Patrimonio 


Parecen Perseo y Andrómeda… pero no lo son

Cuando nos enfrentamos a una pintura podemos hacerlo desde dos puntos de vista, ni consecutivos ni excluyentes. Por un lado, podemos valorarla desde un punto de vista formal, es decir, atendiendo  a cómo ha organizado el pintor los elementos de la obra (composición), qué gama cromática ha empleado, cómo ha solucionado la perspectiva, cómo es su pincelada… Por otro, podemos centrarnos en identificar, en leer la historia que cuenta. Esto, obviamente, es aplicable en términos generales sólo a la denominada pintura de historia, es decir aquellos cuadros que tienen por tema una escena histórica, mitológica o religiosa.

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Ingres: Ruggiero liberando a Angélica. 1819.

Pero para ser capaces de reconocer esas historias es necesario que tengamos unas nociones básicas  de historia y de literatura, ya sea religiosa (la Biblia) o mitológica (las Metamorfosis de Ovidio). De otra manera, sólo podremos valorar la obra por sus aspectos formales y, en cuanto a contenido, nos parecerá poco más que una pintura abstracta. O como decía el historiador del arte Erwin Panofsky, nos sentiríamos como un bosquimano que, ajeno a toda la tradición literaria y visual de Occidente, no vería en una Última Cena más que un alegre banquete.

Como espectadores, es frecuente que nos encontremos con este problema de no saber identificar de qué trata una obra especialmente durante el siglo XIX, momento en que la pintura de historia era el género de más prestigio y los pintores, en su afán por conseguir las medallas y el reconocimiento de crítica y público en los salones, rebuscaban en la historia, la mitología y la religión los temas más variopintos y desconocidos que ningún otro artista había antes abordado.

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Ingres: Ruggiero liberando a Angélica. 1841.

En esta entrada de hoy os queremos traer una obra que, si desconocemos su fuente literaria, es fácil que identifiquemos erróneamente con la historia mitológica de Perseo liberando a Andrómeda. Se trata de Ruggiero libera a Angélica de Ingres, un tema del que Ingres realizó varias versiones a lo largo de su carrera y del que podemos ver hasta el 27 de marzo algunas de esas versiones y varios dibujos preparatorios en la exposición dedicada a Ingres en el Museo del Prado.

La escena de Ruggiero liberando a Angélica procede del poema Orlando furioso, escrito por el poeta italiano Ludovico Ariosto (1474-1533), concretamente de su canto X.  El Orlando es una obra de gran extensión y complejidad, ya que enlaza diferentes historias de diversos personajes, procedentes estos a su vez de diversas tradiciones literarias.  Sin embargo, la gran protagonista femenina es Angélica la Bella, un personaje que aparecerá en otros libros de la época y que era considerada la mujer más hermosa del mundo. Como suele ocurrir con las protagonistas de muchos de los mitos, leyendas y novelas caballerescas, la joven ha de ser rescatada de una amenaza, en este caso un monstruo marino que habitaba las aguas del Mar de Irlanda y que cada mañana acudía a las costas de la isla de Ebuda para devorar una muchacha. Ruggiero (Roger o Rogelio según la traducción) irá a rescatarla montando un hipogrifo, una criatura legendaria mitad águila y mitad caballo.

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Burne-Jones: Perseo rescatando a Andrómeda. 1888.

Como puede comprobarse, la escena es muy similar a la planteada por la historia de Perseo rescatando a Andrómeda, que es incluida en diversas fuentes grecolatinas, entre ellas las Metamorfosis de Ovidio. Sin embargo, aunque Andrómeda también es ofrecida a un monstruo marino, Perseo no monta un hipogrifo: según las versiones literarias y artísticas, puede ir montado en Pegaso, el caballo alado hijo de la Gorgona Medusa, o simplemente volando gracias a las sandalias aladas de Mercurio.

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Ingres: Perseo y Andrómeda.

En cualquier caso, no cabe duda de que Ludovico Ariosto estaba retomando el mito clásico y que incluso Ingres, al elegir por tema este pasaje del poema del siglo XVI, buscaba también revisitar y releer la historia de Perseo y Andrómeda desde la revisión del siglo XVI, ya que durante los primeros años del siglo XIX, de mano del llamado estilo trovador, se pusieron de moda los episodios históricos y literarios ambientados en el siglo XVI. No en vano, el propio Ingres ya había abordado la escena de Perseo salvando a Andrómeda: en ella es fácil comprobar cómo la figura de Andrómeda es prácticamente idéntica a Angélica. Para transformar a Andrómeda en Angélica tan sólo bastó que el héroe, en lugar de volar con sus sandalias, montase un hipogrifo.

Vía|Ingres [catálogo de exposición]. Madrid: Museo del Prado. 2015.
Más información| GARCÍA GUATAS, Manuel: Jean Auguste Dominique Ingres. Historia 16. Colección El Arte y sus creadores. Madrid, 1993.
Imagen| Perseo y Andrómeda de Ingres, Angélica 1819, Burne-Jones, Angélica ovalado
En QAH| Ingres y el Romanticismo de la línea

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