Cultura y Sociedad, Patrimonio 


¿Ordenadores? No, gracias. Esto es Arquitectura

Glenn Murcutt, arquitecto, profesor y Premio Pritker 2002.

Glenn Murcutt, arquitecto, profesor y Premio Pritzker 2002.

Esto reza el cartel clavado en el Aula de Glenn Murcutt, el arquitecto australiano honrado desde hace más de una década con el más distinguido galardón entre los arquitectos, el premio Pritzker, a día de hoy profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de South Wales en Sidney. Y es que cuanto menos es curioso que en pleno siglo XXI y viviendo el auge de la tecnología en su más amplio sentido, esta celebridad siga trabajando en soledad a golpe de escuadra y cartabón, repudiando el ordenador como herramienta para los arquitectos de nueva generación, mientras el resto de despachos se lucran con los más ambiciosos proyectos de nuestro tiempo, atiborrados de retos técnicos, emotivos espacios o cautivadoras formas, y sin embargo a veces, según Murcutt, vendidos vacíos de Arquitectura

Hemos de considerar, en primer lugar, que en dos décadas el ordenador ha cambiado sin retorno la forma de ejercer la profesión. Los programas informáticos aceleran esta industria, principalmente porque una máquina copia más rápido y mejor que una mano; aunque el problema no se encuentra en la productividad, sino en el peligro de la sustitución de la mano por el diseño enteramente asistido por ordenador. Dibujar con lápiz y papel llena al ser humano de emoción, de duda, de imaginación y de imprecisión. Ésta última especialmente importante, ya que el diseño se caracteriza por una fase inicial con numerosas pruebas de ensayo y error, marcadas por la búsqueda de un orden desconocido cuya solución se halla a lo largo de este titubeante proceso. El ordenador, en cambio, es una herramienta que responde al lenguaje matemático, donde sólo ejecuta órdenes concretas y detalladas con exactitud, absolutamente premeditadas por diseñador que las envía. Mientras la mano se deja llevar por el inconsciente y piensa, junto al ojo y la mente, las propiedades y las proporciones a escala global, el ordenador solo puede comprender la información de forma fragmentada, discontinua y fuera de escala, desvinculando al artífice de este proceso creativo donde reside, según este experto, la quintaesencia de la buena Arquitectura.

Aunque lo realmente valioso sea aprender a vivir la profesión con la ilusión de Glenn Murcutt, todavía queda una esperanza para los alumnos de South Wales. Y es que este señor, después de todo un curso de dibujo a mano y destierro tecnológico, les permite, sin rencor, entregar el trabajo final empleando la herramienta que quieran. Imaginen con cual.

Más Información | The Thinking Hand, de Juhani Pallasmaa

Imagen | Glenn Murcutt

En QAH | Arquitectura, declaración de intenciones

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