Política 


La paz siria pasa por Moscú

Con la consecución del conflicto sirio que sigue acumulando miles de muertos y millones de desplazados, la implantación de políticas eficaces que pongan fin a un conflicto que se prolonga ya más de cuatro años, parece tener que proceder de estados internacionales más que del propio gobierno sirio.

Más aun, cuando las organizaciones internacionales mantienen al presidente sirio Bashar al Asad bajo su punto de mira por presuntos crímenes de guerra. Aunque aún queda lejos el día en el que  al Asad se siente en el banquillo de los acusados en la Corte Penal Internacional de la Haya, como ya lo hicieron otros magnatarios como el ex presidente serbio Slodoban Milosevic. Naciones Unidas redacta informes cada vez más sólidos del uso de armas prohibidas por la ONU como el uso de barriles llenos de cloro en sus bombardeos. No obstante, todas estas investigaciones están siendo frenadas por Rusia quien hasta ahora, ha vetado toda investigación contra la cúpula del partido Baaz.

En las últimas semanas, Moscú ha aumentado su presencia militar en Siria de manera exponencial y se espera que continúe haciéndolo en los próximos meses. Esta es la idea que presumiblemente el presidente Putin expondrá a sus homólogos en su comparecencia en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York el próximo 28 de septiembre. La idea es clara, fomentar una cooperación internacional sólida con el fin de hacer frente al avance de Estado Islámico consiguiendo en último término la eliminación física del mismo.

Lo que no queda tan claro es las motivaciones de cada potencia para realizar tal cooperación o el modo en que se gestionará políticamente Siria una vez eliminado Daesh.

Washington ha sido contundente en su deseo de destituir a Bashar al Asad del cargo de presidente, algo que va en sintonía con las investigaciones llevadas a cabo desde seno de Naciones Unidas. Sin embargo, desde Moscú se pretende fortalecer el poder del gobierno baazista presentándolo como el único con capacidad para dotar a la región de cierta estabilidad.

Base naval rusa de Tortus (Siria)

Base naval rusa de Tartus (Siria)

Rusia busca encabezar esa cooperación internacional, y es que sus intereses en el país sirio no son escasos. De cara a la galería internacional, Putin ganaría la reputación y la consideración que perdió en Ucrania en marzo de 2014 cuando Rusia anexionó la península de Crimea a su territorio.

Por otra parte, el hecho de contar con un fiel aliado en la presidencia siria deja a Moscú libertad de movimiento para gestionar una de sus mayores flotas navales, la mayor fuera de su territorio, desplegada en la base naval de Tartus, al oeste del país. Esta base supone para Rusia un centro de proyección idóneo hacia el mar Mediterráneo, algo que podría incrementarse con la construcción de una segunda base en Latakia, al suroeste de Aleppo.

Lo único que parece claro tras cuatro años de arduo conflicto es que Siria nunca volverá a ser el país que era, al igual que no lo serán sus países vecinos e incluso Europa, naciones que comienzan a recibir de manera masiva a millones de indocumentados cambiando el panorama demográfico de estos estados. Junto a este hecho, se suma la única política en la que confluyen las diversas potencias internacionales en  torno a Siria, la eliminación total del califato del terror impuesto por Daesh. Todo ellos, amén de una implicación total por parte de Moscú quien guarda la llave para la estabilidad de uno de los países más relevantes de Oriente Próximo.

Vía: Balasdesilencio

Imagen: Putin y Al Asad B.N Tartus

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