Historia 


Origen histórico de la expresión “tirar de la manta”

Portada de El Jueves

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En esta ocasión os traigo otra expresión muy conocida por todos nosotros, y desgraciadamente, algo de moda en la actualidad en diversos círculos políticos salpicados por la corrupción. Hablo del popular dicho tirar de la manta. ¿Quién de nosotros, ante el inminente castigo que nos sobrevolaba, no tiró de la manta para intentar reducir la pena y repartirla entre los compinches de travesuras? Cómo definición genérica, hacemos uso del tirar de la manta para referirnos al hecho de destapar un asunto sucio y vergonzoso que hasta ese momento había permanecido oculto y que resulta comprometedor para aquél o aquellos implicados en el turbio asunto. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la expresión tirar de la manta es una locución verbal coloquial que significa descubrir lo que había interés en mantener secreto. Pero, ¿se refiere el término manta al actual objeto que nosotros conocemos y usamos para arroparnos en caso de frío?

Tenemos noticias de a qué tipo de manta se refiere el presente dicho gracias a la Historia de la Legislación de Marichar y Manrique, obra de mediados del siglo XIX. Según esta obra, en los siglos XVI y XVII, en Navarra, se tenía la costumbre de denominar mantas a los grandes lienzos que colgaban de las paredes de las iglesias en los cuales aparecía una relación de nombres y apellidos de aquellas familias descendientes de judíos conversos y que habían decidido permanecer en el territorio peninsular tras el decreto de su expulsión en 1492.

Como vemos, la expresión se encuentra íntimamente ligada a la situación de los descendientes de los judíos conversos. Tras el edicto de expulsión de los judíos por parte de los Reyes Católicos que ya hemos mencionado, muchos de ellos emigraron al todavía independiente Reino de Navarra, estableciéndose en Tudela y en los pueblos de la Ribera del Ebro. Pero esta situación solo duraría hasta 1498, cuando la protección otorgada por los monarcas navarros sucumbió ante las presiones de los reinos de Castilla y Aragón. Los judíos que se habían trasladado al reino navarro se enfrentaron a la disyuntiva entre la expatriación o su conversión al cristianismo.

Los judíos que decidieron convertirse al cristianismo y quedarse en la España lo hicieron, en teoría, sin ningún perjuicio. En los siglos siguientes se popularizó el término limpieza de sangre, aquél que provenía de un linaje cristiano puro o lo que también conocemos como un cristiano viejo en contraposición al cristiano nuevo o marrano. El hecho de tener antepasados judíos o ser conversos, por sí mismo, atraía la sospecha de la Inquisición y en numerosos cargos públicos o prebendas se solía requerir la acreditación de limpieza de sangre.

En la sinagoga se expone una copia de la célebre manta que los cristianos viejos tuvieron expuesta entre 1610 y 1738 con los nombres de los conversos tudelanos.

En la sinagoga se expone una copia de la célebre manta que los cristianos viejos tuvieron expuesta entre 1610 y 1738 con los nombres de los conversos tudelanos.

En 1610, se colgó en la Capilla del Cristo del Perdón de la Catedral de Tudela una gran tela, llamada manta, con el listado de unas doscientas familias conversas a modo de recordatorio y escarnio público. Y así, en muchos casos se tiraba de la manta cuando se sacaba a la luz un secreto inconfesable, como en este caso, los antecedentes familiares de determinados linajes pues no había peor amenaza o insulto que acusar a alguien de tener un antepasado mantudo (por aparecer en la manta). Esta manta permaneció colgada hasta el siglo XIX y los nombres de los judeoconversos inscritos en ella provienen de un documento notarial llamado Padrón de los seiscientos y cincuenta ducados que se dan al servicio del señor Rey.

Para que se conserve la limpieza de sangre y se sepa distinguir la calidad de los hombres nobles.

Existe otro posible origen, a modo anecdótico, para la expresión que nos ocupa y que nos lleva también a los siglos XVI y XVII, y en este caso, a las fondas que alojaban a los viajeros de menor poder adquisitivo. En ellas, era común el compartir cama entre viajeros para compartir gastos pero también se compartía la manta, de la cual cada uno tiraba con mayor ahínco para su máximo beneficio.

Quedándonos con la primera explicación, el objetivo de todo ello y el contexto que explica el tirar de la manta era el de investigar posibles falsas conversiones. Por ello, ahora entendemos el tirar de la manta como el descubrir o sacar a la luz asuntos sucios o turbios engaños y del cual muchos investigados actuales, que no ya imputados (sustitución del término por el Proyecto de Ley de Enjuiciamiento Criminal), usan para amenazar a sus compinches con airear todo lo necesario para no ser los únicos culpables y cubrirse las espaldas.

Vía|MuyHistoria, AulaFácil, Sefarad

Más información|AMELANG, J.S., Historias paralelas. Judeoconversos y moriscos en la España Moderna, Madrid

Imagen|El Jueves, Manta de Tudela

En QAH|Origen de la expresión “La ocasión la pintan calva“, Judíos sefardíes, de nuevo españoles

 

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