Historia 


Pablo Domínguez, el sacerdote que llegó hasta la Última Cima

Todos los días perdemos una docena de genios en el anonimato. Y se van. Y nadie sabe de ellos, de su historia, de su peripecia, de lo que han hecho, de sus angustias, de sus alegrías “. Ésta es una de las frases emblemáticas del gran periodista Juan Antonio Cebrián y que puede aplicarse a un genial sacerdote que falleció hace ahora ocho años tras llegar a la cumbre del Moncayo. Se llamaba Pablo Domínguez y nació en Madrid el 3 de julio de 1966.

 

Aunque no murió en el “anónimato”, pues su nombre era bastante conocido entre los católicos madrileños e, incluso, según algunos rumores, era futurible Obispo, sí que merece el honor de ser considerado uno de esos doce genios que se marchan cada día y nos legan una profunda huella filosófica, espiritual y humana. Se ordenó sacerdote en 1991, en Madrid, tras haber estudiado en San Dámaso. Se puede decir de él que fue un auténtico humanista de nuestro tiempo: Doctor en Filosofía y Teología. Fue Decano de la Facultad de Teología San Dámaso. En una conferencia sobre la crisis de la razón, que aparece en la película “La Última Cima” se le presentó como “la mejor cabeza que tiene la Iglesia en España”.

Era un hombre polifacético. Dio conferencias sobre la unión entre Razón y Fe en las que negaba que haya contradicción entre religión y ciencia. De hecho, explicaba que frases como “religión versus filosofía” son erróneas en sí mismas. Participó en numerosos debates sobre cuestiones humanísticas. Pero, cuando le preguntaban ¿Qué se considera primero, teólogo, filósofo o sacerdote? siempre respondía que era “en primer lugar sacerdote, en segundo lugar sacerdote, en tercer lugar sacerdote“. Como profesor era realmente carismático. Sabía explicar las cuestiones más complicadas de la Teodicea y la Lógica con la sencillez de un sabio maestro que hablaba con humilde claridad. Era también un hombre entusiasmado con su vocación, el sacerdocio, y sobretodo un hombre profundamente enamorado de Dios. Tenía enseñanzas como “Cuando tengáis momentos de turbación,  ¡recordadlo! Que no nos seduzca nunca el maligno con máscaras de falsos amores. ¡Sólo Cristo y sólo su Amor es la Vida!“. Publicó siete libros, entre ellos “Indeterminación y Verdad”  y escribió decenas de artículos. Supo anticiparse al Atrio de los Gentiles que impulsó el Papa Francisco, pues no dudaba en debatir sobre la existencia de Dios con pensadores no creyentes.

Explicaba, además, que la realidad está regida por un Logos y que el estudio de la Lógica enseña al hombre a distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre las opiniones y la verdad. También reivindicaba el valor de la intuición como medio para conocer y enseñaba que “la realidad no es neutra sino que es positiva, existe porque alguien (Dios) la ha querido“.

El director de cine Juan Manuel Cotelo realizó una película sobre Pablo Domínguez que, según aseguró, estuvo inspirada en los ejercicios espirituales que dio en febrero de 2009 a las monjas de Tulebras (Navarra). Por su carisma, y la sencillez con la que sabía explicar las cuestiones de fe, muchos sacerdotes, monjas y laicos de todo el mundo le pedían que predicase Ejercicios Espirituales. En Tulebras habló sobre la muerte, y lo hizo no solo con alegría, sino reflejando la esperanza cristiana en la vida eterna. Además del sacerdocio, le apasionaba el montañismo. Por este motivo, y tras terminar aquellos Ejercicios, decidió subir al Moncayo (2.300 metros), la última cumbre española que le quedaba por conquistar. Había coronado todas las cimas españolas con más de 2.000 metros e, incluso, llegó a coronar cimas de mas de 4.000 metros en los Alpes, amén de otras en América y Asía.

Era buen montañero. Coronó todas las cimas españolas con más de 2.000 metros, también algunas de Los Alpes con más de 4.000 metros, y otras mayores en América y Asia. Siempre que podía, celebraba misa en la cumbre. “Sacaba su crucifijo y celebraba esas misas que él llamaba cósmicas“, dice Cotelo.

Pablo fue hallado muerto en compañía de una montañera. La causa del fallecimiento fueron los diversos golpes que recibieron al despeñarse por la ladera helada del Circo de San Gaudioso, cuando descendían de la cima del Moncayo. Aquel 15 de febrero, un día después de finalizar los ejercicios espirituales que había predicado en Tulebras, decidio subir en compañía de Sara de Jesús y en la cima del Moncayo celebró su última Eucaristía en la Tierra. Un día después ambos fueron hallados muertos y la noticia no tardó en recorrer el país. Fueron muchos quienes lloraron la tarde del 16 de febrero, pero lo hacían con la esperanza de que ahora tenían un amigo en el Cielo.

Quienes le conocieron, recuerdan a Pablo Domínguez como una persona que desbordaba alegría. Tenía un gran sentido del humor, como cuando respondió a un joven heavy ‘¿Qué pasa macarrilla?’ ante la pregunta ‘¿Qué pasa cuervo?’ que aquel le había realizado mientras viajaban en el metro. El director Juan Manuel Cotelo recuerda que Pablo “se hacía querer fácilmente por todos; por la gente joven, con los que mas trabajaba, pero también por los mayores, y tenía un nivel intelectual impresionante y una humildad terrible. Con los niños tenía una magia especial; si en una misa un niño lloraba él, en lugar de molestarse, pedía a todos que le escuchasen y que aprendieran a ser como ellos“.  Se le recuerda con cariño por su cercanía, sentido del humor, la alegría y la vitalidad que desbordaba. Era una persona, cuenta uno de sus alumnos, que supo enseñar la unión entre fe y sabiduría, inteligencia y amor hacia los otros y hacia el trabajo para vivir “una vida que merece la pena“.

Entre las anécdotas mas entrañables está la de que, en una ocasión, había preguntado en unos conocidos grandes almacenes por un libro escrito por sí mismo. La dependienta, al no encontrarlo, le preguntó ¿Está usted seguro de que el autor es ése? y él contestó “sí, sí, vamos, se lo digo yo“. En su última clase deseó a los alumnos que todo lo que habían aprendido les sirviera “para la vida eterna. Si no, ¿Para qué?“. Y, realmente, independientemente de creencias, aquello que aprendemos en nuestra vida debe tener un eco en la eternidad. Tanto en el nivel espiritual como en el sentido de que hemos nacido para dejar una huella en los demás.

He llegado a la cima“. Estas son las últimas palabras que Pablo Domínguez dijo a su familia por teléfono, minutos antes de morir. Concluyendo podríamos decir que, efectivamente, llegó a la cima pues se convirtió en una de esas personas que influyó positivamente en quienes le conocieron dejando una profunda huella en sus corazones.

Vía| Pablo Domínguez Prieto

Más información | La vida de Pablo Domínguez contada en “La Última Cima”; Pablo Domínguez Prieto (Dialnet); La Última Cima, película sobre un sacerdote; El cura que alcanzó la cima

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