Economía y Empresa, Panorama Internacional 


Patrón Oro y democracia

A partir de la década de los setenta del siglo XIX el Patrón Oro se consolidó en numerosas economías del planeta. La decisión de Gran Bretaña, décadas antes, de vincular la libra al metal precioso fue determinante, ya que fue razón suficiente para que a continuación otros países hicieran lo propio. A partir de entonces, y al menos durante 50 años, el Patrón Oro se convirtió en el sistema monetario dominante en la economía mundial. Y aunque firmó su epílogo en los años treinta, desde la Primera Guerra Mundial ya había recibido su herida mortal.
El Patrón Oro se fundamentaba en unas reglas muy sencillas de funcionamiento. En primer lugar, cada moneda establecía una paridad fija con el oro.

Para ello era vital que los bancos centrales vincularan estrechamente la oferta monetaria a la cantidad de oro que poseía la nación. Esto de facto convertía la creación de dinero en exógena a las decisiones arbitrarias de la institución monetaria. Por supuesto, una consecuencia inmediata era la existencia de un tipo de cambio fijo entre las diferentes monedas.

Una segunda condición necesaria para que funcionara el Patrón Oro era la libertad de  movimiento de capital entre países, en especial y por supuesto, del oro.
Si estas reglas se seguían, el Patrón Oro generaba estabilidad automática en precios y en balanza de pagos para cualquier economía. Los precios eran estables, pues no era factible el incremento discrecional de la oferta de dinero al ser la oferta de oro era (y es) prácticamente constante a corto y medio plazo. Por otro lado, si un país tenía déficit en la balanza por cuenta corriente, éste sufriría una pérdida de oro en favor de sus proveedores, lo que obligaría al banco central a compensar en su balance dicha pérdida, reduciendo su pasivo al retirar dinero de la circulación. La consecuencia: deflación o, como ahora se llama, devaluación interna,  lo que permitiría corregir dicho déficit. Por lo tanto, el Patrón Oro era intrínsecamente deseable para favorecer equilibrios que permitieran el crecimiento económico a largo plazo. No es de extrañar pues que numerosos estudios hayan señalado al Patrón Oro como una de las causas o razones que explican la Edad Dorada del capitalismo, y que se extendió entre 1870 y 1914.
Sin embargo, en contra del Patrón Oro han surgido otras argumentaciones. Por ejemplo, hay quien afirma que  es una falacia asegurar que este sistema monetario garantiza per se la estabilidad de precios. El argumento se basa en que la paridad establecida con el oro sigue siendo un mero contrato entre personas, basado en la confianza, y por lo tanto, sujeto a la voluntad que tenga el banco emisor de mantenerlo. Como ejemplo tenemos la re-instauración y abandono del Patrón Oro entre los años 20 y 30 del siglo pasado. También se argumenta que el Patrón Oro fue determinante en la transmisión entre países de la Gran Depresión: el mismo mecanismo que permite la estabilidad en el equilibrio externo de las economías se constituye como un canal perfecto para el contagio entre economías de crisis financieras y reales.
Puestas las razones a favor y en contra del Patrón Oro, un grupo de economistas defiende hoy su re-instauración. Sin embargo, son mayoría los que consideran que el Patrón Oro es más una reliquia del pasado que una solución actual a los problemas monetarios y financieros de la economía mundial. A todas las razones que estos últimos economistas presentan, habría que destacar una razón de peso: la aparente contradicción entre democracia y Patrón Oro.

oro.lasmateriasprimascom Para que el Patrón Oro funcione, una política monetaria que se adapte a los ciclos económicos desaparece. Esta no es una cuestión menor, y en España estamos sufriendo por una razón diferente este hecho y las consecuencias sociales y políticas, además de económicas, son más que evidentes.  El Patrón Oro histórico funcionó porque las sociedades del momento eran diferentes. Aunque había democracias, muchas de éstas difícilmente podrían definirse como tales en los términos políticos y sociales actuales. Muchas de ellas eran democracias solo de nombre, aunque no de facto. Otras muchas eran limitadas. En otros países ni existía. En general, los gobiernos debían responder de sus actos solo limitadamente a una sociedad, que en gran parte de los casos, no podía libremente expresar su opinión.
 Hoy un gobierno (o un Banco Central) que ate su moneda al oro se quedaría sin argumentos ante la sociedad para explicar sus actuaciones. Con Patrón Oro se exacerbaría la desconexión entre el “ciudadano” y los responsables de la política monetaria, aunque estos últimos tuvieran la “razón económica”. Esto generaría, casi con total seguridad, una fuerte contestación o bien en las calles o bien en las urnas, provocando ajustes electorales muchos más intensos de los que sucedieran durante la etapa gloriosa del capitalismo.

En conclusión, el Patrón Oro debe verse como una reliquia económica. Aunque existen buenas razones para su re-instauración, existe no muchas menos para su no consideración. Una de ellas es que la sociedad actual, y su sistema de expresión, las democracias occidentales, no permitirían tal modo de funcionar de su regulador monetario que son los bancos centrales. Para bien o para mal.

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