Política 


Personalización política: el Voto Preferencial

Aprovechando mi estancia de trabajo en América Latina, he cogido lo que aquí comúnmente se llama “laptop” para escribir sobre los fenómenos de los sistemas electorales en esta parte del mundo, que aún “en el otro lado del charco” no estamos tan acostumbrados a ejercer.

La cultura política europea, los modelos de partidos, la construcción de la conciencia ideológica, añadiendo la trayectoria parlamentaria de nuestros sistemas políticos, etc. definen sistemas electorales donde el branding del partido aún es fuerte y sólido y marcan pautas de comportamiento y leyes electorales que los refuerzan. Sin embargo, el presidencialismo y la personalización política presente en los países americanos dibujan modelos electorales distintos.

Boleta de voto en Perú

Boleta de voto en Perú

El “Voto Preferencial” es conocido como aquel que permite al elector elegir al candidato de su preferencia entre los que forman parte de una lista que presenta una organización política. El elector puede establecer incluso un orden de preferencia entre los candidatos que seleccione.

El voto preferencial se encuentra actualmente instaurado en Brasil, Chile, Perú, República Dominicana, Panamá, Colombia y El Salvador, entre otros. En cada país se ha establecido la modalidad del “voto preferente u ordinal” con distintas fórmulas (listas abiertas, cerradas y desbloqueadas o único).

La decisión de instaurar esta modalidad de voto responde a los intereses partidistas y coyunturales (NOHLEN, 2007); pero su instauración repercute profundamente en el sistema de político y de partidos. De ahí el debate a favor y en contra que suscita.

Quienes están a favor de su aplicación argumentan que es un mecanismo a través del cual el elector puede elegir realmente a quien quiere que le represente. Esto favorece a una relación directa entre representante y representado (siguiendo las teorías liberales de la representación parlamentaria). La elección se basa también en una evaluación de las competencias profesionales y personales del candidato, y por tanto, permite premiar o castigar individualmente la actividad ejercida (BARBERÁ, 2010).

Pero el aumento considerable del papel de los liderazgos políticos (lo que viene a denominarse como personalización política) debilita, a su vez, la unidad del partido a causa de la competencia interna. Asimismo dicha competencia genera la búsqueda de fondos externos para las campañas, abriendo las puertas a un posible tráfico de influencias.

[…] En la medida en que los votos nominativos expresados por los electores determinen de forma efectiva la elección de los candidatos, éstos últimos se ven obligados a competir con sus compañeros de partido. En este sentido, una intensa competencia intrapartidaria puede suponer una amenaza para la cohesión interna de la organización principalmente por dos razones (Katz, 1994: 101). En primer lugar, porque los candidatos deberían su elección no sólo a su inclusión en las listas partidarias, sino también a sus cualidades personales, de tal forma que se reduce la influencia de la organización sobre el comportamiento de los candidatos elegidos. En segundo lugar, porque para ser elegidos, los candidatos deberían movilizar recursos ajenos al partido, procedentes de grupos externos con los que podría entrar en compromiso (ORTEGA, 2004)

También los detractores del voto preferencial discuten abiertamente si esta modalidad realmente facilita la representatividad. Las fricciones dentro del partido erosionan la unidad y la disciplina de partido, que luego se trasladan al Congreso y dificultan la construcción de mayorías y la toma de decisiones. Es decir, originan problemas de gobernabilidad.

Es cierto que el voto preferencial precisa por parte del elector de un conocimiento apto sobre cómo se emite el voto, dado que a veces el procedimiento es complejo. Obliga al elector a capacitarse para evitar que su voto sea declarado nulo, y esto depende en gran medida del nivel de escolarización del país.

Los movimientos feministas también ha resaltado que la aplicación del voto preferencial tiene consecuencias en la participación de la mujer en la vida política. Al permitir la alteración del orden en las listas, las cuotas de paridad de género dejan de tener sentido.

Está claro que el tema da para muchos ensayos. Hay que recordar que el sistema electoral es un ingrediente principal y esencial a la hora de evaluar la salud de nuestras democracias.

BIBLIOGRAFÍA|

Dieter Nohlen (2007). “Sistemas electorales presidenciales y parlamentarios”. En Dieter Nohlen, Daniel Zovatto, Jesús Orozco y José Thompson. Tratado de Derecho Electoral Comparado (2.ª ed.). México: Fondo de Cultura Económica, p. 294.

Pablo Barberá (2010). “Voting for Parties or for Candidates? The Trade-Off between Party and Personal Representation in Spanish Regional and Local Elections”. Revista española de investigaciones sociológicas, núm. 132, 2010.

Reis 

Carmen Ortega (2004). Los sistemas de voto preferencial: un estudio de 16 democracias. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

IMAGEN| Boleta de voto en Perú

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