No practicar sexo en el embarazo: una limitación infundada.

La sexualidad responde al menos a tres funciones fundamentales: reproductiva, de relación y lúdica. En el embarazo, obviamente, el aspecto reproductivo ya se ha satisfecho, pero la función relacional continúa, y se complementa compartiendo con la pareja las fantasías sobre el hijo. El aspecto lúdico, en cambio, corre el riesgo de ser reprimido (y el placer como fuente de gratificación es fundamental a lo largo de la vida).

Los estudios de antropología muestran comportamientos discordantes, en ocasiones contradictorios entre sí: algunas tribus primitivas prohíben el sexo en el embarazo por temor a perjudicar el feto; otras, por el contrario, lo fomentan, al considerar el esperma una especie de alimentación para el niño.

Existen varios estudios sobre la evolución de la libido femenina durante el embarazo. Masters y Johnson señalan un aumento del deseo sexual, que relacionan con una mayor vascularización de la pelvis (que determinaría una mayor facilidad para alcanzar el orgasmo). Basini, en cambio, distingue entre varias fases del embarazo: en el primer trimestre se registra una disminución tanto del deseo como de la satisfacción sexual, en el segundo trimestre se produce un aumento de estos parámetros y en el tercer trimestre tiene lugar una nueva disminución del deseo, debida principalmente al volumen del vientre, a la presencia de molestias o pequeños dolores pélvicos y a “prescripciones” médicas (a pesar de que no existe ningún estudio que pruebe la relación entre la actividad sexual y trastornos tales como la rotura precoz de las membranas, el adelanto del parto, etc..)

En el hombre, durante el embarazo de su compañera, comúnmente se registra un generalizado y constante descenso del deseo y, por consiguiente, de la actividad sexual. Esto obedece a varias causas: por temor a perjudicar al niño, por los cambios físicos de la mujer, por la “imagen” que se percibe de ella (vista como madre, y no como mujer/amante), o por sentirse “inútil” en el curso de la gestación. Estos y otros muchos motivos no citados aquí hacen que, con frecuencia, el embarazo actúe como freno o contención sobre la sexualidad masculina.embarazo-pareja

La relación sexual es una forma de comunicación entre los seres humanos tan intensa e irremplazable que debe ser defendida siempre,  no solo en circunstancias favorecedoras, si no sobre todo en las situaciones “desfavorables” (como pueden ser el embarazo, el puerperio y la lactancia). Ante estas situaciones más desfavorables, siempre que sea deseo de la pareja seguir manteniendo relaciones  y se presenten complicaciones por disminución de la libido de uno o de ambos se pueden optar a buscar ayudas externas que puedan desbloquear esta situación, como el uso de juegos eróticos para parejas, que harán alcanzar de nuevo un clima necesario para las relaciones sexuales. Las posibilidades son enormes.

Ante la falta de pruebas científicas de riesgo de daños (un riesgo existente únicamente en casos específicos y poco frecuentes; como por ejemplo, la rotura de la bolsa amniótica), normalmente no existe ningún motivo para establecer limitaciones a la actividad sexual.

Por lo tanto, no hay que hacer caso a las infundadas creencias populares que plantean prohibiciones que no hacen más que alterar la relación de pareja, olvidando que el embarazo no es únicamente un hecho físico, sino también un acontecimiento complejo en el que intervienen varios niveles de personalidad y de la relación de los futuros padres.

* Via| Babycenter

* Más información| Wikipedia, Mundoerotico
* Imagen| Mibebeyyo
* En QAH| Embarazo y ejercicio

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