Historia 


Pequeño relato sobre Ramón y Cajal (II)

Habíamos dejado a nuestro protagonista rumbo a Berlín, para asistir al Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana. Era octubre de 1889.  Al llegar tuvo a toda la comunidad científica dándole la espalda, hasta que el mismo Santiago obligó a la eminencia en histología Rudolf Albert von Köllier (1817-1905) a mirar la preparación posicionada en su Zeiss. Después del profesor de la universidad de Würzburgo, todos miraron por el microscopio. La incredulidad de la sala descendió hasta que empezaron las felicitaciones que llegaron a ser calurosas al “modesto anatómico español”. Cajal había obtenido una victoria muy importante en su carrera. El reconocimiento internacional de Cajal empezaría ahora, no desde lo más alto (venía de un país con prejuicios de los extranjeros hacia sus científicos), sino que ya no sería ignorado como lo había sido hasta entonces.

Ramón jugando a ajedrez

Ramón jugando a ajedrez

Volviendo a la península ibérica, cabe mencionar la faceta más cultural y social de nuestro histólogo. En Valencia ya frecuentó el Ateneo, en Barcelona explotó más la vida intelectual-social del momento. A finales del XIX (y principios del XX) el café en España era un lugar fundamental para tener una actividad social reputada. Allí había otros eruditos como él. Fue un gran aficionado al ajedrez, aunque al haber ganado a todo el mundo, decayó el interés por dicho deporte.

Para nada la vida de Ramón y Cajal debe parecernos idealizada. Hasta los espíritus más egregios tienen sombras en su carrera vital. Poco antes del éxito de Berlín (22 de junio de 1889) muere su hija de dos años, de sarampión y tuberculosis, Enriqueta Pilar. En el mismo periodo se apaga la llama de su segundo hijo, que llevaba el nombre de su padre, y que le afecta más que el de su hija. Cabe decir que mientras sus hijos agonizaban y su madre velaba la primera noche de su muerte, el padre, Santiago, estaba en su laboratorio experimentando, hasta que el sueño lo vencía.  La siguiente frase de Cajal nos demuestra la frialdad con la que anteponía sus investigaciones a absolutamente todo lo demás: “Emplea tu vida de manera que tus hijos te llamen tonto y tus conciudadanos benemérito. Para un espíritu de nobles ambiciones preferible será siempre la gratitud de la Patria a la de la familia: la prole perece y olvida y la Patria perdura y recuerda”.

Puerta del Sol en 1890

Puerta del Sol en 1891

A punto de cumplir 40 años, en 1891 obtiene la cátedra de Madrid no podemos hacer nada mejor que seguir citando a nuestro protagonista para aproximarnos más a su realidad: “Para mi ser catedrático en la Central constituía entonces la única esperanza de satisfacer con cierta holgura mis aficiones hacia la investigación y aumentar mis recursos harto mermados con los incesantes gastos de laboratorio y de suscripciones a revistas, amén del sostén de la numerosa familia”.  En Madrid llega el impulso económico que siempre había necesitado.

Desde la capital llegan los grandes estudios del aragonés (1894, sobre la grandeza y riqueza de las neuronas; 1899, apuntes para un plan de reforma de la enseñanza de las Facultades de Medicina; 1903, 14 comunicaciones científicas, algunas de extensión similar a un libro; 1904, 13 comunicaciones y una magna obra sobre la Textura del sistema nervioso).

Año 1906, llega el Nobel. Un premio que debemos explicar mínimamente por sus matices que tuvo. El Nobel de Fisiología o Medicina fue compartido con el máximo rival en la esfera científica de Cajal. Se suele arremeter contra la designación de Golgi, ya que se lo merecía antes, y no conjunto con Cajal. El momento que se otorga el premio al italiano, hace años que está alejado de la investigación, como queda retratado en su anticuado discurso del 11 de diciembre. Más matices! No todo era favorable a Santiago. Se suele decir que por proceder de un país con poca tradición científica se lo otorgaron conjuntamente. El 12 de diciembre en su discurso al mundo, el ya Nobel español elogió a Golgi (cosa que no hizo el italiano) en su parlamento en Estocolmo.

El mismo año que Cajal recibe el prestigioso premio también lo recibe Theodor Roosevelt (1858-1919). Un sujeto que estaba en el Departamento de la Guerra norteamericano durante la Guerra de Cuba. Cajal se indigna: “¿no es el colmo de la ironía y del buen humor convertir al campeón del pacifismo al temperamento más impetuosamente guerrero y más irreductiblemente imperialista que ha producido la raza yanqui?”. Las heridas históricas no estaban ni mucho menos cerradas, Cajal las representa.

La influencia de Cajal desde su Nobel llega a muchos futuros genios. Un joven Severo Ochoa (Nobel en 1959) dijo tales palabras poco después de ingresar en la universidad: “la mayor ilusión de mi vida era la de ser discípulo de Santiago Ramón y Cajal en la facultad […]; mi mayor desilusión, yo lo considero una de mis mayores desgracias, fue la del que el año de mi ingreso en la facultad Cajal acababa de jubilarse. […] Creo que sin Cajal yo no hubiera sido quien soy”.

El aluvión de premios a Santiago entorpecería la lectura, mencionamos algunos de los más relevantes.  En 1901 la Gran Cruz de Isabel la Católica. En 1905 la Medalla de oro de la Real Academia de Ciencias de Berlín o en 1915 la Gran Cruz de la Orden del Mérito en Alemania.

Fuente-monumento a Cajal, 1926. Según Ramón podrían haber destinado el dinero dicha obra a sus investigaciones. Además le parecía espantosa.

Fuente-monumento a Cajal en Madrid, 1926. Según Ramón podrían haber destinado el dinero dicha obra a sus investigaciones. Además le parecía espantosa.

      En 1922 se acaba su carrera como catedrático (70 años). Se promovieron distintos homenajes, más fastuosos que relevantes y decisivos. Los intentos de hacer un instituto científico con su nombre estuvo siempre manco de financiación y una vez estrenado, el Instituto y el propio Cajal fueron parte de un ninguneo impropio de la talla de un Nobel. Un país sumergido en disputas partidistas no supo arropar al genio. Para colmo, una gran obra de revisión que preparaba fue robada poco antes de editarse. Meses después, fue acogido por el sueño eterno (17 de octubre de 1934).

MÁS INFORMACIÓN| BARATAS, A, Ramón y Cajal, Nivola, Madrid, 2006; CALVO ROY, A, Cajal. Triunfar a toda costa, Alianza, Madrid, 1999.

En QAH| Pequeño relato sobre Ramón y Cajal (I)

RELACIONADOS