Patrimonio 


Norman Rockwell y el sueño americano

”Pinto la vida tal y como me gustaría que fuera”

”La visión de la vida que transmito en mis cuadros excluye lo sórdido y lo feo”

(Normal Rockwell)

Libertad de vivir sin penuria (Rockwell, 1943)

El 6 de enero de 1941, el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt pronunció ante el Congreso el célebre discurso de las cuatro libertades, en el que establecía cuatro pilares sobre los que edificar un mundo en paz: la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad de vivir sin penuria y la libertad de vivir sin miedo. Sus palabras tuvieron un efecto balsámico en una nación que se preparaba para la II Guerra Mundial y calaron hondo entre la población estadounidense. Uno de aquellos americanos era Norman Rockwell, reconocido ilustrador del Saturday Evening Post que, inspirado por el discurso presidencial y queriendo contribuir al esfuerzo común del conflicto, pintó la serie más famosa de toda su carrera. Las Cuatro Libertades (1943) ilustraba las ideas de Roosevelt desde el punto de vista de familias americanas obreras y de clase media, ofreciendo una imagen idealizada que estaba muy lejos de reflejar la cruda violencia que acarrearía la guerra.

Domingo de Pascua por la mañana (Rockwell, 1959)

Rockwell no comenzó siendo un artista político. Nacido en 1894 en Nueva York, disfrutó de una infancia idílica que luego plasmaría en sus ilustraciones y pinturas. Pequeños boy scouts, carritos de helados, excursiones y picnics, baños en el lago, Papá Noel, domingos de periódico y café… El imaginario rockwelliano era la viva imagen del sueño americano y encarnaba el prototipo de familia ideal de los años cuarenta y cincuenta.

Normal Rockwell empezó a dibujar siendo un niño y, cuando tenía 14 años, comenzó a estudiar en la Escuela de Arte de Nueva York, trasladándose luego a la Academia Nacional de Diseño y la Liga de Estudiantes de Arte. Sus ilustraciones, que recreaban la realidad desde un punto de vista casi mágico que escapaba de lo banal, enseguida despertaron el interés de publicaciones pertenecientes a MacBride y Nast. Cuando todavía no había cumplido 20 años fue nombrado editor de Boy, revista del movimiento scout.

El fugitivo (Rockwell, 1958)

Conforme el estilo de Rockwell se hacía cada vez más costumbrista, sin abandonar la picardía y el humor que caracteriza sus obras, fue teniendo cada vez más éxito. También es cierto que no fue considerado entonces, de forma injusta, un gran artista, pues la ilustración todavía estaba abriéndose camino en el mundo artístico y era percibida como una ciudadana de segunda frente a grandes disciplinas como la pintura y la escultura. Tampoco eran considerados artistas los dibujantes que trabajaban en publicidad. Rockwell fue contratado para realizar campañas y vender productos tan americanos como la Coca Cola a través del imaginario ideal que había creado y en el que no había cabida para la fealdad. El propio artista afirmaba que él pintaba la vida como debiera ser. 

La vida de Rockwell no fue siempre tan ideal como transmitía a través de sus obras. En 1943, un incendio devastó su estudio y destruyó la mayor parte de su producción. En ese entonces estaba casado con Mary Barstow Rockwell, su segunda esposa, que padecía problemas de alcoholismo y muere en 1959. Aún así, la tristeza y el sufrimiento que padeció Rockwell en esos momentos nunca encuentra reflejo en sus obras, como se ve en sus portadas y dibujos hasta 1964.

Ese año finaliza la fructífera colaboración entre el estadounidense y la famosa publicación Saturday Evening Post, con quien había comenzado a trabajar en 1916. Tras casi medio siglo en el que los americanos desayunaron con una ilustración de Rockwell en la portada del semanario, el artista abandona su periódico de cabecera. Fue entonces cuando decidió incluir cierto aire activista en sus dibujos. Si bien ya había retratado la situación social en tiempos de guerra, lo había hecho desde un enfoque inocente en el que no había ni rastro del conflicto. En los años sesenta, tomó partido abiertamente por la defensa de los derechos civiles y el fin de la segregación entre blancos y negros.

La mudanza (Rockwell, 1967)

Esta decisión es el germen de otra de sus grandes obras, El problema que todos enfrentamos (1964). Rockwell no permaneció ajeno a uno de los grandes debates de la época, personificado en la figura de Ruby Bridges, una niña de Nueva Orleans que fue la primera afroamericana en asistir a una escuela para blancos. Es la primera vez que la violencia aparece, aunque sea de forma indirecta, en una obra de Rockwell. La pared ante la que desfila Ruby reza nigger, un epíteto fuertemente ofensivo que no habría encontrado cabida en el mundo perfecto del artista. 

El problema que todos enfrentamos (Rockwell, 1964)

Toda la obra de Rockwell, desde su recreación de la familia americana hasta sus imágenes en favor de los derechos de los negros, compone el retrato de varias generaciones de estadounidenses y de una sociedad en permanente cambio. En 1977, el presidente Gerald Ford le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad. Un año después, murió en su casa de Stockbridge dejando un lienzo sin acabar en su caballete.

Vía| VV.AA. Rockwell. Treviana, Madrid, 2008
Más información| SOUTTER, Nick y Tessa. El arte de la ilustración. Lisma, Madrid, 2008

Imagen| El memo de los heladosLibertad de vivir sin penuria, Domingo de Pascua por la mañanaEl fugitivoLa mudanza, El problema con el que todos nos enfrentamos

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