Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Oscar Niemeyer: La revolución de la curva

“Lo importante no es la arquitectura. Lo importante es la vida. La arquitectura no puede cambiar la vida. Sólo la vida puede cambiar la arquitectura. El día en que el mundo sea más justo, la arquitectura va a cambiar y será más sencilla, como el mundo. Mientras tanto, vamos a hacer lo posible, embellecer las cosas, tratar de sorprender, asombrar, llamar la atención sobre algo”.

Brasileño y  enamorado de la mujer, pesimista empedernido pero amante de la vida, ateo y comunista, carismático, longevo y fumador, vividor y arquitecto… adjetivos que describen la obra profesional de Oscar Niemeyer, y es que todo lo que producimos en nuestra vida es un reflejo de nuestra persona, una proyección de nuestro recorrido vital en hechos, objetos que quedan como impronta de mayor o menor dimensión. La suya, es arquitectura en mayúsculas,  con vida propia, con una firma y una personalidad indiscutible.

Congreso Brasilia

Congreso Nacional de Brasilia

Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares, nacido el 15 de diciembre de 1907 en Río de Janeiro, llegó algo tarde a la arquitectura, a los 21 años su matrimonio con Anita Baldo lo llevó a abandonar una juventud bohemia sin mayores preocupaciones para comenzar a trabajar e ingresar en la Universidad. En cambio, no tardó en cuestionarla, después de experimentar en sus primeras obras con los trazos rectilíneos marcados por el entonces incontestable Movimiento Moderno, siendo incluso discípulo del mismísimo Le Corbusier (con quien participó en el proyecto de las Naciones Unidas en Nueva York), decidió que el material del siglo XX, el hormigón armado, además de sujetar también podía expresar modelándolo y liberándolo del ángulo recto. Pretende provocar y transformar la sociedad a través del arte, de la contemplación estética, lo que importa no es solo la función de las estructuras, sino la belleza y la revolución de las formas que han de romper la “monotonía de la línea recta, dura e inflexible creada por el hombre. Y es que, como recientemente dijo el famoso arquitecto Jean Nouvel, “Oscar Niemeyer representa el Matisse de la arquitectura”.

Croquis Niemeyer“Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida“

Pero como todos, nada fue fácil en el inicio, y también Niemeyer debió buscar su suerte y demostrar su genio cuando en 1934, ya convertido en arquitecto, olvida sus dificultades económicas y no duda en trabajar gratis para el urbanista Lucio Costa, quien veinte años después se acordará de él para trabajar mano a mano en la construcción de nada más y nada menos que una nueva capital: Brasilia. En cuatro años se construyeron varios ministerios, congreso nacional, tribunal federal, sede de la presidencia, catedral… todos edificios públicos, todos distintos pero con la misma firma y el mismo alma: arquitectura que sirve al pueblo en su uso y sobretodo en su forma, curvas y objetos libres llenos de significados que tratan de transmitir sorpresa, alegría y belleza a la sociedad a la que se ofrece. Será en Brasilia, en su ciudad utópica donde el sello original de la arquitectura de Niemeyer será reconocido mundialmente hasta la eternidad: la plasticidad y el dinamismo; la poética de la curva; la sensibilidad ante la emoción del espectador;  función, técnica y arte de la mano.

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Sede de Mondadori en Italia

En cambio el sueño de Brasilia se romperá pronto con la irrupción de la dictadura en Brasil. Niemeyer, con su reconocida militancia comunista se ve obligado a salir del país en 1966 con dirección París, y con ello comienza a exportar por todo el mundo esa arquitectura tan personal llena de ritmo brasileño. Construye obras sobresalientes como la sede del Partido Comunista Francés, la Universidad de Constantina en Argelia o la sede Mondadori en Italia.

En los años ochenta regresa a Brasil anunciando  su “última etapa” como arquitecto, largo final de 30 años que darán como resultados obras altamente originales y creativas, fruto de quien ya es un maestro y no debe demostrar sino crear, proyectando edificios como el “platillo volante” del Museo de Arte Contemporáneo de Niterói (Brasil), el Museo Oscar Niemeyer en Curitiba (Brasil) o el recién inaugurado Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer en Avilés (único edificio del arquitecto en España), además de diseñar  los célebres sambódromos de Rio de Janeiro y Sao Paulo. Finalmente en este último capítulo, pudo ver como el mundo le reconoció su genio, recibiendo premios como el Pritzker (considerado el Nobel de la arquitectura) en 1988, o el premio Príncipe de Asturias en 1989.

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Museo de Arte Contemporáneo de Niterói

Niemeyer ha sido uno de los grandes artistas y creadores de la arquitectura contemporánea. En el suave trazado de sus dibujos, en la levedad de sus estructuras, en la belleza de sus formas se aprecia un anhelo único e irrepetible de libertad y de rebeldía, de fantasía e imaginación. Desde su estudio en la legendaria playa de Copacabana ha trabajado hasta el final, hasta los 104 años, creando edificios entre davidoffs y algún whisky, en noches interminables entre amigos, proyectando y transmitiendo su modo de ver la vida en sus obras, y es que,  al final… “La vida es un soplo. Todo acaba. Me dicen que después que yo muera, otras personas verán mi obra. Pero esas personas también morirán. Y vendrán otras, que también se irán. La inmortalidad es una fantasía, una manera de olvidar la realidad. Lo que importa, mientras estamos aquí, es la vida, la gente. Abrazar a los amigos, vivir feliz. Cambiar el mundo. Y nada más.

Vía| PlataformaArquitectura OscarNiemeyer ElPaís

Más información| ArchDaily

Imagen| Congreso Nacional, Brasilia Sede Mondadori  Museo de Arte Contemporáneo en Niterói

Vídeo| YouTube: OSCAR NIEMEYER Fundación Caja de Arquitectos

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