Historia 


Octavio Augusto, Princeps y Pontifex Máximo: su legado

Pocos personajes como Octavio Augusto han resonado tanto a lo largo de la Historia. Su legado llega hasta nuestros días. Tuvo un destacado papel como gobernante político y líder religioso en Roma.

augusto

Asumió el poder en una República desangrada entre guerras civiles y enfrentamientos que venían desde época de Cayo Mario y Sila. Instauró la conocida como Pax Augusta tras pacificar Hispania y las Galias. Se conmemoró erigiéndose el Ara Pacis en acción de gracias. Octavio fue un hombre muy religioso. Muy devoto de Apolo y del santuario de este dios en Delfos. Como Pontífice Máximo realizó una serie de reformas que permitieron realzar la religión tradicional, contribuyendo a la pacificación nacional mediante el culto a los dioses nacionales. Restauró templos y viejas tradiciones casi olvidadas.

Fue divinizado a su muerte pero, aún en vida, se le rindió culto a través de su Genio. Se le consideró intermediario entre el pueblo romano y los dioses. Con su divinización, Roma asumió el concepto oriental del gobernante de origen divino, cuyo culto reflejaba que había una divinidad encarnada por el Emperador y era superior a las demás. Esto chocaba con la fe de los cristianos, quienes solo admitían a Jesús de Nazaret como único Dios verdadero. Por ello se negaron a realizar los ritos impuestos por algunos emperadores. Esto conllevó persecuciones por parte del Estado Romano.

Con el cristianismo, sin embargo, aparecieron algunos fenómenos en cierto modo análogos como, por ejemplo, la estrecha relación entre emperador e Iglesia a partir de Constantino, la cual tuvo continuidad incluso con la caída del Imperio Romano. En Hispania tenemos el ejemplo visigodo, primero con la conversión de Recaredo, que conllevó la conversión de todo el pueblo visigodo, hasta entonces arriano, al catolicismo. En Oriente, al mismo tiempo, surgía el cesaropapismo, con el cual el Basileus se servía de la Iglesia para, mediante la santificación de sus actos, llamar a la obediencia de su mando pues este se encontraba bajo la “voluntad” de Dios. Se creía que los reyes tenían un origen divino, por ello tenían poder absoluto sobre la religión y el gobierno político a la vez. En el Imperio Bizantino, a partir del siglo IX, el Basileus era considerado como rey y sacerdote.

En Occidente, durante la Edad Media y la Edad Moderna apareció el absolutismo real, doctrina que justificaba la autoridad y legitimidad de un monarca, cuyo derecho a gobernar no provenía de la voluntad de sus súbditos o algún estamento o autoridad temporal, sino de Dios. Según esta doctrina, deponer al del rey o restringir su poder eran actos contrarios a la voluntad divina. Se basaban en la epístola de San Pablo que decía así: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”. Similar a Octavio Augusto, pero con una diferencia clave: mientras este y sus sucesores eran considerados dioses, los monarcas medievales y modernos eran vistos como la autoridad puesta por Dios en la tierra, siendo sus actos voluntad de este, aunque carecieran de naturaleza divina. Se consideró que los monarcas eran ungidos por Dios, tradición proveniente de otras culturas como la hebrea. Sólo el Papa tenía poder para deponer a un monarca, al ser vicario de Cristo. Los súbditos tenían prohibido juzgar al Rey pues entonces cualquier autoridad podría ser puesta en tela de juicio y, con ello, toda ley. Es posible que la divinización de los emperadores se llevase a cabo para que no pudieran ser cuestionados, como había ocurrido con las autoridades de la República.

Luis XIV asumió como propio el título de Rey-Sol, quizá basándose en la relación que había entre el emperador romano y el Sol Invictus. Se le considera el máximo representante del absolutismo real, él mismo decía que “el Estado soy yo”. Existen características comunes entre él y Octavio Augusto: Asumen el poder tras un periodo de crisis. Ordenaron construir edificios para resaltar su dominio sobre sus súbditos. El monarca francés redujo el poder de la aristocracia y limitó la capacidad de los Parlamentos para discutir acerca de las atribuciones reales (Augusto hizo algo parecido con el Senado). Aunque el Rey Sol no fue sacerdote, intervino en el nombramiento de cargos eclesiásticos y con su defensa del galicanismo restringió la dependencia que la Iglesia francesa tenía con el Papado. También defendió la fe católica frente a los protestantes, lo cual tiene cierta analogía en la defensa de la religión tradicional romana realizada siglos antes por el Princeps romano.

En la actualidad Octavio Augusto sigue ejerciendo gran influencia. Tras la II Guerra Mundial se desarrolló la idea de crear unos Estados Unidos de Europa. Esta era una idea latente desde la caída del Imperio Romano, pues ya Justiniano, Carlomagno, Carlos I de España o Napoleón Bonaparte soñaron con una Europa Unida, cada uno con sus matices. También Víctor Hugo, en un Congreso Internacional de la Paz tenido lugar en 1849 en París, defendió estos Estados Unidos de Europa. Al finalizar la II Guerra Mundial Europa se encontraba fuertemente dividida, igual que había sucedido en Roma cuando asume el poder Octavio Augusto. Por ello se decidió crear un Mercado Común, antecesor de la actual Unión Europea. Esto ha permitido que Europa sea un continente en paz desde los años cincuenta, con la excepción de lo ocurrido en la Antigua Yugoslavia. En época de Augusto se habló de Pax Romana, quizá con la Unión Europea se pueda hablar de una Pax Europea.

Octavio Augusto, fue por tanto una personalidad de gran influencia en nuestra historia. Restauró los valores tradicionales romanos, realizó grandes reformas religiosas durante su gobierno, trajo la paz al Imperio Romano y puso, de alguna manera, las bases para nuestra actual sociedad. En este artículo hemos querido centrarnos especialmente en lo concerniente a su política religiosa y el concepto de la divinización del emperador.

Vía| Fernando Lozano: La religión del poder. El Culto Imperial en Atenas en época de Augusto y los emperadores Julio-Claudios. (British Archaeological Reports, Internationals Series 1087), Oxford 2002.

Más Información| Antonio Piñero: “Augusto, el Culmen de la divinización popular de un emperador (203-18)” publicado en la revista digital Tendencias21.

Imagen| Augusto de Prima Porta

En QAH| El ejército romano (III): Máquinas de guerra

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