Historia 


Origen del conflicto anglo-escocés: la muerte de Alejandro III de Escocia

Alejandro III, rey de Escocia

Hoy, 18 de septiembre, se plantea un día decisivo para la historia de Escocia. Y es que se realiza una consulta, un referéndum preguntando sobre si se quiere seguir perteneciendo al Reino Unido, o si se prefiere ser independiente.  Por eso es conveniente que recordemos uno de los acontecimientos claves en el origen de la tormentosa relación que Escocia e Inglaterra han mantenido a lo largo de los siglos. Escocia, año 1286. Gobierna el país desde hace más de treinta años el Rey Alejandro III. El monarca se había casado en primeras nupcias con Margaret, hija del Rey de Inglaterra Enrique III, pero tanto ella como sus tres hijos (dos varones y una mujer) habían fallecido antes que él. Por esa razón, el monarca estaba preocupado por dar al reino un hijo que garantizara la estabilidad en Escocia. Por este motivo se concertó su casamiento con la joven francesa Yolande de Dreux. Sin embargo, antes de tener descendencia con su nueva esposa, cuando Alejandro se dirigía al encuentro de esta el 19 de marzo de 1286 fue sorprendido por una fuerte tormenta y, tras caer de su caballo, falleció. En ese momento, solo había sobrevivido una descendiente directa, su nieta Margaret, fruto del matrimonio de su hija con el rey de Noruega. Era la única que podía heredar los derechos a la corona escocesa. La compleja situación que la repentina muerte de Alejandro III había ocasionado en relación con su sucesión fue resuelta por una serie de acuerdos adoptados por los magnates del reino de Escocia que se conocen, en su conjunto, con el nombre de “Tratado de Birgham“. Los puntos más importantes de estos acuerdos fueron dos: – En primer lugar se designó un consejo de seis “Guardianes” del Reino, en el que se cuidó escrupulosamente de mantener el equilibrio entre el Norte y el Sur del país y entre las dos más poderosas familias de Escocia (los Balliol y los Bruce). El objetivo principal de este consejo era preservar los derechos hereditarios de la niña Margaret de Noruega durante su minoría de edad. – En segundo lugar se comprometió a Margaret, futura reina de Escocia con el hijo primogénito del rey inglés Eduardo I (quien posteriormente reinaría con el nombre de Eduardo II).

Eduardo I de Inglaterra

El frágil equilibrio conseguido con el Tratado de Birgham se rompió cuando Margaret falleció. Se hacía necesario elegir un rey y, para evitar lo que parecía un evidente riesgo de guerra civil, los Guardianes tomaron una decisión que, a la larga se demostró como desastrosa, aunque en su momento pareció acertada: solicitaron para dirimir la cuestión de la designación del nuevo rey el arbitraje del monarca inglés Eduardo I. El inglés inició un complejo juego de dilaciones y negociaciones para conseguir que previamente a solucionar la controversia se le nombrara como “Overlord” o señor soberano de Escocia y que todos los candidatos le rindieran homenaje. Esta petición venía avalada por la previa actuación de Eduardo en conflictos semejantes en el continente europeo (especialmente una disputa entre Francia y Aragón por el reino de Sicilia) y por los estrechos vínculos que unían a la mayoría de los nobles escoceses con el monarca inglés, ya que todos ellos tenían importantes propiedades en el reino de Eduardo, al que estaban unidos por tanto por vínculos de vasallaje. Lo que nadie previó en su momento es que para “Longshanks” su título de “overlord” de Escocia no era para nada simplemente honorífico y transitorio. Los dos principales candidatos al trono escocés eran John Balliol y Robert Bruce. Ambos eran descendientes de David, un hermano del rey de Escocia (1165-1214) Guillermo I. Balliol sostenía que su derecho era mejor porque su abuela era la hija mayor de David; por su parte, Bruce basaba su argumento en que era hijo de una hija de David, mientras que Balliol sólo era nieto de otra, y que a las mujeres no se les aplicaba la primogenitura. En todo caso, lo que Eduardo vio claramente que Balliol era más débil y maleable y, por tanto, más beneficioso para sus todavía ocultas ambiciones al trono escocés. Por ello la decisión de su arbitraje fue favorable a Balliol quien ascendió al trono con el nombre de John I. A partir de ese momento, Eduardo I comenzó la campaña de acoso y derribo del reino de Escocia que le valió lucir en su tumba el sobrenombre de “Martillo de los Escoceses”. La oposición a Eduardo en Escocia fue liderada de distinta manera y con diferente suerte por los dos más famosos caudillos escoceses, William Wallace y Robert Bruce… pero esa es otra historia y será objeto de atención en futuras entradas sobre este fascinante asunto.

En colaboración con Qué Aprendemos Hoy| Curiosidades de la Historia

Fuente| Mark Morris Edward I, A great and terrible King

Imagen| Alejandro III

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