Cultura y Sociedad 


Olimpiada Polaroid: relatos del flâneur digitalizado

“Existen tres clases de personas: aquellas que ven, aquellas que ven lo que
se les muestra y aquellas que no ven”.  -Leonardo Da Vinci

 Cuando el filósofo marxista Walter Benjamin se refirió al flâneur, ese hombre despreocupado que recorría las calles parisinas en las postrimerías del siglo XIX, con avidez por absorber las beldades de la ciudad, no imaginó el nuevo formato de parroquiano que sobrevendría tras la explosión de las pantallas como una parte central de nuestra contemporaneidad saturada de destellos.

Quien escribe este artículo concurrió, semanas atrás, a la muestra México moderno. Vanguardia y revolución, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). La selección congregaba lo más granado de los artistas plásticos más destacados del México de principios del siglo XX y ofrecía cuadros descomunales y reunía óleos cuyas texturas irrumpían con ímpetu tridimensional y esgrimían un lenguaje propio como testimonio del encuentro de México con la cultura europea, durante las primeras décadas del siglo veinte. Colores y gestos en la melancolía de Frida Kahlo, las sombras de David Siqueiros y las firmas de Diego Rivera, José Clemente Orozco y Ángel Zárraga, entre otros. La selección merecía una observación silenciosa. El sosiego de la contemplación.

La experiencia vicaria de sumergirse en ese viaje por el sendero de los pinceles se vio interrumpida, una y otra vez, por los destellos de los relámpagos del flash o el estallido irritante de un obturador que no fue silenciado oportunamente. El deambular por el recinto se vio obstruido asimismo ante la voracidad del que se fotografiaba a diestra y siniestra de la tela enmarcada. Tan incorporado se encuentra el hábito de fotografiarlo todo, que el hit de la exposición fue el retrato de Frida flanqueado por un marco de dimensiones idénticas pero que contenía un espejo en lugar de un lienzo, con el objetivo de tomarse una selfie “al lado” de Kahlo (y publicarlo en las redes, claro). Los visitantes circulaban como hormigas atribuladas mientras tomaban fotografías y circulaban registrando videos, fabricando Instagram stories y observando la maravilla analógica a través del prisma digital de la pantalla reducida del smartphone. La vitalidad o la opacidad de la intención del artista no encuentran una réplica exacta en su clonación digital. No obstante, las muchedumbres se agolparon frente a Diego Rivera para inmortalizar su “haber estado ahí” y saturaron sus equipos con una compilación de escenas que vaya uno a saber a dónde irán a parar.

Walter Benjamin sostuvo en su ensayo de 1936 La obra de arte en la época de reproductibilidad técnica (Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit) que el aura había muerto. La manifestación de una lejanía, la experiencia particular e irrepetible que rodea a la creación de esos lienzos o al cincel del escultor, había desaparecido por la proliferación de las postales, las serigrafías y la reducción al formato póster. Ese declive se repite a las puertas de la Cuarta Revolución Industrial, aunque con nuevas ínfulas, intangibles y virtuales. Lejos de la adquisición fetiche de una reproducción y su fijación en la pared del living, esa serialización se expande hoy por los laberintos de las plataformas de registro visual como Instagram, YouTube o Facebook, donde se acodan esas experiencias electrónicas con una similaridad que aburre. Ese tedio que Benjamin expresó al decretarle sentencia de muerte al aura se reaviva con la sucesión de imágenes hilvanadas con el hashtag que aglutina una experiencia vívida y la reduce al 2D del recuadro lumínico de los dispositivos tecnológicos.

Cabe preguntarse a dónde vamos cuando visitamos un museo. ¿Se trata de un safari fotográfico hi-tec, una olimpíada de polaroids electrónicas, o un intento por recuperar cierto espíritu predigital que escapa a los tentáculos de la pantallización de la vida cotidiana y el panoptismo de exhibirlo todo?

Vía| Museo de arte lationamericano de Buenos Aires, Biografía Walter Benjamin
En QAH| Identidades avatar, Detox digital: la libertad de decir no, Elegía del encuentro cara a cara

 

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