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¿Pacta sunt servanda?

“Pacta sunt servanda” es un principio general del Derecho que significa que los contratos deben ser cumplidos. Desde el Derecho Romano se viene dando por sentado que las partes que han firmado un contrato deben cumplir lo pactado. De la misma manera se articula hoy en día este principio en el Common Law anglosajón, donde el incumplimiento de lo firmado en un contrato dará lugar a una acción de daños, donde la parte que incumplió deba restituir a la otra parte.

Parece que este principio no puede gozar de mayor lógica y justicia, y esta lógica aparente le ha dotado de gran fuerza en todos los ordenamientos jurídicos internacionales.

Pero si miramos la institución jurídica del contrato desde un punto de vista económico y patrimonial, viendo más allá de las formas jurídicas y estudiando el fondo y la verdadera esencia jurídica del contrato, que no es otro que el intercambio patrimonial de un bien económico, el principio “pacta sunt servanda” solo debería aplicarse cuándo una de las partes ha cumplido, y la otra no lo ha hecho. Pero de ninguna manera debería operar cuándo ninguna de las partes ha cumplido aún con su respectiva obligación contractual.

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Por cuánto que la libre voluntad de disposición de las partes prima sobre la figura del contrato, que no es más que una extensión de dicha voluntad. Y por supuesto la voluntad humana libre y no condicionada no puede verse constreñida por una decisión pasada, o lo que es lo mismo, la libertad impide que seamos prisioneros de nuestros actos pasados (siempre que no medie dolo, culpa o negligencia, claro está). Poca explicación requiere el hecho de que un hombre libre puede hoy pactar una cosa, y cambiar mañana de parecer. Y si la otra parte no ha realizado ninguna prestación, nada habrá de restituir quién decide abandonar el contrato.

Veamos con un ejemplo esta interpretación jurídica del párrafo anterior. Pedro es un agricultor que firma un contrato en julio para vender su uva al bodeguero Pablo en septiembre, en la campaña de vendimia, a un precio de 8 € kilogrado. Llegado el momento de ejecución del contrato, y no habiendo Pablo pagado nada a Pedro, este último decide que la cosecha es muy escasa pero de buena calidad, y cree que en el mercado podrá obtener 9 € kilogrado por su uva, por lo que decide romper el contrato. El bodeguero Pablo reclamaría en base al principio “pacta sunt servanda” que ha de cumplirse el contrato que firmaron, o de lo contrato pedirá una indemnización a Pedro, alegando probablemente que realizó previsiones de negocio o acometió inversiones en base al contrato firmado en julio, pero realmente si nada pagó o ninguna prestación contractual realizó, nada debería restituir Pedro, pues nada ha expropiado a Pablo. La libre voluntad humana puede cambiar, y solo es dueña del libre albedrío de cada uno. La mera promesa contractual no debería ser vinculante, pues entonces constriñe la libertad de las partes.

Cosa distinta sería que hubiese una prestación ya cumplida por Pablo. Por ejemplo, un adelanto o señal, que debería restituirse con la tasa de intereses correspondiente. Aunque está claro que en la práctica lo más factible para el que dio la señal pero debe cambiar su voluntad es negociar y llegar a un nuevo acuerdo, para no perder total o parcialmente dicha prestación.  

Sicivil2 el contrato fuese de Futuros, donde el comprador adelanta una prima y deposita unas garantías,  el vendedor que incumpla siempre deberá restituir dichos pagos, o bien se ejecutarán las garantías correspondientes.

Finalmente indicar que muchas veces nuestra doctrina y jurisprudencia han utilizado otro principio jurídico, llamado “rebus sic stantibus” para llegar al mismo fin aquí indicado pero dando mucho más rodeo. Este principio jurídico dispone que los pactos deben cumplirse siempre que no cambie el estado general de las cosas. Es decir, y utilizando otro aforismo más, “ceteris paribus“.

En nuestro ejemplo de más arriba, puede que lo pactado en julio no debiera cumplirse en septiembre por haber variado notablemente las circunstancias del mercado o la cosecha. Pero lo cierto es que esto no es sino un razonamiento inadecuado y forzado para llegar al fin más justo, que debe venir dado por la interpretación aquí explicada de que la libre disposición de la voluntad de las partes prima sobre el contrato, “ex ante” y “ex post” y que la responsabilidad por incumplimiento solo puede devenir cuándo una de las partes ha cumplido y la otra no lo ha hecho.

Vía| Wikipedia

Más información| vlexMurray Rotbard

En QAH| El contrato de futuros, La claúsula rebus sic stantibus

Imagen| Justicia , Balanza

Andrés Muñoz Barrios Escrito por el ago 28 2014. Archivado bajo Jurídico.





CONOCE AL REDACTOR

Andrés Muñoz Barrios

Andrés Muñoz Barrios

Licenciado en Derecho

Máster en Economía, Marketing, Finanzas, Práctica Jurídica y Comercio Internacional.

Miembro de EFPA España (EFA-II)

Trayectoria profesional desarrollada en el ámbito comercial y financiero, en los sectores de Energía, Banca y Vinícola.

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