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Palabra de diplomático: José Luis Díez

QAH: Ha sido Cónsul en Bulgaria, representante del Ministerio de Exteriores en la base militar española en Afganistán, segunda Jefatura en el Congo, y recién nombrado Encargado de Negocios de España en Azerbaiyán, además de su dilatada experiencia anterior en Berlín, Yakarta, entre otros. Entendemos que cada destino es diferente, y que las necesidades serán distintas, pero nos gustaría saber cuál es el común denominador respecto a la labor que desempeña un diplomático, ¿cuáles son sus funciones?

José Luis Díez, Encargado de Negocios de España en Azerbaiyán

José Luis Díez, Encargado de Negocios de España en Azerbaiyán

José Luis Díez: Las funciones de un diplomático se pueden resumir en dos: representar a España y prestar servicio a los españoles en el extranjero. Cada vez los países y las personas están más interconectados y necesitan tener un punto de referencia. Los diplomáticos son los funcionarios especializados en las relaciones exteriores, que hoy en día abarcan un sinfín de aspectos además del político: económico, cultural, social, etc. Y los españoles que viven en el extranjero o pasan sus vacaciones en otro país necesitan una representación española para resolver problemas de documentación, de relaciones con las autoridades del país, entre otros.

QAH: El Ministro Margallo está haciendo hincapié durante su mandato en lo que él ha llamado “diplomacia económica”. ¿Es necesaria una diplomacia económica en Azerbaiyán?

J.L.D.: Es la consecuencia natural de que hoy en día las relaciones entre los países tengan su núcleo principal en los intercambios económicos. La Unión Europea es un logro político incomparable, pero nació como una Comunidad Económica, la vieja “CEE”, que sirvió de base a la unión política muchos años después. Las empresas españolas han roto el muro que las aislaba del exterior y cada vez exportan más, algunas de las multinacionales más importantes del mundo son españolas, la inversión española en el exterior también ha conocido un crecimiento espectacular. Hay tecnología española en todos los rincones del mundo. Nuestras Embajadas y Consulados, junto con las Oficinas Comerciales y de Turismo, aportan a nuestras empresas conocimientos sobre el país en el que están implantados, su organización, su tejido empresarial, y facilitan el contacto entre ambas partes.

QAH: ¿Y cómo perciben los diplomáticos ese mensaje del Ministro? ¿Está el cuerpo preparado para ello? ¿Se han desarrollado programas de formación?

J.L.D.: Los diplomáticos hemos entendido el mensaje y estamos volcados con la diplomacia económica. La preparación se puede mejorar, pero se están haciendo muchas cosas, desde el gran número de temas de la oposición dedicados a cuestiones económicas hasta cursos específicos de comercio exterior, además de todo el programa de actividades de Marca España. Tenemos que trabajar codo con codo con la extensa red de Consejerías Económicas y Comerciales del ICEX, y hay muchas cosas que se aprenden con la experiencia. Y no hay que olvidar que si una característica define al diplomático es su capacidad autodidacta, de formarse continuamente, de no dejar de estudiar el resto de su vida, como los buenos médicos.

Azerbaiyán es un país con un crecimiento económico espectacular. Allí apenas se ha notado la crisis internacional. Era una economía basada en los hidrocarburos pero el país está haciendo un gran esfuerzo por diversificar su economía hacia otros sectores: modernización de la agricultura, energías renovables, turismo, infraestructuras, etc., todos son sectores en los que las empresas españolas tienen una gran experiencia y Azerbaiyán ofrece grandes oportunidades.

Ya hay empresas españolas en Azerbaiyán, como EPTISA y EUROHINCA. El Ministro García-Margallo visitó Bakú a finales del pasado mes de abril y en aquella ocasión se celebró un Foro Empresarial con la participación de 32 empresas españolas y más de 100 azeríes. Es de desear que este impulso se mantenga y Azerbaiyán se convierta en un importante socio económico de España.

QAH: ¿Cree que la preparación de los funcionarios de más alto nivel, como es el caso de los que han accedido al cuerpo diplomático, es acorde con las necesidades que exigen las funciones del cargo? En otras palabras, ¿sirve de algo lo que usted estudió en la oposición para lo que está haciendo ahora?

J.L.D.: Una de las cosas que hacen más bonito el trabajo de un diplomático en el exterior es la variedad: seguir la política y la economía de un país, organizar manifestaciones culturales españolas, llevar el Registro Civil Consular y hacer funciones de notario, expedir documentos, etc. El temario de la oposición refleja todos estos campos; otras oposiciones son más técnicas, como la de inspectores de hacienda o la de fiscal, y sus temarios más especializados, pero los estudios necesarios para entrar en la Escuela Diplomática abarcan muchos campos y tienen interés por sí mismos: derecho internacional, derecho civil, economía, sociología, historia, y además los idiomas. Es un conjunto de conocimientos de un gran valor. Pero sin duda es luego la práctica, como he dicho antes, la que forma al diplomático. Algunas cosas no se aprenden en la oposición, el diplomático tiene que tener una enorme capacidad de relación, en las situaciones más difíciles, y sin poder dejar resquicio al cansancio. Tiene que estar siempre preparado para una negociación, para una reunión, para atender a un turista español en apuros, para reaccionar ante una crisis en el país en el que está trabajando. El trato con la gente hay que cultivarlo, desarrollarlo, y hay que tener la paciencia y la energía necesarias.

QAH: ¿Cree que la formación universitaria es útil para el desarrollo de una carrera diplomática? ¿Cuál es la carrera universitaria que, a su juicio, es más adecuada para desarrollar la carrera diplomática?

J.L.D.: La carrera universitaria es un mínimo. Ninguna carrera cubre por sí sola el amplio abanico de funciones que tiene que desplegar un diplomático en el exterior. Los diplomáticos que han estudiado derecho en la universidad tendrán que extender su formación en economía y viceversa. Pero también es cierto que el derecho es la estructura de la sociedad y también de las relaciones internacionales. De ahí que una parte importantísima del temario de las oposiciones lo constituyan las diferentes ramas del derecho y que en el año de formación en la Escuela Diplomática se haga hincapié en materias jurídicas muy específicas como el derecho civil, el registro civil, o el derecho de la nacionalidad.

QAH: Antes de ser diplomático fue funcionario de la Jefatura de Tráfico de Madrid, y en concreto examinador para el permiso de conducir. Sus experiencias de ese periodo están recogidas en un libro sobre el examen de conducir y seguridad “Aprobar el carné de conducir ¡a la 1ª!”, de la colección Para Torpes de ANAYA. Respecto a la seguridad vial, ¿cree que las políticas llevadas a cabo por los últimos gobiernos han contribuido a la mejora de la seguridad vial en España?

J.L.D.: Las cifras son claras, el número de accidentes y de víctimas se han reducido considerablemente. El fin de la tolerancia con el alcohol y con el exceso de velocidad han sido determinantes y la implantación del carné por puntos ha sido muy positiva, tiene una gran aceptación social. Estamos conduciendo mejor.

QAH: ¿Cuáles son, a su juicio, los errores más graves y más frecuentes que se cometen en los exámenes de conducir? ¿Cómo cree que su libro puede ayudar a evitarlos?

J.L.D.: El origen de la mayoría de los suspensos es la falta de observación del tráfico. Los alumnos se preocupan más de dominar el coche y sus mandos, de conducir con soltura, de que no se les cale el coche. Pero el tráfico es cambiante y lleno de sorpresas. El conductor, el alumno, tiene que prestar atención a todo lo que le rodea, los movimientos de los otros coches, los semáforos y las otras señales, e intentar anticiparse a situaciones de peligro. Esto necesita preparación, y sacarse el carné cuesta dinero y a veces los alumnos van con menos clases de las necesarias.

El libro recoge todos los aspectos relacionados con sacarse el carné, desde cómo elegir la autoescuela a los problemas más frecuentes que se presentan el día del examen. Y termina con consejos para nuevos conductores que creo que son importantes, animándoles a ser personas cívicas y responsables al volante, a no caer en la tentación de convertirse en conductores agresivos e insolidarios.

QAH: ¿Cree usted que la formación en conducción debe ser objeto de enseñanza reglada en la educación secundaria o postobligatoria?

J.L.D.: La Dirección General de Tráfico ya lleva a cabo campañas muy importantes de Seguridad Vial dirigidas a los estudiantes, pero hay mucho que hacer. La circulación es un fenómeno muy complejo, pasamos buena parte de nuestra vida desplazándonos por las vías públicas, tanto en vehículos como a pie, y hay que conocer las normas para que ese tráfico de millones de personas y vehículos se haga con seguridad.

En la enseñanza secundaria se pueden dar conocimientos teóricos sobre seguridad vial, pero la enseñanza de la conducción en la práctica siempre será una tarea de las autoescuelas.

QAH: Por último, y como preguntamos a todos nuestros entrevistados, ¿qué opina de iniciativas que fomentan el aprendizaje continuo como Qué Aprendemos Hoy?

J.L.D.: Qué Aprendemos Hoy es una magnífica herramienta para mantenerse al día en numerosos campos: política, economía, cultura, etc. Se dice que hoy vivimos en la sociedad de la información, aunque a mí me gusta más hablar de sociedad del conocimiento. Las nuevas tecnologías nos abruman con un volumen de información inmanejable, pero el conocimiento es otra cosa. Hay que separar la información de calidad, veraz, que mejora nuestra educación y conocimiento, de la información que sólo es ruido mediático. Las iniciativas como Qué Aprendemos Hoy nos ayudan con esa selección de informaciones de fondo, las que nos permiten formar criterio y opinión en los asuntos que nos preocupan.

Además, Qué Aprendemos Hoy es una iniciativa abierta, que sirve de cauce a especialistas profesionales para expresar sus opiniones dentro de sus materias, sus numerosos colaboradores pueden intercambiar puntos de vista distintos y enriquecerse mutuamente, y al resto de los lectores.

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