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Nueva York (III): La biblioteca pública, donde viven los libros

La tercera entrega de la serie Nueva York que estamos realizando a alimón Elena Jorreto y yo está dedicada a la biblioteca pública.

Edificio Stephen A. Schwarzman © J. Casanueva

Situada en la Quinta Avenida con la calle 42, la biblioteca pública es uno de esos lugares mágicos para los amantes de los libros y el saber. El origen de la institución se remonta a finales del siglo xix, a la generosidad del gobernador Samuel J. Tilden, quien a su muerte en 1848 legó el grueso de su fortuna (unos 2,4 millones de dólares) a la “creación y mantenimiento de una biblioteca pública y sala de lectura en la ciudad de Nueva York”. Se construyó en el lugar en el que hasta ese momento estuviera el depósito que sumistraba agua potable a la ciudad (The Croton Reservoir), y se nombró director a John Shaw Billings, uno de los bibliotecarios más reconocidos de su época. Fue él quien diseñó el majestuoso edificio Stephen A. Schwarzman, caracterizado por los emblemáticos leones que custodian el saber que alberga en su interior. Nota curiosa: entre las acciones que planeó Billings se encontraba la de construir una inmensa sala de lectura bajo la que se esconderían siete pisos de librerías y crear el sistema de entrega más rápido del mundo. La biblioteca recibió el día de su apertura el 24 de mayo de 1911 entre 30.000 y 50.000 visitantes. Uno de los primeros libros que se solicitaron en préstamo fue el estudio sobre Nietzsche y Tolstoi de N. I. Grot. El lector recibió el libro seis minutos después de rellenar la solicitud.

Sala principal de lectura Rose © J. Casanueva

La biblioteca se sustenta en el apoyo económico de empresas, fundaciones y particulares, aparte de los actos benéficos que se organizan anualmente con el fin de recaudar fondos. Lo que más asombra, dejando a un lado el soberbio edificio y el jardín que lo rodea, Bryant Park, es la libertad con que uno puede adentrarse hasta en sus más íntimos recovecos, seas investigador, docente, alumno o turista. Los fondos en su conjunto y los servicios que ofrece están, literalmente, a disposición de todo aquel que la visite de forma gratuita. Ofrece una gran variedad de actividades como charlas, conferencias, debates literarios, programas para docentes, cursos (informática e idiomas) o exposiciones, todo gratuito, aunque las aportaciones económicas, por pequeñas que sean, son bien recibidas. Pese a tener su sede principal en el edificio Stephen A. Schwarzman, forman parte de la estructura de la biblioteca pública otras noventa sedes más entre centros de investigación y bibliotecas de barrio desperdigados por toda la ciudad.

Vía| nwpl

En QAH| Nueva York, la ciudad que nunca duerme (I): Midtown, Nueva York (II): una ciudad de película

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