Jurídico 


Noticias engañosas y desproporcionalidad penal

Es muy habitual escuchar la crítica de que el derecho penal está pensado para el robagallinas. No en vano, el Presidente del Consejo General del Poder Judicial se pronunciaba en este mismo sentido argumentando que la ley está pensada para el roba gallinas pero no para el gran defraudador ni para los grandes casos de corrupción. Quizás por ello, ciertas condenas escarnecen la opinión pública, sobre todo cunado comprobamos como otro tipo de delitos apenas consiguen probarse y casi nunca se condenan.

Hace poco conocíamos que un joven granadino había sido condenado a cinco años de prisión por haber pagado con una tarjeta falsa la cantidad de ochenta euros, debe ingresar en un centro penitenciario después de seis años de los hechos. Sin embargo, las penas solicitas por la Fiscalía en casos de corrupción son similares; a modo de ejemplo, la pena solicitada para Oriol Puyol en el caso de las ITV es de cinco años y dos meses.

Sin duda, a primera vista, parecen condenas desproporcionadas, desde un punto de vista de la reprochabilidad penal. Sin embargo, un hecho penal que objetivamente aislado puede considerarse como menor, puede adquirir una relevancia significativa cuando ampliamos el foco. En realidad, según la sentencia, nuestro joven granadino pertenecía a una banda criminal. Su forma de actuar era la siguiente:

  • En primer lugar se obtienen los datos de la tarjeta, bien a través de un cajero manipulado o bien a través de un terminal lector de tarjetas bancarias fraudulento, de esos que se usan en los comercios para el pago con tarjeta.
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  • En segundo lugar, la red capta a personas que estén dispuestas a comprar bienes y servicios con las tarjetas falsificadas. Estos cómplices aportan sus datos personales, de tal manera que su nombre y apellidos pueda ser serigrafiado en una tarjeta manipulada para parecerse a una de débito o de crédito.
  • En tercer lugar, los bienes obtenidos se revenden, y allí es dónde la organización obtiene su lucro.

Pues bien, según la sentencia, el joven granadino, como parte de esta organización, se fue a una gran superficie comercial, con otros dos cómplices, y empezaron a comprar distintos productos. Cuando en un segundo momento intentó comprar una Playstation, la policía se percató y trato de detenerlo. El joven, escapó en un Golf dejando tirado a uno de sus compinches, dicho sea de paso. En consecuencia, la Audiencia Nacional le condenó a un año de prisión por estafa, y a cuatro por un delito de tenencia de tarjetas falsificadas destinadas al tráfico, tipificado en el artículo 399 bis, apartado 2º, Por otro lado, la sentencia de la Sala 2ª del Supremo la que, al desestimar el recurso de la defensa, da la razón al fiscal y recalca que cuando uno da sus propios datos para que le hagan una tarjeta de crédito falsa a su nombre, no se limita a la posesión, sino que está participando en la falsificación.

Como pueden ver, muchas veces una noticia o un titular puede dar una impresión equivocada. Vayan con cuidado y háganme caso; lean siempre la sentencia.

Vía| sentencia

Imagen| Woman reading

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