Salud y Deporte 

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Objetivos cardiosaludables para la vuelta al cole

El verano, esa estación en la que muchos aprovechan merecidamente para descansar, viajar o ponerse al día con numerosas cosas pendientes de todo el año, se caracteriza también por ser una época de excesos y defectos, los primeros referidos a la alimentación en general y los segundos a la escasez de ejercicio físico que realizamos durante el estadio estival.

Sin embargo, casi atropelladamente, todos decidimos volver a nuestra monótona vida y trabajo y aprovechar esta rigidez de horarios para prometernos ponernos en forma, alimentarnos bien, adelgazar, estar más saludables y en fin corregir los pequeños deslices del verano. Por ello, desde QAH queremos unirnos a tan nobles intenciones facilitándolas en la medida de lo posible con unos breves consejos y recomendaciones dirigidos a implementar nuestra salud cardiológica que repercutirá como veremos a continuación en todo nuestro cuerpo (y mente).

Es importante decir que los eventos cardiovasculares, tales como infartos, accidentes cerebrovasculares o ictus, mala perfusión periférica, insuficiencia renal y otros tantos, están directamente relacionados con nuestra salud cardiológica y desgraciadamente se han convertido en una de las principales causas de morbimortalidad (de enfermedad y muerte) en el mundo desarrollado, siendo, por ejemplo, en Estados Unidos la primera causa de muerte entre los 45 y los 65 años, y la tercera del total acumulado en España.

Los factores de riesgo cardiovascular

Los factores de riesgo cardiovascular

Podemos clasificar los factores de riesgo cardiovasculares (FRCV, prácticas modificables que afectan negativamente al corazón y a los vasos sanguíneos en general y que aumentan el riesgo que tener eventos cardiovasculares) en 7 tipos generales:

  1. Tensión arterial: la hipertensión arterial aumenta la presión de la sangre sobre los vasos sanguíneos provocando lesiones en su interior y facilitando la posibilidad de que se produzca acúmulo de colesterol y azúcares, además de ayudando físicamente en los eventos tromboembólicos
  1. Colesterol: es la sustancia fundamental que aparece en la arterioesclerosis, se pega y acumula en las arterias de todo el cuerpo y sobre él se unen células, azúcares y otras sustancias de la coagulación hasta acabar taponando el vaso, lo que provoca un infarto agudo de miocardio si afecta a las arterias coronarias, o un ictus si son las cerebrales, pero también insuficiencia renal o mala perfusión periférica si afecta a las renales o a las de las piernas, e incluso ceguera si es la arteria retinal del ojo.
  1. Diabetes: en principio alta cantidad de glucosa o azúcar en sangre, que termina por provocar una resistencia a la insulina y una intolerancia a la propia glucosa. Además de acumularse en las arterias y provocar eventos similares al colesterol también afecta a las extremidades y al cerebro provocando neuropatía diabética que ocasiona una disfunción de los nervios y puede hacer que se pierda la sensibilidad, en el caso de las piernas aparecen úlceras isquémicas (por falta de riego). La diabetes aumenta casi cuatro veces la posibilidad de sufrir eventos cardiovasculares sobre el riesgo normal.
  1. Tabaco: además de afectar a los bronquios y poder causar cáncer de pulmón, laringe, lengua, vejiga y colon, entre otros, las sustancias que tiene el tabaco lesionan los vasos sanguíneos favoreciendo el acúmulo de colesterol y azúcares, y potencia su efecto. El riesgo es aproximadamente el doble en relación con los no fumadores. También causa que la saturación del oxígeno en la sangre disminuya y que al corazón se acelere (taquicardia).
  1. Estrés: afecta sobre la psique de forma importante y además causa que los vasos sanguíneos estén más rígidos y sean menos dilatables por una descarga del sistema simpático y sus neurotransmisores (adrenalina y noradrenalina fundamentalmente, en la bibliografía anglosajona epinefrina y norepinefrina) lo que simula el efecto vascular de la hipertensión arterial. En Japón se han descrito casos con clínica similar al infarto provocados por eventos estresantes o de profunda tristeza, se denomina síndrome o miocardiopatía de Tako-Tsubo.
  1. Sobrepeso: todo peso que esté por encima del máximo o peso ideal de una persona se considera sobrepeso, los grados hasta llegar a obesidad mórbida dependen ya de la cantidad que se sobrepase y la gravedad del estado es proporcional. Cuando ingerimos más comida de la que necesitamos, ese exceso de energía calórica (calorías) se acumula en forma de grasa en nuestro cuerpo, desmitificando que solo las grasas engordan, los azúcares o procesados industriales engordan tanto o más ya que acaban igualmente depositándose en forma de tejido graso. Este tejido si bien proporcionalmente pesa menos que por ejemplo el músculo, cuando se acumula en grandes cantidades provoca un efecto peso muerto que daña de forma importante las articulaciones por la sobrecarga que soportan. Los pulmones y el corazón se ven igualmente afectados al tener que trabajar con un desborde de masa, ya que están diseñados para funcionar con masas mucho menores (la ideal o ligeramente más). A lo largo del tiempo, este sobrepeso termina por provocar insuficiencia respiratoria y cardiaca, una situación tremendamente grave y potencialmente letal. Si esto fuera poco, la grasa no actúa como un tejido inerte, sino que funciona como una enorme glándula que produce hormonas que a su vez provocan resistencia a la insulina y finalmente diabetes. Naturalmente, a mayor grasa, mayor cantidad de colesterol. El sobrepeso y la hipertensión no están directamente relacionados, aunque casi siempre vienen de la mano teniendo en cuenta que el sobrepeso de produce por una dieta poco cuidada y rica en grasas y azúcares, que también suelen llevar altas cantidades de sal, luego una hipertensión es casi segura. Un sobrepeso de tipo obesidad multiplica las posibilidades entre cuatro y cinco veces.
  1. Sedentarismo: podemos decir que no es un factor directo ya que suele afectar cuando se da generalmente con obesidad u otros factores de riesgo, si bien en solitario actúa negativamente sobre la recuperación tras un evento cardiológico o bien agravándolo, ya que un corazón sano y ejercitado soporta mucho mejor las sobrecargas ocasionadas. Esto se ve frecuentemente en las operaciones, algunos pacientes entrenados y que se mantienen saludables gozan de tiempos postoperatorios menores y mucho más plácidos al alta, generalmente también necesitan menos dosis de analgesia y otros fármacos. En el lado contrario, un corazón sedentario que está acompañado por obesidad y colesterol es muy fácil que se sobrecargue mucho antes y que dé eventos cardíacos.
Ateroesclerosis en coronarias

Ateroesclerosis en coronarias

A estos factores de riesgo podemos añadir un octavo que sería la edad, aunque actualmente se tiene menos en cuenta la edad cronológica en favor de la edad biológica, esto es: un paciente sano y entrenado que no tiene otros factores de riesgo computa como si fuera más joven y a la inversa. Esto se ve frecuentemente en las revisiones de casos clínicos de infartos de miocardio en cardiología, donde el individuo que presentan varios factores de riesgo (generalmente obesidad, diabetes y colesterol) puede tener sobre los 45-50 años, mientras que aquellos más delgados y que tienen tensión y colesterol solo son habitualmente de entre 60-70 años. Debido a ésto, las guías establecen que una edad por encima de los 65 años ya puede aumentar el riesgo para sufrir eventos cardiológicos. Otro factor es de ya haber padecido un evento, el segundo cuenta con más posibilidad de las normales y el tercero es casi obligado.

Teniendo claro los factores que pueden (y deben) ser modificados para reducir la posibilidad de padecer eventos de este tipo entraremos en lo que llamamos prevención primaria, que no es otra cosa que intentar reducir estos factores mediante medidas higiénico-dietéticas o saludables. Se denomina primaria ya que estos cambios ocurren antes de sufrir el primer evento cardiovascular, en otras palabras, tratamos que ese infarto no llegue. Cuando ya ha aparecido un evento entramos en la fase de tratamiento agudo, donde la intención es la recuperación del paciente, generalmente mediante fármacos o intervenciones quirúrgicas menores (verbigracia colocar un stent o “muelle”, o mayores si es un bypass coronario). Posteriormente a finalizar la situación aguda acaece la prevención secundaria que se trata de evitar que el evento “repita”, y se realiza en parte con las medidas primarias y sumadas las farmacológicas.

Si los factores eran 7, las medidas positivas son 5, más sencillo:

  1. Nutrición: una dieta sana y equilibrada reduce el colesterol hasta los límites necesarios para el organismo, mantiene el azúcar en niveles bajos solo para gasto energético del día a día y reduce el sobrepeso acercándonos a niveles de peso cercanos a nuestro óptimo o ideal.
  1. Respiración: dejar de fumar nos permite respirar mejor, fatigarnos menos y evita que se favorezca el depósito de colesterol en las arterias.
  1. Pensamiento positivo: la salud mental y la correcta gestión de los problemas que aparecen en nuestro día a día nos permitirá reforzar actuaciones saludables como dejar de fumar, que resultará más sencillo, mantener una dieta equilibrada y desterrar el estrés la mayor parte del tiempo.
  1. Descanso: encontrar un momento a lo largo del día para dedicarnos a nuestras aficiones, meditar o descansar reduce considerablemente los niveles de estrés y permite al cuerpo recuperarse. Dormir entre 7 y 8 horas diarias favorece esta regeneración natural y previene también la aparición de lesiones y otros eventos patológicos.
  1. Ejercicio: junto a la alimentación es la fuerza de choque de una vida saludable. Caminar 50 minutos diarios a buen ritmo (no pasear) para personas de 60 años en adelante o realizar un ejercicio moderado de unas 4 horas semanales a un ritmo submáximo del 70-80% de las pulsaciones (se calcula como 220 pulsaciones-edad= pulsaciones máximas teóricas, sobre ellas el 70-80%) es muy recomendado para mantenerse en buena forma física. El ejercicio además que ser una importante fuente de positividad y pensamiento constructivo, reduce el peso, disminuye los niveles de glucosa en sangre, ejercita el corazón (que no olvidemos que es un músculo), permite que las arterias sean más flexibles, controla la tensión y mantiene el colesterol a raya. Para calcular la frecuencia a la que debemos ejercitarnos (si no disponemos de pulsómetro o dispositivos similares), podemos simplemente correr o caminar a un nivel en el que no podemos hablar porque nos falta el aliento, si vamos corriendo charlando animosamente con un compañero, estamos entrenando por debajo del nivel exigido.

La pregunta es: ¿cómo saber si cumplo los objetivos?

Sencillo. Consultando la siguiente tabla en la que aparecen algunos resultados frecuentes en analíticas:

TabacoDejar de fumar
AlimentaciónDieta sana según la pirámide de la dieta mediterránea
Actividad físicaUn total de 50´ diarios de actividad física moderada, al menos 4 días a la semana
Masa corporal20-25 kg/m2 según el IMC
Perímetro de cinturaVarones: <94cm

Mujeres: <80cm

Presión arterialNo diabéticos: <140/90 mmHg

Diabéticos: <140/85 mmHg

Colesterol LDL<70 mg/dL para personas con varios factores de riesgo<100 mg/dL para personas con dos factores de riesgo<115 mg/dL personas sin factores de riesgo cardiovascular
Triglicéridos<150 mg/dL
Colesterol HDLVarones: >40 mg/dL

Mujeres: >50 mg/dL

GlucosaNo diabéticos:

Hemoglobina glicosilada HbA1c <5,4%

Diabéticos:

Hemoglobina glisosilada

HbA1c <7%

Frecuencia cardíaca<70 latidos por minuto, se consigue con el entrenamiento continuado

 

Si nos comprometemos firmemente a cumplir estos objetivos estaremos invirtiendo en salud y calidad de vida ya que reduciremos nuestros factores de riesgo al mínimo y disminuiremos nuestra edad biológica al óptimo; la fuente de la (casi) eterna juventud está a nuestro alcance, si queremos.

 

Vía|Sección de Cardiología, Servicio de Medicina Interna del Hospital Fundación de Jove, Asturias.

Imagen|FRCV, Coronarias, Corazón

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