Patrimonio 


El Pazo de Oca o el encanto arquitectónico del Norte

Situado en las proximidades del lugar donde confluyen los ríos Bóo y Mao en la región conocida como Terras de Ulloa (La Estrada), se sitúa este hermoso conjunto, el cual, gracias a sus 14 hectáreas de frondosos jardines, sus estanques, sus fuentes y su monumentalidad arquitectónica, ha sido bautizado por algunos estudiosos como el “Generalife del Norte”.

Vista del conjunto

La palabra “Pazo” deriva del sustantivo latino “Palatium”, un vocablo vigente en la terminología de las lenguas romances medievales como “Palatio o Paaço” que se utilizaban para designar la casa solariega de las familias nobles, edificadas en el campo. No obstante, los Pazos que nos encontramos a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII no serán únicamente unos espacios destinados al uso y disfrute de la gente bien posicionada, sino un cúmulo de estructuras que las diferencian loablemente de otros conjuntos arquitectónicos desarrollados a lo largo de la geografía española durante la Edad Moderna.

El origen de los mismos, desde un punto de vista histórico, debemos encontrarlo en los castillos y fortalezas medievales, pues los primeros Pazos suponen una transformación civil de estas antiguas arquitecturas militares como bien nos apunta la conocida escritora gallega Emilia Pardo Bazán “…a los castillos dispuestos para el estado de guerra y turbulencia, siguieron construcciones más en armonía a las largas paces…”.

El recinto territorial de éste y todos los pazos, se delimitaba por un muro conocido cómo “valo” o “valedo” que supone junto a la capilla y la fachada principal de la casa, el elemento de mayor riqueza ornamental. Su cometido, sería el de acoger en su interior y proteger tanto las estructuras arquitectónicas cómo los jardines.

El edificio principal de los pazos lo suponía el Palacio, que en este caso fue construido a partir de dos alas unidas en ángulo recto, cuyo cuerpo principal aparece conformado en el lado Este por una fachada que mira hacia la plaza de acceso, mientras que al Sur, otra segunda, se vuelca hacia los jardines. Se completa además con un corredor porticado que se abre a través de un zaguán al patio; una magnífica escalinata que da acceso a las plantas superiores y la torre que remata en el extremo Norte.

Detalle arquería y patio

Lateralmente al zaguán aparece un acceso a las dependencias de servicio (que sirven de cierre a la plaza) a las que se accede, a partir de dos puertas decoradas con el escudo del Arzobispo Fonseca.

El palacio, trabajado con buena sillería, cuenta con gruesos muros que se horadan por medio de ventanas ligeramente rectangulares. Éstas, no tienen un tamaño muy desarrollado para evitar con ello que en los fríos inviernos el viento haga penetrar el agua de lluvia a las estancias.

No obstante, no serán las ventanas las únicas piezas que abren el palacio relacionándolo con su entorno, pues junto a una serie de pequeños balcones que se abren en la fachada principal, la posterior alberga un pórtico en la planta baja que se complementa en la zona superior con un elemento muy típico de las viviendas paciegas conocida como “solana”. Se trata de una larga galería, que recorre el grueso del muro y se presenta como una variante del balcón sirviendo cómo lugar de recreo y disfrute para tomar el sol.

La decoración del conjunto se muestra elegante pero también austera, rompiendo la sobriedad imperante, únicamente por ciertos detalles decorativos como pueden ser los blasones que testifican la presencia de los numerosos habitantes que por el lugar pasaron, las columnas pareadas que flanquean el pórtico de entrada y se asientan sobre alto plinto o las ménsulas que soportan el balcón principal.

La planta baja acogía generalmente los lagares y bodegas ya que funcionaba a manera de frigorífico (pues los gruesos muros aíslan del calor en el verano). La cocina generalmente aparecía en el piso alto y sin duda funcionaba como la pieza principal para la servidumbre que no vacilaba en reunirse aquí, después del duro trabajo, pues era este, su punto de encuentro.

Ahora bien, la pieza principal fue el salón. Este lugar, ocupaba un gran espacio al que no le faltaban comodidades y ornamentos que lo embellecieran. Como apunta el estudioso Gerardo Álvarez, esta pieza constituyó casi el exclusivo lugar de tertulia, de hecho, las familias de los pazos vecinos se reunían allí, para charlar, debatir sobre cuestiones políticas, familiares…
Otro de los edificios destacados es la capilla, pues, tal y como indica el refrán “palomar, capilla y ciprés pazo es”.

Capilla

Construida con una planta de cruz latina, se erige monumental y erguida compitiendo en verticalidad a través de sus campanarios con la torre del homenaje. Está dedicada a S. Antonio de Padua y por su fachada se multiplican los elementos que denotan su estilo barroco, como boceles con orejeras o los grandes escudos tallados de forma carnosa, y volumétrica.

Adosada al palacio a través de una galería, los propietarios poseían un acceso directo a la liturgia desde la vivienda a través del paso elevado, sin mezclarse con sus sirvientes. Aquí, se celebraban bodas, bautizos, fiestas religiosas, lugar por tanto significativo, fue escenario de las más importantes y diferentes reuniones de la vida social.
Junto a esta belleza arquitectónica, otras estructuras fundamentales del conjunto paciego lo supusieron los patios. El de honor o principal, se abre delante de la fachada a modo de amplio vestíbulo que permite a la portada adquirir magnitud y solemnidad al poder ser contemplada desde una perspectiva abierta.

En cuanto al patio interior, se adorna con una fuente trilobulada rodeada de setos de boj tallados con formas redondeadas y con unos parterres enmarcados por setos que acogen en su interior rosales, camelias, azaleas y palmeras.

La fuente ocupa el centro de un eje que tiene en un extremo la puerta de entrada y en el otro unas escalinatas que bajan hasta la zona de trabajo dónde se encuentra el patio de labor, el almacén de heno, un hórreo y demás dependencias anexas a las tareas agrícolas.

Otra de las zonas más representativas de todo el pazo, lo supone el jardín. Un magnífico conjunto de estanques, setos, veredas y puentes que conviven con una variada flora y vegetación.

Una de las zonas a resaltar dentro del conjunto es la parcela triangular situada al otro lado de los estanques. Conocida como los Perales y la Caroleira, lleva a suponer que primitivamente en este lugar predominaron los perales y nogales. No obstante no serían estos los árboles protagonistas de este lugar, ese honor, posiblemente recaiga sobre los tilos, ya que nos sorprende Oca con una larga avenida de estos árboles, de unos 150 metros, que se extiende hacia las tierras de labor.

En este lugar se celebraron carreras de caballos y los señores del lugar podían pasear placidamente o sentarse a conversar sobre una serie de bancos de piedra que lo flanquean y que se presentan ricamente tallados.

Ahora bien, será el agua el elemento principal de todo el conjunto. En este lugar confluyen dos arroyos que a lo largo de todo el recinto, discurrirán a través de unos canales que parten del lavadero y conforman dos amplios estanques sobre los que se extiende un bello puente pétreo con bancos del mismo material y supone un bello lugar de descanso donde contemplar las vistas, fundamentalmente las que nos ofrece el estanque bajo en cuyo centro se presenta el elemento quizá más reconocido de todo el pazo: una isla de piedra con forma de pequeña barca plantada en su interior con hortensias que parecen estar cuidadas por las dos figurillas de piedra (un marinero y un grumete) que a proa se nos muestran altaneros y orgullosos.

 

VÍA|  ÁLVAREZ GALLEGO, G. (1963): Los pazos. Col. Cuadernos de Arte Gallego, nº 25. Vigo, Ediciones Castrelos.

IMAGEN| Vista del Conjunto, Detalle de arquería, Capilla, Detalle jardín, Estanque.

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