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Pequeño relato sobre Ramón y Cajal (I)

Santiago Felipe Ramón y Cajal nació caída la noche, el primer día de mayo, de 1852, concretamente en Petilla de Aragón (que no llegaba al centenar de casas). La aldea donde nació Cajal se encuentra legalmente en Navarra, geográficamente en Zaragoza por cuestiones históricas que se remontan a la Edad Media, durante la reconquista.

Sus padres fueron Justo Ramón Casasús y Antonia Cajal Puente. Dos personas de condición humilde que se intentaron abrir paso en un mundo muy empobrecido, muy dichoso, como era la España de mediados del XIX. Las primeras letras las aprendió en la escuela y con su madre, pero fue su padre que cultivó los primeros pasos del instinto de genio que demostraría posteriormente. A los 6 años aprendía francés y aritmética.

Los orígenes de una de las mentes más eminentes de España fue más que humilde. Sus padres, con la finalidad de mejorar su vida hicieron del ahorro su estilo de existencia, su padre cazaba en los tiempos libres, la zona donde residían gozaba de mucha zona boscosa, y en España, hasta anteayer, el bosque era el supermercado donde las casas humildes encontraban víveres.

Los primeros años de Ramón fueron itinerantes, de pueblecito en pueblecito, sobretodo por una mejora de trabajo (o sea de sueldo y de vida) de su padre. Es necesario mencionar la importancia del ambiente rural en el que fluyen los primeros años de Santiago, para iniciar su curiosidad hacia la naturaleza. El mundo rural suele dar chicos traviesos (no malos) y Cajal no fue la excepción: robo de nidos, escaldas arriesgadas, peleas infantiles. De dicho entorno nace la pasión por el dibujo, acción censurada por su padre y que se ingeniaba para realizar sobre las superficies más inhóspitas, además de conseguir colores mediante la técnica de empapar papeles impresos.

Ramón y Cajal por J. Sorolla (1906).

Ramón y Cajal por J. Sorolla (1906).

Hay dos sucesos que marcan la infancia de Santiago, como el mismo nos cuenta en Mi infancia y juventud. Dos son de índole natural: la caída de un rayo durante un momento de rezo en la Iglesia y el eclipse de sol que contempló el miércoles 18 de julio. Sucesos relacionados con la naturaleza, que también (junto al ambiente) lo llevarían hacia el camino de la medicina.

Era verano de 1864, Cajal encuentra en un abandonado desván obras para saciar su sed de letras que le privaba su padre (no veía beneficio económico en que su hijo leyera literatura, al contrario del pensamiento materno). Los tres mosqueteros, el Conde de Montecristo, Víctor Hugo, Calderón o Cervantes le acompañaron en los calurosos días venideros.

Termina a duras penas los estudios de bachiller (1869). Cajal no fue un buen estudiante, se veía atrapado en sus estudios no universitarios, no encontraba motivación alguna en ellos. En contraposición, los estudios de medicina, los termina a los tres años (1870-73) de manera brillante. Al finalizarlos se embarca hacia Cuba, en un viaje cargado de sueños (para saciar su alma aventurera) y que finalizaría con un chico joven debatiéndose entre la vida y la muerte. El 16 de junio de 1875 llega a Europa moribundo, donde tiene que reponerse. La dureza de la realidad cubana (sobretodo el lanzamiento de amigos muertos por la borda, le afectaron muy negativamente).

Una vez recuperado de la pesadilla cubana ejerce de docente en Zaragoza, preparando el doctorado que se le otorga en 1877. Ampliando su tesis publicará su primer trabajo científico, en 1880, Investigaciones experimentales sobre la inflamación en el mesenterio, la córnea y el cartílago. Dos años antes, tuvo una recaída, secuelas de las enfermedades que trajo de Cuba. Estuvo unos meses en el Balneario de Panticosta, recuperándose.

Totalmente sanado, emprende su vida laboral y personal en solitario. En marzo de 1879 obtiene la oposición para director del Museo Arqueológico de Zaragoza. Cuatro meses después contrae matrimonio con Silveria Fañanás García (por parte del novio solo compareció su hermano Pedro). Su padre no estaba de acuerdo, ni con su nuevo trabajo, ni con su matrimonio.

Entre 1884 y 1891 sería catedrático en Valencia y Barcelona, de histología. En la ciudad condal es donde tiene su explosión como genio-investigador. Cajal señala el buen ambiente y buenos materiales para desarrollar sus estudios. Durante ésos años llegaría el manual sobre histología de Cajal (1889), casi 700 páginas y dos centenares de grabados (suyos) permitieron solidificar el status de científico que estaba granjeando desde Valencia.

Cajal aporta su granito de arena a la exposición Universal de Barcelona (1888). Realiza una colección de preparaciones histológicas colocadas en un armario diseñado por él. El tribunal de Premios le concedió un diploma y una medalla de oro, la sencillez de Cajal la vemos aquí, no menciona dicho suceso en sus memorias.

En Barcelona se fragua el primer reto de Cajal hacia la comunidad científica internacional. Elabora cuatro leyes sobre la composición y acción de las neuronas que contradecían la teoría predominante de Golgi.

Octubre de 1889, no hay respuesta a sus escritos sobre las neuronas. Un discípulo de Cajal nos ilustra lo acontecido: “salió de Barcelona en vagón de tercera clase, con una maleta que contenía su microscopio Zeiss, muchas y bellas preparaciones de retina, cerebelo y médula espinal y poca y modesta indumentaria”. Destino Berlín, Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana.

Vía| BARATAS, A, Ramón y Cajal, Nivola, Madrid, 2006; CALVO ROY, A, Cajal. Triunfar a toda costa, Alianza, Madrid, 1999.

Imagen| Ramón y Cajal

 

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