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Nueva York (II): una ciudad de película

Con esta entrada continuamos con la serie que comenzó Ana Belén Fletes sobre la ciudad que nunca duerme, Nueva York.

Con el 36% de sus habitantes nacidos en el extranjero y la comunidad negra más grande de Norteamérica, Nueva York es una de las ciudades más diversas del mundo. Pero es también el segundo centro de producción cinematográfica de EE.UU., después de Hollywood. La espectacularidad de sus rascacielos y su riqueza cultural convierten a esta metrópolis en la estrella de películas como Manhattan (1979, Woody Allen), que muestran la belleza de su skyline y los entresijos de sus avenidas.

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El sueño americano queda fielmente reflejado en America, America(1963, Elia Kazan). En este oscarizado film se percibe el empeño de un joven griego en llegar al nuevo continente, las penurias que sufre en su camino y cómo finalmente triunfa. A su llegada a EE.UU., el trasatlántico que lo transporta atraca en Ellis Island, donde miles de inmigrantes se amontonan en una sala pendientes de la inspección sanitaria. En la realidad doce millones de personas llegaron a la isla entre 1892 y 1954, y la dispersión posterior por el país dio lugar al movimiento migratorio más grande de la historia.

Los flujos migratorios son, pues, la razón de ser de Nueva York, y se palpan en toda su extensión. A las afueras de la ciudad -al norte de Manhattan y en el único recodo continental de la ciudad- se encuentra el Bronx, su distrito más deprimido. El barrio con más paro de Nueva York es también el más multicultural. En  concreto, el Bronx acoge inmigrantes latinos, es decir, procedentes de países caribeños. Así lo refleja la película Fort Apache the Bronx (1981, Daniel Petrie), que transmite la elevada violencia de un barrio lastrado por las drogas y la prostitución, y cuyo corazón es impenetrable incluso para la policía.

En el ADN de Nueva York está la raza afroamericana, concentrada en el Harlem. Allí llegaron en los años veinte músicos de jazz procedentes de Nueva Orleans. En una época marcada por la crisis económica y la discriminación racial, el Cotton Club acogía las actuaciones de músicos negros de la talla de Duke Ellington, rechazados en los demás locales. Pero los artistas eran los únicos asistentes de color a los espectáculos, pues el resto tenían prohibida la entrada. Esta contradicción aparece muy bien retratada en el filme The Cotton Club (F.F. Coppola, 1984), que recrea la guerra de mafias que los blancos del Harlem declararon a los negros para dominar el barrio.

Stonewall Inn

Pero la heterogeneidad neoyorkina no se limita al color de piel. También incluye otros aspectos identitarios, como la sexualidad. En Greenwich Village habita la comunidad gay más representativa de Nueva York. Allí se encuentra el Stonewall Inn, una taberna que en los años sesenta –cuando la homosexualidad se castigaba con cárcel- se convirtió en el refugio de la comunidad LGTB. En él podían bailar libremente hasta que la policía irrumpía en el local para efectuar redadas.

Ese acoso sembró un descontento que pronto se transformó en ira. Ocurrió la noche del 28 de junio de 1969, cuando los clientes del Stonewall recibieron una inspección rutinaria. Pero esta vez, tras ser expulsados del bar, los homosexuales encerraron dentro a los policías y, a continuación, se fraguó una multitud enardecida, orgullosa de haber conquistado su derecho a la dignidad. Este episodio, excepcionalmente narrado en el documental Stonewall Uprising (Kate Davis, David Heilbroner,2010) fue el origen de la marcha del Orgullo Gay, surgida en 1970 y actualmente celebrada en todo el mundo.

 

Vía| Guía El País-Aguilar de Nueva York

Más información| Imdb

Imagen| Stonewall Inn

En QAH| Nueva York, la ciudad que nunca duerme (I): Midtown, La razón de ser de Hollywood (I) y (II)

Vídeo| YouTube

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