Historia 


Otón I y el Imperio de los 900 años

Como si de una fábula se tratara los orígenes de Otón el Grande parten de una historia que, a pesar de su base real, establece un punto de partida excepcional para uno de los imperios europeos más poderosos que el mundo ha conocido. Y es que las leyendas establecen que Otón, uno de los herederos de una de las familias alemanas más preeminentes, rescató a una bellísima reina llamada Adelaida de un terrible destino a manos de un tirano llamado Berengario. Habiendo sido ella liberada y Berengario sometido, una enamorada reina viuda accedería a casarse con su salvador otorgándole a éste el gobierno de la Lombardía. La realidad, sin embargo, dista mucho de parecerse a las leyendas que exaltaban la figura de uno de las personalidades más importantes del siglo X. Como otros tantos reyes de su tiempo la historia de Otón contiene luchas por el poder, cruentos enfrentamientos y muchísimas sombras.

corona

Corona que se ceñían los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Actualmente se conserva en la Schatzkammer del antiguo Palacio Imperial de Hofburg (Viena).

Otón I, fundador del Sacro Imperio Romano Germánico, era hijo de Enrique el Cazador (también conocido como el Pajarero), duque de Sajonia y rey de Germania. Nacido en 912 del segundo matrimonio del monarca con Matilde de Ringelheim, su padre ejercía como monarca en un territorio en el que se imponía con mano de hierro un sistema de carácter federal en el que el rey concentraba el poder. Con el objetivo de perpetuar el sistema ideado por él mismo Enrique optó por asociar en 929 a su hijo Otón al trono. Convertido en el heredero, Otón ascendería al trono siete años después cuando su progenitor muriera repentinamente de lo que se cree un ataque cerebral. Teniendo como referente a su padre, quien se había enfrentado en contra de húngaros, nórdicos y eslavos, e inspirado inevitablemente por la figura de Carlomagno, al acceder al poder se hizo coronar en Aquisgrán bajo el título carolingio de Rex et sacerdos en 936.

A pesar de que se creía que Otón continuaría con la estabilidad heredada por su progenitor, los inicios de Otón I como regente no serían fáciles. El mismo año de su coronación tuvo que hacer frente a una rebelión encabezada por su propio hermanastro Thankmar, quien como primogénito de Enrique el Cazador había conseguido los apoyos suficientes como para hacer válido su derecho a ostentar el trono de su padre. Si bien Otón I aplacó la revuelta de su hermanastro, ésto sentaría un peligroso precedente ya que poco después Enrique, duque de Baviera y hermano menor de Otón, se rebelaría en su contra. Este nuevo conflicto familiar debilitaría a un monarca que, a pesar de sus grandes aptitudes, estaba en desventaja frente a la audacia de un hermano que se había aliado en su contra con Everardo de Baviera y Gilberto de Lotaringia. La confrontación, sumamente tediosa para sus intereses, haría que Otón decidiera apartar a su propia madre de la corte ante las sospechas de que alentaba en secreto las aspiraciones dinásticas de Enrique. Únicamente con la derrota de los conspiradores, y una paz entre los hermanos, Otón podría comenzar a hacer posible su sueño de expandir sus dominios.

Adelaida

A la emperatriz Adelaida, beatificada y canonizada, se le reconoce su labor como evangelizadora de eslavos en las marcas orientales del Imperio.

Viudo de Edith de Inglaterra, fallecida en 946, Otón I dirigió sus primeros esfuerzos a adquirir tierras en la zona norte de la Península Itálica. Motivado por sus anhelos de engrandecer su reino entró en guerra con Berengario II por defender los derechos de Adelaida, hija de Rodolfo de Borgoña y viuda de Lotario II. Accediendo a hacer valer los derechos de la reina, Otón I se dirigió a Pavía y allí, previa reunión, se hizo coronar rey de los lombardos. Acto seguido Otón I y Adelaida contraían matrimonio, uniendo sus fuerzas y obligando a Berengario II a someterse y a acceder a rendirle vasallaje. Su acción en suelo lombardo llevaría a su reino a una nueva crisis debido a la rebelión en 953 de su primogénito Liudolfo, quien había deseado la Lombardía para sí mismo. A pesar de contar con un ejército fiero y muy leal, Liudolfo se vio incapaz de igualar las fuerzas combinadas de su padre y de su tío Enrique, unidos para acabar con la inestabilidad reinante.

Vencido su hijo, a quien se le retiró el ducado de Suabia de manera permanente, y con la Lombardía controlada, Otón I buscó reforzar sus fronteras. Es entonces cuando encontramos una primera referencia sobre una espectacular victoria de su ejército contra los magiares en la Batalla de Lechfeld en 955, siendo éste el final de las incursiones húngaras que habían ido azotando Occidente. Fortalecido por la victoria Otón I se dirigió al este y, derrotando a los eslavos en la Batalla de Recknitz, puso las bases de una futura expansión germana en esas tierras. Sólo así, y arengado por una gran mayoría, Otón I volvería a Pavía para ceñirse la corona lombarda y coronarse emperador en la Basílica de San Pedro de Roma en 962. Buscando no interferir en sus respectivos intereses, Otón I y Juan XII signaron el Privilegium Ottonianum por el cual se establecía que la Iglesia seguiría recibiendo las mismas donaciones hechas por Pipino el Breve y Carlomagno tiempo atrás, así como la jurada fidelidad del papa al emperador.

OttoII

Otón II el Rojo (955-983)

Su coronación como emperador situó a Otón I en un lugar de clara preeminencia, con un gran territorio en su poder y un letal ejército a sus órdenes. Sin embargo los problemas no tardarían en aparecer. Ante una traición por parte de Juan XII, quien veía peligrar su importancia en la cristiandad, Otón I decidió deponerlo en beneficio de León VIII en 963. De esta forma se iniciaría una etapa de gran inestabilidad que únicamente se solucionaría con un nuevo reconocimiento de Otón como emperador y el derecho de su hijo, el futuro Otón II, a heredar el título y sus derechos. Su pretensión de dirigirse al sur de la Península y adquirir dominios mediterráneos sometiendo a bizantinos y musulmanes fue un fracaso, obligándole a replegarse a Germania y a abandonar su empresa. Su último momento de esplendor antes de su muerte en 973 sería un último tratado en el que, por alianza, Otón I conseguiría prometer a su heredero con Theofania, sobrina del emperador bizantino.

A pesar de que su linaje se extinguiría poco después el Sacro Imperio Romano Germánico establecido por Otón I seguiría con vida hasta 1806, año en el que fue suprimido ante el peligro que suponía para Europa que Napoleón Bonaparte se hiciera con el título y las atribuciones que tiempo atrás tuvieron muchos de los emperadores que se ciñeron la corona imperial.

 

Vía| Mitre, E. (2009). Una primera Europa: romanos, cristianos y germanos (400-1000), Encuentro S.A; Rapp, F. (2003). Le Saint Empire romain germanique: D’Otton le Grand à Charles Quint, Seuil.

Imágenes| Mosaico, corona, Adelaida, Otón II

En QAH| ¿Nació Europa en la Edad Media? Homenaje a Jacques Le Goff

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