Economía y Empresa 


Otra respuesta a la economía

Paul Krugman, premio Nobel de Economía

En octubre de 2008, Paul Krugman, premio Nobel de Economía, escribía sobre la crisis inmobiliaria sobrevenida en aquel momento, advirtiendo  que “todos los síntomas apuntan a un desplome económico feo, brutal y largo”. Continuaba afirmando que “está políticamente de moda despotricar contra el gasto estatal y pedir responsabilidad fiscal. Pero ahora mismo, un mayor gasto estatal es justo  lo que el doctor receta, y las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso”.

Eso era moda en EE. UU. hace tres años y ahora lo es en España. No hay día en que no nos martilleen los oídos con la misma monserga: la necesaria reducción de déficit público. Esa tesis era la que defendía el candidato republicano de entonces en USA, y es la que mantiene el Gobierno español de ahora. Vamos a tener en 2012 los presupuestos más restrictivos de la historia de nuestra democracia y de muchos años atrás. Pero el presidente  Obama no hizo mucho caso de la misma y puso en marcha una política de incentivación de la inversión pública, que ha permitido a esa nación una recuperación lenta y un mantenimiento del nivel de desempleo en torno al 8%.

La razón que nos exponen para que aceptemos pacíficamente esta situación es que, de este modo, damos seguridad a los mercados y sentamos las bases para un crecimiento futuro. Este argumento es doble: dar seguridad a los poseedores del dinero mundial y sentar las bases del crecimiento. La primera parte puede ser cierta, pero la segunda es, cuando menos,  discutible. Y, según muchos economistas serios y acreditados, como el profesor Krugman,  podríamos afirmar que es falsa. Simplemente se invoca la fe del carbonero: “crea usted en mí, porque yo tengo razón y porque usted es un ignorante de la economía”.

Resulta sorprendente que una realidad tan clara, como es la eliminación drástica del crédito bancario para familias y empresas, de cualquier sector, no solo del inmobiliario, no sea reconocida como la causa inmediata de la crisis económica, y, en su lugar, se culpe al exceso de gasto público. Este, aún a pesar de la mala utilización puntual por algunos, ha sido el motor del desarrollo de todos los países, tras la segunda guerra mundial, siguiendo las aportaciones keynesianas a la teoría económica. No estamos hablando de socialismo, más o menos radical,  sino de estudio crítico del liberalismo a ultranza.

Otra respuesta a la economía

Por mucho que nos lo repitan, no vamos a creer este nuevo dogma, por el cual es necesario reducir el déficit para que los mercados nos presten el dinero necesario para crecer. Esto es otra falacia. España ha crecido con un sistema laboral moderno, basado en un Estatuto de los Trabajadores y una política social avanzada. No es verdad que sea necesario recortar derechos para crecer. Con independencia de que en España tenemos uno de los niveles más bajos de salario mínimo interprofesional de Europa, los empresarios no necesitan despidos baratos, sino capital circulante para estimular la actividad de sus empresas. Lo que sí es necesario es reflexionar sobre el papel del dinero en una economía moderna. Para entendernos mejor, un ejemplo. El capital circulante en la empresa es como la sangre en el cuerpo humano. No da la vida, pero la permite. Si nos falta, languidecemos y enfermamos. Si la empresa tiene que pagar a sus proveedores y no dispone de capital circulante, o tiene que cobrar al contado, cosa imposible para la mayoría, o tiene que reducir su actividad o cerrar. Eso es lo que está ocurriendo en nuestro país.

Reducir el gasto público es reducir el empleo, bajar el consumo y acentuar la crisis. Esa es la pura y dura realidad. El futuro que esto nos depara no es el crecimiento, sino profundizar en la crisis. ¿Porqué se regula el mercado laboral y no el financiero?.  Creemos que es así porque los gobiernos han renunciado a cumplir con su cometido, no solo regular todas las relaciones laborales, sino las sociales, las de quienes prestan su esfuerzo laboral y las de quienes prestan el capital necesario para la economía productiva. Se limitan a regular lo accesorio, pero no profundizan. Se crea una administración compleja pero no se legisla adecuadamente. Aparte de pregonar que estas políticas restrictivas están preñadas de supuestas eficiencias y seriedades que ya nuestra sociedad no cree, sino que soporta porque solo quedan soluciones extremas y no deseadas.

No es hora de restringir, sino de incentivar y de obligar a que circule el dinero depositado en los bancos. Dinero, por otra parte,  tan fácilmente recibido por estos del Banco Central Europeo y de los depósitos de los ciudadanos provenientes de su ahorro.  Este es el único camino que puede conducirnos al progreso económico y alejarnos de la recesión.

 

Imagen| Paul Krugman, Economía

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