Cultura y Sociedad, Educación 


Nos aprendimos el examen, y cambiaron las preguntas

Vivimos sobre-educados y mal educados. La Educación es la segunda industria más potente del mundo (Por detrás de la farmacéutica), factura billones, y no hay persona a la que haya preguntado y que considere que la educación está bien como está.

Nos sentimos perdidos. En la escuela primero, y en el trabajo después. Las aulas siguen llenas, pero pocas mentes se educan ya allí. Para la mayoría, la escuela es lo que pasa mientras te pasas el día en la cafetería, el Facebook y el Whatsapp. El arte de educar, como elemento básico de guía y desarrollo humano, se ha perdido. “Las notas del segundo semestre” es lo que ha quedado.

 

Escuela

Sócrates, Platón, Aristóteles. Seguramente a la mayoría el sistema educativo nos hizo engullir sus nombres, fechas y un conjunto de obras. Lo cierto es que ellos fueron los primeros que lucharon por ese “arte de hacernos preguntas”, que Sócrates predicaba en las plazas públicas de Grecia y por el que fue condenado a muerte. “Sólo sé que no sé nada” y “conócete a ti mismo” fueron su legado. No le hemos hecho ni puñetero caso.

“El objetivo de la educación es la virtud” predicaba Platón, fundador de la Academia de Atenas, lo más parecido a la primera institución de educación en Europa. Me temo que se nos ha traspapelado esto al diseñar los planes de Bolonia. No había tiempo entre las clases, las entregas, los trabajos en grupo y los exámenes para transmitir esto a los alumnos. Sólo unos pocos maestros (Que quedan, y unos cuantos) se preocupan por transmitir estas cuestiones, después de clase o cuando les dejan.

La realidad es que la educación se ha convertido en un termómetro de la escala social, que configura las sociedades en una estructura piramidal, que da acceso a mejores trabajos, más dinero, más prestigio, más contactos, más, más, más… La educación ha dejado de ser un fin para ser un medio. “Me tragaré las clases que hagan falta para aprobar y encontrar un buen trabajo” se repiten los alumnos…entre Red Bull y Red Bull que les ayude a pasar las noches en vela.

Y encima ahora van, y les joden eso.

Ya que teníamos el sistema preparado para generar “empleados obedientes” (¡bien educados!), llega algún gracioso y cambia las preguntas. Se valoraba por encima de todo memorizar y responder la respuesta correcta, y las máquinas lo hacen ya mucho mejor que nosotros. “Tú busca una carrera con salidas” y resulta que cuando acabas te quedan tres: Por mar, por tierra o por aire.

Toda la vida haciendo caso a lo que nos dicen que debemos hacer, y resulta que ahora quien triunfa es quien “sigue su pasión” y “es creativo”. Ya podían haberlo dicho antes…

¿Y ahora qué haremos? Yo confío en que empecemos a hacernos preguntas.

Las preguntas a las que yo dedico mi tiempo hoy en día, tienen un fondo muy sencillo: ¿Cómo podemos educar mejor, generando mejores hombres y mujeres, y más felices con ellos mismos y su entorno? Desde Victor Hugo a Giner de los Ríos han respondido en su época a la misma pregunta. Pero seguimos sin dar en la tecla. Esto es lo que decía la institución libre de Enseñanza, a la que me atrevo a recordar en mi primer post:

«Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro, barrera de hielo que aisla y hace imposible toda intimidad con el discípulo; suprimid el banco, la grada, el anfiteatro, símbolos perdurables de la uniformidad y del tedio. Romped esas enormes masas de alumnos, por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección o a alternar en un interrogatorio de memoria,cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicios y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor a todos esos elementos clásicos por un círculo poco numeroso de escolares activos que piensan, que hablan, que discuten, que se mueven, que están vivos, en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro. Vedlos excitados por su propia espontánea iniciativa, por la conciencia de sí mismos, porque sienten ya que son algo en el mundo y que no es pecado tener individualidad y ser hombres. Hacedlos medir, pesar,descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; discutir, como en Grecia, los problemas fundamentales del ser y destino de las cosas; sondear el dolor en la clínica, la nebulosa en el espacio, la producción en el suelo de la tierra, la belleza y la Historia en el museo; que descifren el jeroglífico, que reduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que descubran, que adivinen formas doquiera… Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía en el trabajo; los discípulos, una familia; el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo, lo que pierde en pompas y en gallardas libreas.>>

Hoy en día tenemos muchas más herramientas, pero también mucho más ruido a nuestro alrededor. Es nuestro deber, nuestro compromiso con la época histórica que nos ha tocado vivir, luchar por tratar de encontrar una mejor respuesta que nuestros predecesores, sin dejar de buscar más preguntas. Estas pasan hoy por Internet, por la tecnología, por la ciencia, por el arte… y las iremos recorriendo juntos. Yo seré tu guía.

Decía Immanuel Kant que ”Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él.”

Quería dedicar este primer artículo al mejor maestro que he tenido en la vida: Mi padre.

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