Patrimonio 


Pareja Serrana, un ejemplo de Costumbrismo Andaluz

Bajo el epígrafe Pareja Serrana, la obra que hoy nos ocupa, se representa una de las tantas escenas típicas del Costumbrismo Andaluz.

Se trata de una composición al óleo (de 59×45,60 cm.), ejecutada por el maestro sevillano Manuel Cabral Aguado-Bejarano (1827-1891), datada entre las décadas de 1850 y 1890, que se haya expuesta en el Museo del Romanticismo de Madrid. En concreto, se ubica en la Sala nº 7, dedicada a los “Costumbristas Andaluces”, en una zona de la casa-museo más reservada, dedicada al ámbito privado y cotidiano, que busca recrear un ambiente acorde a las obras que custodia.

Benigno de la Vega-Inclan.

D. Benigno de la Vega-Inclán.

La pintura forma parte del legado que don Benigno de la Vega-Inclán, II Marqués de la Vega-Inclán (1858-1942), realizó a la institución, para que ésta comenzase su andadura allá por los años veinte del pasado siglo. Gracias a su generoso gesto, su colección particular de pinturas, mobiliario y artes decorativas, pasó a convertirse en los fondos primigenios del museo madrileño.

Debemos subrayar que la pieza que nos ocupa no se halla entre las mejores ejecuciones del maestro sevillano, si bien actúa de forma acertada como modelo de pintura costumbrista andaluza del siglo XIX, dotando al museo de un buen ejemplo de este tipo de obras, donde se reflejan los tipos o clichés característicos de la España romántica.

Su autor fue integrante de un nutrido grupo de pintores costumbristas andaluces que, principalmente desde los focos de Sevilla y Cádiz, retrataron y tipificaron al pueblo español decimonónico (ensalzando fundamentalmente su rama más popular, dicharachera, alegre y exultante), consiguiendo estereotipar a nuestro país y ofreciendo de él una visión colorista y pintoresca.

De esta forma, decir Andalucía se convirtió en sinónimo de lo español (PEÑA de la, Mª. P: 1994-1995) y las obras que de allí procedían, con su marcado carácter localista, sus personajes arquetípicos, el interés por la representación de escenas cotidianas, inmediatas, asociadas por norma general a un carácter festivo que exaltaría lo nacional y popular frente a lo extranjerizante (ÁLVAREZ, J y ROMERO, A (Eds): 1998), se convirtieron en reclamo tanto para una clientela burguesa,que huía de lo trascendente, de la realidad cambiante y convulsa del siglo que les había tocado vivir y demandaba un tipo de obras superficiales, triviales, como para otro tipo de público, extranjero, que buscaba el tópico de lo español (TORRES, B: 2010).

Dentro de este contexto podemos enmarcar a nuestra protagonista, donde se presenta a una pareja de jóvenes dialogando o más bien, flirteando, en un sereno entorno natural abierto sobre un fondo boscoso de la campiña andaluza.

Pareja serrana. Museo del Romanticismo.

Pareja serrana. Museo del Romanticismo.

Las figuras responden a los modelos tipificados del momento: la joven a modo de manola, como una bella mujer exuberante, voluptuosa, de pelo negro peinado en bandós, que al pintor le gustaba decorar con flores de vivos colores en numerosas de sus composiciones. Su indumentaria, también característica para sus modelos femeninos, presenta una rica falda de volantes, pañuelo cruzado sobre el pecho y mantilla cubriéndole parte del cabello. Con su mano izquierda agarra un abanico, mientras que la derecha apoya en la cadera con un coqueto gesto.

Toda su atención la ocupa el hombre que, frente a ella, aparece montado en un caballo enjaezado pródigamente con arneses rojos. Éste responde al tipo conocido como “majo” aunque al ir a caballo, podría ser más bien el denominado “caballista”, puesto que su posesión le muestra como exponente de una satisfactoria situación económica en una sociedad agraria (REINA, A: 1996). Su indumentaria, sin embargo, le acerca más a la figura de los bandoleros, ya que se presenta con chaquetilla corta, fajín, pantalón, polainas y el característico sombrero calañés. Se trata nuevamente, de un tipo recurrente, perfilado como la figura anterior, con una gran calidad de dibujo, donde el autor buscaba reflejar cada detalle.

La Copla. Manuel Cabral y Aguado Bejarano. Museo del Romanticismo.

La Copla. Manuel Cabral y Aguado Bejarano. Museo del Romanticismo.

Su creador, Manuel Cabral, fue hijo del también pintor Antonio Cabral Bejarano, con el que se formaría en el oficio, aunque más tarde también cursaría estudios en la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, apegada a la herencia murillista y velazqueña, en la que posteriormente ejercería como maestro. Llegó a ser Pintor de Cámara de la reina Isabel II así como de los duques de Montpensier, generándose un puesto cada vez más relevante dentro de la escuela costumbrista andaluza, compartido con otros autores de la talla de Joaquín Mª Fernández Cruzado (1787-1856) o Valeriano Domínguez Bécquer (1833-1870). Junto a esta corriente, la España del siglo XIX vio florecer otra escuela de renombre: el costumbrismo madrileño, con artistas como Leonardo Alenza (1807-1845) a la cabeza. A diferencia de los artistas del Sur, que tenían en Murillo a su precedente, la corriente madrileña tomaría como referente a Goya y su pintura crítica y realista, la cual, les aportaría una forma de ver la sociedad más desgarrada y patética (TORRES, B: 2010).

Si los andaluces enseñaban una imagen cordial, afable, carente de cualquier sentido crítico, los de la capital se mostraron más ácidos y sarcásticos y en sus obras, la sociedad se suma en un mayor anonimato, a modo de mole expresiva y dramática, completamente opuesta al detallismo andaluz y, por ende, a su carácter narrativo.

Vía| TORRES, B. (2010): Museo del Romanticismo. Guía. Ministerio de Cultura, Secretaría Técnica. Subdirección General de Publicaciones, Información y Documentación.

Más Información| GALÁN, E.V.(1994): Pintura del Romanticismo Andaluz. Universidad de Granada. Servicio de Publicaciones; PEÑA de la, Mª.P. (1994-1995): “Aproximación entre pintura y narrativa en el costumbrismo andaluz del siglo XIX”, Norba: Revista de Arte. nº 14-15.

Imagen| Don Benigno de la Vega-Inclán, Pareja serrana

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