Cultura y Sociedad 


Nuestra cultura del “todo gratis”

Pocas veces se analizan las responsabilidades de la ciudadanía para saber, a ciencia cierta, qué acciones se deben emprender para construir una sociedad mejor. Por ello,  en muchas ocasiones, lo anormal se vuelve normal y cada día se hace más visible la  existencia de una sociedad acomodada a un patrón de conducta  más conformista y exigente que no mide sus consecuencias. Un claro ejemplo de esto, es la conocida como cultura del “todo gratis”.

Con la llegada de Internet y la consiguiente revolución en la forma de consumir y compartir información, comunicarnos, formarnos y entretenernos se dio pie a este comportamiento que, con la crisis económica, la rápida digitalización y el gran avance de las nuevas tecnologías ha acabado por establecerse y desarrollarse. Dicho concepto encierra y propone una idílica concepción de la vida en la que hemos llegado a exigir la gratuidad, principalmente, de los contenidos culturales e informativos, como una obligación e, incluso, a raíz de la polémica desatada con la llamada Ley Sinde, a pensar que  la ilegalidad y la piratería deben de ser tolerables.

Internet y la cultura del "todo gratis"

Internet y la cultura del “todo gratis”

Eduardo de Olano Lafita, un importante empresario catalán, en su libro  ¿Alguna vez fuimos ricos?  aborda la cuestión afirmando lo siguiente: “Nuestra sociedad tiene un problema: que todos queremos todo gratis, es decir, como nuestros recursos son limitados y no caen del cielo, queremos que los ponga otro”. Esta es una circunstancia derivada, en parte, de la mala situación económica vivida en los últimos años, por lo que en busca de favorecer a los ciudadanos, el “sistema ha aceptado perder cierta eficiencia, pero si pierde demasiada, es decir, si todo se reduce a quitar dinero a unos para dárselo a otros y sin crear riqueza, el sistema no se sostiene”

Acceso a la información

Acceso a la información

Así, partiendo de esta premisa, el modelo de consumo del “no si no es gratis” que se ha impuesto en Internet no solo tiene consecuencias para el mundo del cine, la prensa o la televisión sino que provoca efectos para la cultura en general. El problema es que ya se ha extendido esa idea errónea de que la cultura, los contenidos y la información deberían ser gratuitos cuando no es así. En realidad, el problema es que ya se ha extendido esa idea errónea de que la cultura, los contenidos y la información deberían ser gratuitos cuando no es así. Lo acertado sería que fueran asequibles para todos. Aquí juegan un papel clave el gobierno y las instituciones públicas, que cuentan con los principales mecanismos por los que promover un acceso justo a la cultura y que no necesariamente implique que esta sea, en su totalidad, gratuita.

De tal forma, los derechos, por ejemplo a la información y más particularmente a la libertad de expresión, o bien, de acceso a la cultura, requieren de un límite para no fomentar injusticias, abusos o desigualdades. Es decir, la libertad de acceso a los contenidos debe de  hacer  valer el derecho de los creadores a vivir o a sobrevivir mejor dicho,  de sus creaciones como una de las metas que hay que perseguir y trabajar.

La cuestión recae en encontrar un sistema equitativo, de forma que sea interesante para la mayoría de los usuarios pagar una cierta cantidad de dinero razonable por los contenidos, los autores sean recompensados adecuadamente y las empresas, a su vez, reciban unos determinados ingresos, acordes con el valor que ofrecen a sus clientes.

Al final, no se puede conseguir gratis lo que fuera de la red  sí que cuesta dinero.

 

Fotografías| fuente propia.

RELACIONADOS