau, cerca de Berlín, los llamados comandos del petróleo que, bajo el mando del mayor Erch Will y dependiendo directamente del OKW (Alto Mando de las Fuerzas Armadas), tenían la misión de acompañar a las unidades de vanguardia para evitar que se destruyeran las instalaciones existentes en los yacimientos petrolíferos a los que las diferentes ofensivas dieran acceso a los alemanes, evaluar sus daños y acelerar la puesta en funcionamiento de los pozos.

Instalaciones petrolíferas de Pechelbronn, (Francia).

Instalaciones petrolíferas de Pechelbronn, (Francia).

Estos corpúsculos estaban formados por expertos de compañías privadas y funcionarios gubernamentales, y habían participado en las campañas de Polonia y Francia. En esta última, además del análisis de los yacimientos de Pechelbronn, habían requisado los análisis geológicos de las oficinas parisinas de compañías petrolíferas francesas, en especial, los referentes a los del Cáucaso.
1940 Trajo el fracaso del sistema alemán sustitutorio. Los países ocupados, cuyo abastecimiento dependía de la importación (un 60 % del crudo norteamericano en caso concreto de los galos), sumaron sus necesidades a las germanas. Las autoridades del Reich se dieron cuenta de que, ante una necesidad en tiempos de paz de 575000 barriles diarios, sólo podían anteponer la producción de 234500 barriles entre la producción de la industria química y la de los yacimientos a los que se tenía acceso en ese momento. Si sumamos el consumo bélico, las necesidades alemanes se duplicaban o incluso triplicaban.
Así, se observó la necesidad de acceder al petróleo externo.
El pacto de no agresión germano-soviético, en sus cláusulas económicas secretas, contemplaba que los rusos enviaran materias primas a cambio de lo cual recibirían productos manufacturados, entre los que destacaba el equipamiento militar (incluidos varios buques de guerra).

Firma del Pacto Molotov-Ribbentrop en agosto de 1939.

Firma del Pacto Molotov-Ribbentrop en agosto de 1939.

Los alemanes habían demorado en varias ocasiones el cumplimiento de esas cláusulas, ante lo cual, Stalin había respondido amenazando con dejar de entregar o demorar el envío de crudo. Eso había hecho que Hitler fuera consciente de su vulnerabilidad ante el premier ruso.
Así, en 1940 el Führer tomó la decisión de hacerse con los yacimientos soviéticos. La operación Barbarroja (que comenzó el 22 de junio de 1941), la invasión de la URSS, contemplaba alcanzar la línea Astrakán-Moscú-Arkangel, con el inequívoco acceso al Cáucaso que proporcionaría la conquista de Rostov del Don. El final de 1941 llegó sin que la Wehrmacht alcanzara sus objetivos estratégicos y abandonando tras la contraofensiva de invierno rusa la ciudad que constituía la puerta a los yacimientos petrolíferos de Maikop, Grozni y Bakú.
1942 sería el año para asaltarlos. Hitler llegó a declarar que sin éstos, la guerra no duraría más de tres meses.
Pero lo dejaremos para la próxima entrada.

* En colaboración con QAH| Historia Rei Militaris.
* Vía| Bellamy, Chris: Guerra absoluta. Ediciones B, Barna, 2011.
* Imagen| Haushofer, IG Farben, Pechelbronn, Pacto Molotov-Ribbentrop.

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