Reflexiones 


Nuestra manera de vivir

Nuestra manera de vivir

Nuestra manera de vivir

A lo largo de toda nuestra existencia nos enseñan a tomar partido del mundo que nos toca vivir. Quizá sea debido a un acto reflejo paterno para que, en principio, el vástago note más llano el camino aciago que puede tocarle sufrir. Porque, si uno hace el original ejercicio de parar por un segundo y reflexionar sobre todo lo que nos rodea, percibirá un aire atávico que nos clasifica en función de edad, lugar de nacimiento, aficiones, estudios, vestimenta, y así un largo etcétera de atributos accesorios que no hacen más que marcarnos unas aristas ya proyectadas por nuestros padres.

Cuando te das cuenta, después de no pocos años haciendo hincapié en esta manera de clasificarte en función de las vicisitudes diarias caes en la idea del extremo parecido que tienes con tu compañero de trabajo, de clase o, incluso, con tu vecino.  Acto seguido, haces retrospectiva de lo que creías había sido ese camino de gloria que anunciaban tus padres del que ibas a participar y no encuentras más que directrices marcadas por no sabes qué autoridad moral para hacer esto o aquello, comprar eso en vez de lo otro, vivir aquí en vez de allí,…Toda la espontaneidad que te hacía ser como eras hace tiempo que la aparcaste, a saber dónde, porque creías que el punto de vista que tenías de las cosas no era el correcto, por lo que había que modificarlo o adaptarlo al consenso enlatado que imperaba a tu alrededor.

Hay ocasiones en las que menos es más, y en esta ocasión solo hacen falta poco más de tres párrafos para expresar la idea que no sé si será de las más útiles en este mundo, pero sí digna de reflexión: lo esencial en esta vida es que ninguna circunstancia le quite al individuo el protagonismo que tiene de su propia existencia mientras siga en este mundo. Independientemente de si profesa una religión u otra, una corriente filosófica o ninguna, es vital no perder la individualidad con la que cada cual percibe el mundo que le rodea. Porque  es así que no habrá lugar a lamentos ni antesala de llantos. El corsé de los prejuicios no es más que miedo a la diferencia, y esa diferencia es la que nos enriquece como sociedad organizada y con afán de seguir adelante.

Los trazos gruesos de estas líneas, como si de una conversación de barra de bar se tratase, no son casualidad. Están escritos de modo que cada cual pueda aplicárselo, porque a buen seguro que más de uno se sentirá identificado con esa manera tan autómata de pasar por la vida, sin dejar que la vida pase por él. Sólo hay que tener en mente el curso improrrogable de la vida con o sin nosotros, está en nuestra mano tomar parte de ella o no. Como dijo Tolstoi, la única intención de la vida es servir al género humano. Tomemos esta frase como propia e intentemos apreciar nuestras diferencias, porque no os confundáis, las mayorías sólo sirven en las urnas, y no siempre. Prohibido adocenarse.

Imagen| Nuestra manera de vivir

En QAH| 100 razones por las que vivir

 

 

 

 

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