Cultura y Sociedad, Historia 


Père Tanguy: el coleccionismo más discreto

El coleccionismo de obras de arte es algo que en la actualidad está mundialmente extendido: los grandes museos poseen una amplia colección propia, aspirando siempre a ser ampliada (aunque hoy en día es algo muy difícil, ya que las grandes obras de artistas consagrados están todas repartidas).

El coleccionista puede serlo por varios motivos: puede ser un especulador que tiene pocos conocimientos (o interés) sobre arte, que lo único que busca es obtener un beneficio económico a corto plazo (de 3 a 5 años).

También encontramos al coleccionista inversor, que se hacen con obras de artistas consolidados (pagando cifras desorbitadas por ellas) para posteriormente venderlas y obtener una suma indecente de dinero en un plazo de unos 10 años.

Pero el tipo de coleccionista que nos ocupa no es ninguno de los dos anteriores, sino el coleccionista llamado puro: Père Tanguy, uno de los personajes más emblemáticos de Montmartre, el barrio de los pintores parisinos. 

Tanguy regentaba un pequeño negocio en el que se vendían desde chacina hasta artículos de pintura, de los que se abastecían la mayor parte de los artistas de impresionistas y post-impresionistas.

Al frecuentar su tienda, los pintores más emblemáticos de estos movimientos llegaron a tener una bonita amistad con Tanguy.

Fruto de esta amistad, Tanguy les dejaba llevarse los productos que necesitaban sin pagar (cuando estos no podían hacerlo), a cambio de que le pintaran alguna obra y se la regalaran, haciéndose así con una amplia colección de obras pictóricas, llegándose a considerar como la mejor colección del XIX.

Además, Tanguy es el responsable de la introducción de la “estampa japonesa” (que vendía y exponía en su negocio),  en los círculos artísticos parisinos, extendiéndose y llegando a servir como inspiración para las propias obras de arte.

Algún artista que tuvo mayor relación con el fue, por ejemplo, Vicent Van Gogh, que le dedicó un retrato (algo no muy frecuente en él).

 En dicho retrato sitúa a Tanguy en su pequeño negocio, sentado, reflejando el carácter bonachón y tranquilo del tendero. Detrás de él, Van Gogh hace un guiño a la exposición y venta de estampas orientales que tenia lugar en la tienda de Tanguy, pareciendo este incluso una estampa más por la planicie del color (como era de esperar teniendo en cuenta la paleta habitual de Van Gogh).

Otro ejemplo es el de Emile Bernard, aunque en este caso retrata a Tanguy como burgués (a diferencia de Van Gogh), vestido con un elegante chaqué negro y un corbatín del mismo color.

Sus expresivos ojos y su nariz, caracterizan un perfil que se recorta sobre un fondo de papel pintado que vuelve a hacer alusión a las estampas japonesas.

En definitiva, Père Tanguy acaba sus días con una amplísima colección de obras de gran valor artístico. Pese a que le ofrecieron en numerosas ocasiones cantidades abrumadoras de dinero, él jamás quiso deshacerse de ella, considerándose por ello un coleccionista puro, que admira y aprecia su colección por motivos emocionales y sensoriales, no por el valor económico de las piezas, otorgándole así alma a las obras al no convertirlas en meras mercancías.

Sin embargo, al fallecer en los años 20, su familia (sin su consentimiento) lo vendió todo.

Actualmente su colección se encuentra desmembrada y dispersa entre Estados Unidos y el Musée D’Orsay.

Vía| ArteHistoria

En QAH| Rodolfo II de Habsburgo: coleccionista impulsivo, Grandes museos, grandes ladrones

Imagen| ArteHistoria, Tanguy

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