Coaching y Desarrollo Personal 


¡O tempora…!

El paso del tiempo

“Si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé”. Con estas palabras se refería San Agustín al ‘tiempo’, término tan abstracto, pero a la vez tan manido, que contiene múltiples dimensiones y que nos permite poner en marcha el reloj de nuestras vidas. No tenemos la menor duda de qué es el tiempo pero, si tuviéramos que definirlo, nos costaría, y entenderlo, aún más. No me refiero al tiempo físico, ese que medimos en horas minutos y segundos. No. Me refiero al tiempo psicológico, al que nos hace crecer; al que alivia el dolor del corazón; al que mitiga la pérdida de seres queridos; al que hace que nuestros sueños se conviertan en realidades; al tiempo que cura aquello que la razón no puede. Ese “Tiempo sin tiempo”, de Mario Benedetti, de colores. Ese tiempo para mirar, para andar, para pensar. Tiempo para aparecer y desaparecer, para aprender y desaprender.

Tiempo que no podemos detener, ni modificar, ni alargar, ni estirar, ni comprar. Tiempo que no se recupera, pero que sí podemos controlar. No en vano, Horacio acuñó el que más tarde se convertiría en tópico literario, Carpe diem, para referirse al presente como el único momento real, aunque fugaz como un instante, que nos permite perdonar el pasado y liberar el futuro. Ese pasado que ya no es nuestro, porque sólo permanece en el recuerdo. Ese futuro incierto, que desconocemos, pero al que estamos dispuesto a entregarnos en cuerpo y alma.

“…Mientras hablamos, el tiempo envidioso huye./ Vive el día de hoy. Atrápalo./ No te fíes del incierto mañana” (Horacio, Odas, 11)

No somos del todo conscientes cuán rápido pasa ese tiempo que carece de retorno, que no nos permite enmendar lo que hicimos mal, ni borrar decisiones equivocadas, ni aprovechar determinadas oportunidades que dejamos atrás ni quitar de la mente algún sentimiento que nos hace sentir culpables y nos atormenta. Ese tiempo nunca más volverá. Y, si así fuera, con casi total seguridad, volveríamos a actuar de manera similar, porque somos el resultado de nuestras experiencias vitales. Aprendemos de lo bueno y de lo malo, de la felicidad y de la infelicidad, de los éxitos y de los fracasos. Nuestras vivencias son las que han ido forjando nuestras vidas y sin ellas, no seríamos lo que somos.

Dice un proverbio árabe que hay cuatro cosas que nunca más vuelven: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada. Perder la vida es inevitable, pero perder el tiempo…. ¡No tiene perdón! El tiempo es el mayor baluarte que poseemos. Invertir en tiempo es invertir en calidad de vida y en felicidad. Como si de nuestro propia empresa se tratara, realicemos un plan realista de nuestra vida, que nos ayude a lograr nuestros objetivos y a cumplir con nuestras responsabilidades; que nos permita cumplir nuestros sueños y nuestras metas, aquellos por los que estamos dispuestos a trabajar el resto de nuestros días. El reloj sigue funcionando. ¡No dejes que se pare! ¡No detengas el curso irrevocable de su camino! ¡Actúa!

Imagen| El paso del tiempo

En QAH| ¿Vivimos el presente?

Vídeo| Youtube: Dead Poets Society-El club de los poetas muertos

 

 

 

 

 

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