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¿Perseguir mi vocación profesional a sabiendas de las dificultades?

Según un reciente estudio realizado por la Fundación Adecco durante el pasado año 2013 y publicado bajo el título “¿Qué quieres ser de mayor?”, más del setenta por ciento de los niños españoles creen que el dinero no da la felicidad y anteponen la vocación a los ingresos. Por otro lado, la mayoría de estadísticas sobre satisfacción laboral en nuestro país, arrojan resultados similares; la mayoría de nosotros preferiríamos trabajar en alguna actividad relacionada con nuestra vocación profesional aunque ello supusiera una merma en nuestros ingresos. Está claro que, en teoría, todos optamos por perseguir nuestra vocación profesional.

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La inmensa mayoría de expertos afirman que todos nacemos con una serie de competencias, habilidades y talentos propios que adecuadamente desarrollados conformarían el perfil perfecto para ejercer nuestra vocación profesional – si es que realmente la supiéramos – pero, normalmente, las circunstancias personales y profesionales por las que atraviesa cualquier persona durante su vida hacen que dichas competencias, habilidades y talentos propios vayan diluyéndose y queden a expensas de lo que los distintos eventos de nuestra vida vayan exigiendo de nuestra trayectoria profesional. Esa es precisamente la diferencia entre nuestra vocación profesional y nuestro destino. Somos muchos los que cuando miramos hacia atrás nos lamentamos de no haber sabido tomar las decisiones correctas en cada momento para haber casado nuestra vocación profesional con nuestra actividad laboral. Pero en la mayoría de estos casos habrán sido nuestras circunstancias y posibilidades las que en cada momento habrán decidido por nosotros.

direction-255294_640Siempre estamos a tiempo de dar un giro en nuestra carrera para centrarnos en nuestra vocación profesional. ¿Pero cuántos de nosotros lo haríamos? ¿A qué coste?

No es una decisión fácil. Para algunos el trabajo no es más que una actividad remunerada que nos da una seguridad personal, una valoración social y una satisfacción material que nos permite un grado de bienestar determinado. No tiene porque ser reflejo de nuestra vocación, sino de nuestra formación y circunstancias. Muchas veces satisface nuestras aspiraciones profesionales y parece que hayamos nacido para él. Nuestra vocación profesional se va adaptando a nuestra realidad laboral y, en mayor o menor medida, cumple con nuestras expectativas profesionales.

Pero en momentos de desánimo siempre nos surgirá esa inquietud de que no estamos haciendo lo que nos gusta, de que realmente nuestra vocación es otra y que ejercerla sería el mejor remedio para ese desánimo. Dicen que la vocación es la mejor motivación. Pero también es cierto que en al ámbito profesional las decisiones deben tomarse con una exquisita prudencia por la cantidad de elementos que entran en juego y el abanico de consecuencias que pueden traernos.

¿Y tú qué opinas?

Juan Canut Guillen

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